Lectio Divina Lucas 2, 22-35

📅 29/12/2025

📜 Evangelio del Día

Lucas 2, 22-35

✨ Motivación

Jesús es presentado en el templo y algo nuevo se enciende en la espera de Simeón. En nuestras búsquedas, Dios también se manifiesta con suavidad inesperada. Si sientes cansancio espiritual o anhelo de claridad, este momento de oración puede renovar tu esperanza y recordarte que la salvación ya te abraza silenciosamente.

📖 Introducción

Antes de iniciar, respira lentamente y permite que el aire entre y salga con suavidad, mientras tu cuerpo se relaja en la presencia amorosa de Dios. Siente tus manos descansar y tu mente aquietarse, dejando espacio para un silencio receptivo. Dios ya está aquí, esperándote con ternura. No necesitas prepararte más que abrir tu corazón tal como está. Deja que esta oración despierte en ti un deseo nuevo de encuentro, luz y paz profunda.

📝 Descripción

Un encuentro que abre los ojos del corazón y revela la luz silenciosa que Dios ya ha sembrado en nuestra vida.

💬 Cita Yo Soy

Yo soy la Luz que tus ojos buscan aun sin saberlo. Cuando tu corazón espera, Yo me acerco suave. No temas el silencio ni la noche interior; allí revelo mi consuelo. Déjame sostener tus pasos y mostrarte la salvación que preparo para ti desde siempre.

🙏 Oración Inicial

Padre amado, vengo a tu presencia con deseo sincero de abrir mi corazón. Jesús, Salvador esperado, muéstrame tu luz como lo hiciste con Simeón. Espíritu Santo, mueve mi interior para reconocer las señales de tu amor en lo cotidiano. Hoy necesito claridad, esperanza y la gracia de mirar mi vida con tus ojos. María, Madre fiel, acompáñame en este momento y enséñame a guardar y ponderar todo en el corazón. Que esta oración despierte en mí una espera confiada y un reconocimiento profundo de tu presencia salvadora.

📖 Lectio

Cuando se cumplieron los días de la purificación de María, según la Ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor, como está escrito en la Ley del Señor: Todo varón primogénito será consagrado al Señor y para ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o dos pichones, conforme a lo que se dice en la Ley del Señor. Y he aquí que había en Jerusalén un hombre llamado Simeón; este hombre era justo y piadoso, y esperaba la consolación de Israel; y estaba en él el Espíritu Santo. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de haber visto al Cristo del Señor. Movido por el Espíritu, vino al Templo; y cuando los padres introdujeron al niño Jesús, para cumplir lo que la Ley prescribía sobre él, le tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz; porque han visto mis ojos tu salvación, la que has preparado a la vista de todos los pueblos, luz para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel. Su padre y su madre estaban admirados de lo que se decía de Él. Simeón les bendijo y dijo a María, su madre: Éste está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción, y una espada te atravesará el alma a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones.

🧘 Meditatio

Lucas presenta el encuentro entre el Niño Jesús y Simeón como cumplimiento de la esperanza de Israel. La presentación en el templo manifiesta que Jesús pertenece plenamente a Dios y se inserta en la historia del pueblo. Simeón, movido por el Espíritu Santo, reconoce en el Niño la salvación prometida. Su canto revela la universalidad de la misión de Cristo: luz para los gentiles y gloria de Israel. La profecía dirigida a María anticipa la dimensión dolorosa de la misión redentora, mostrando que la salvación pasa por la oposición y el misterio de la cruz. También tú tienes zonas de espera en tu vida, lugares donde anhelas consuelo, luz o una respuesta que parece tardar. Quizás has vivido momentos en los que sientes que tu esperanza se debilita o que tus ojos no alcanzan a ver la presencia de Dios en lo que te rodea. Este pasaje te invita a reconocerte en Simeón, cuyo corazón se mantuvo abierto durante años porque confiaba en que Dios cumpliría su palabra. La presencia de Jesús no borra tus dificultades, pero sí transforma tu manera de vivirlas, ofreciéndote una luz que te acompaña incluso en las sombras. El Espíritu Santo también actúa en ti, moviéndote hacia lugares donde puedas encontrar y reconocer a Cristo. La salvación tal vez no se manifiesta como esperas, pero llega con la suavidad de un Niño cargado de promesa. Hoy puedes preguntarte qué esperas profundamente y si permites que Dios entre en esa espera. También puedes contemplar a María, que recibe la profecía de la espada. En tus propios dolores, Cristo está presente, sosteniendo silenciosamente tu fe. Deja que esta Palabra despierte en ti un reconocimiento más hondo de la luz que ya está naciendo en tu interior.

🙌 Oratio

Señor Jesús, hoy quiero acercarme a Ti como Simeón, con un corazón que espera y busca tu luz. Tú conoces mis anhelos más profundos y las sombras que a veces oscurecen mi mirada. Gracias por ser salvación ofrecida con ternura, por presentarte a mí en cada día aunque yo no siempre te reconozca. Te entrego mis cansancios y mis dudas; dame la gracia de descubrir tu presencia incluso cuando mi fe se siente frágil. Espíritu Santo, muéveme como moviste a Simeón, para que pueda encontrar a Jesús en los lugares donde actúas discretamente. María, acompáñame en mis dolores y enséñame a mantenerme firme en la esperanza. Señor, abre mis ojos para ver tu salvación y aprender a vivir en tu paz.

🕊️ Contemplatio

Imagina a Simeón tomando al Niño en sus brazos. Observa la suavidad del gesto, la sorpresa de María y José, la luz que envuelve la escena. Siente el peso ligero de Jesús y la paz que irradia su presencia. Deja que esa luz toque tu corazón. Mira los ojos del Niño, que te contemplan con ternura y reconocimiento. Permite que su mirada revele tus deseos profundos y sane tus miedos. Quédate en silencio, sostenido por la misma paz que inundó a Simeón.

🤝 Compromiso

Hoy viviré un gesto que exprese mi deseo de reconocer la luz de Cristo en mi vida: dedicaré unos minutos a agradecer los pequeños signos de esperanza que he recibido. En mi familia, trataré de ofrecer una palabra que ilumine o consuele, siguiendo el espíritu de Simeón que bendijo y animó. En mi comunidad, rezaré por quienes esperan respuestas, salud o consuelo. Por la noche, haré un examen preguntándome: ¿Dónde vi hoy la luz de Jesús? ¿Qué movimiento del Espíritu percibí? ¿Cómo respondí a esa invitación? Presentaré mi día ante Dios con gratitud y nueva confianza.

📢 Peticiones

Para que aprendamos a reconocer la luz de Cristo en nuestras esperas. Por quienes buscan consuelo y fortaleza en tiempos difíciles. Por las familias que viven incertidumbres, para que encuentren paz. Por la Iglesia, llamada a ser luz para las naciones. Por nosotros, para que el Espíritu Santo nos mueva como a Simeón.

🛐 Oración de Consagración

Señor Jesús, gracias por mostrarme hoy tu luz y tu salvación. Padre amado, acoge mi vida y mis esperas, y haz de ellas un lugar de encuentro contigo. Espíritu Santo, ilumina mis pensamientos y mis pasos, para que viva guiado por tu paz. Me consagro al Corazón de María, que guardó todo en su interior y supo reconocer tu obra aun en medio del dolor. Que ella me acompañe siempre hacia Ti. Padre Nuestro… Ave María…

📖 Hermenéutica

El relato de la presentación de Jesús en el templo revela múltiples capas teológicas fundamentales para la comprensión del misterio cristiano. En primer lugar, la escena subraya la plena inserción de Jesús en la historia y en la tradición religiosa de Israel. La purificación y la consagración del primogénito según la Ley manifiestan que Dios no actúa al margen de su pueblo ni de su historia, sino que la asume desde dentro. Esta continuidad entre Antiguo y Nuevo Testamento es central para la fe católica, que ve en Cristo el cumplimiento de las promesas y la plenitud de la revelación divina (CIC 128-130). La figura de Simeón introduce la dimensión profética y espiritual. Su descripción como hombre justo y piadoso, movido por el Espíritu Santo, presenta un modelo de creyente atento a la acción de Dios. Su espera no es pasiva, sino una vigilancia amorosa. El Espíritu Santo aparece mencionado tres veces en este breve pasaje, lo que subraya que el reconocimiento de Jesús no depende de la capacidad humana, sino de una iluminación interior concedida por Dios. El cántico de Simeón, conocido como Nunc dimittis, proclama la universalidad de la salvación: Jesús es luz para los gentiles y gloria para Israel. Esto refleja la identidad misionera de la Iglesia, llamada a llevar esta luz a todas las naciones. La profecía dirigida a María introduce el misterio del sufrimiento redentor. La espada que atravesará su alma anticipa la unión de María con la pasión de su Hijo y revela que la salvación no está exenta de contradicción. Jesús será signo que provocará opciones y divisiones, pues su luz pone al descubierto las intenciones del corazón humano. Este elemento conecta con la teología del discernimiento, según la cual la presencia de Cristo revela tanto la verdad de Dios como la verdad de cada persona. Doctrinalmente, el pasaje ilumina la maternidad espiritual de María (CIC 967-970), la acción del Espíritu Santo en la revelación (CIC 683-686) y la misión universal de Cristo (CIC 528). También muestra la dimensión sacrificial y contemplativa de la vida cristiana: reconocer a Cristo implica apertura al gozo y al dolor, a la luz y a la purificación interior. Para el creyente contemporáneo, este texto invita a vivir la espera con esperanza activa, a reconocer los movimientos del Espíritu en lo cotidiano y a integrar los sufrimientos en la historia de salvación personal. La luz que Jesús trae no elimina las sombras, pero las ilumina desde dentro, revelando el sentido profundo de nuestra vida en el plan amoroso de Dios.