📅 05/01/2026
Mateo 4, 12-17. 23-25
Jesús comienza a predicar y a sanar, mostrando que en la rutina y el cansancio, Él está llamándote a renacer. Si sientes ansiedad o desánimo, este momento de oración es un regreso a la luz, una paz que ordena tu interior y una esperanza que camina contigo.
Antes de abrir el Evangelio, siéntate con la espalda recta y los pies apoyados; respira hondo tres veces, sin prisa. Al inhalar di por dentro: “Aquí estás”; al exhalar: “Me abandono”. Dios está realmente presente y te mira con ternura. No necesitas fingir nada: ven con tu alegría o tu cansancio. Pídele al Espíritu que despierte tus sentidos para escuchar, tu mente para comprender y tu corazón para confiar. Este rato es hogar.
Jesús enciende una luz nueva en Galilea, llama a cambiar de vida y atrae a quienes sufren.
Yo soy el Verbo que me hice carne para abrazar tu humanidad; ven, no temas tu noche: mi luz te guiará y mi amor te sostendrá.
Padre amado, vengo a Ti como hijo que necesita volver a casa. Jesús, Hijo eterno, hoy pasas por mi Galilea y me llamas; me cuesta dejar hábitos viejos y confiar cuando el futuro pesa. Espíritu Santo, sopla en mi interior y hazme dócil, para escuchar tu voz y responder con alegría. Dame la gracia de la conversión del corazón: cambiar de rumbo sin miedo y seguirte con sencillez. Que tu luz toque mis heridas y me regale fortaleza. María, Madre de la confianza, toma mi mano y enséñame a guardar la Palabra y caminar contigo hacia Jesús. Amén.
Al enterarse Jesús de que Juan había sido arrestado, se retiró a Galilea, y dejando el pueblo de Nazaret, se fue a vivir a Cafarnaúm, junto al lago, en territorio de Zabulón y Neftalí, para que así se cumpliera lo que había anunciado el profeta Isaías: Tierra de Zabulón y Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los paganos; el pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz. Sobre los que vivían en tierra de sombras una luz resplandeció. Desde entonces comenzó Jesús a predicar, diciendo: “Conviértanse, porque ya está cerca el Reino de los cielos”. Y andaba por toda Galilea, enseñando en las sinagogas y proclamando la buena nueva del Reino de Dios y curando a la gente de toda enfermedad y dolencia. Su fama se extendió por toda Siria y le llevaban a todos los aquejados por diversas enfermedades y dolencias, a los poseídos, epilépticos y paralíticos, y él los curaba. Lo seguían grandes muchedumbres venidas de Galilea, Decápolis, Jerusalén, Judea y Transjordania.
Mateo presenta el inicio del ministerio público de Jesús tras el arresto de Juan. Jesús se retira a Galilea y cumple la profecía: la luz visita a un pueblo en sombra (Is 8–9). Su anuncio resume el Evangelio: “Conviértanse”, es decir, cambien la mente y el rumbo, porque el Reino se ha acercado. El texto es narrativo y programático: muestra palabra y obra unidas. La curación y el anuncio revelan la cercanía salvadora de Dios. La fama se extiende y el pueblo acude con heridas variadas. Hoy Jesús vuelve a tu Galilea: ese lugar común donde trabajas, cargas responsabilidades y a veces te sientes apagado. Tú no necesitas estar perfecto para acercarte; Él comienza precisamente donde la vida pesa. “Conviértete” no es amenaza: es invitación a respirar distinto, a soltar aquello que te encierra y a elegir la luz. Quizá tu cambio hoy es pequeño: dejar la queja, ordenar tu agenda, pedir perdón, retomar la oración, buscar ayuda, descansar sin culpa. Si eres padre o madre, Jesús quiere entrar en tu modo de hablar en casa; si eres joven, iluminar tus decisiones; si estás cansado por trabajo o enfermedad, sostener tu esperanza; si estás en rutina espiritual, despertarte con suavidad. Él no solo enseña: sana. Lleva tus dolencias del cuerpo, tus tristezas escondidas y tus pensamientos repetitivos. Su Reino ya está cerca: cuando lo dejas reinar en tu interior, cambia tu trato con los demás y tu manera de mirar la vida. Hoy, tu paso es acercarte y permitir que Él te toque con su misericordia.
Señor, reconozco que muchas veces vivo en automático, y mi corazón se enfría sin darme cuenta. A veces me cuesta cambiar porque temo perder control o porque me pesa empezar otra vez. Te agradezco porque no esperas a que yo sea fuerte para llamarme; Tú llegas a mi Galilea, a mi día normal, y ahí me ofreces tu Reino. Te pido que me regales confianza filial: que crea que estás cerca y que tu luz no me humilla, sino que me levanta. Sana mis zonas de oscuridad, mis miedos y mis cansancios. Enséñame a elegir lo que me hace bien por dentro: silencio, verdad, orden, caridad. Te ofrezco mi jornada: mi trabajo, mi familia, mis pendientes y mis límites. Que mis pasos sean respuesta a tu voz, y que mi vida, sin ruido, hable de Ti.
Imagínate caminando por Galilea al amanecer; el aire es fresco y el camino huele a tierra. Ve a Jesús acercarse con paso sereno, y escucha su voz: “El Reino está cerca”. Mira sus ojos, firmes y misericordiosos. Siente cómo tu pecho se afloja, como si soltaras una carga antigua. Deja que su luz visite tus sombras sin lucha. Permanece frente a Él, sin explicarte. En silencio, recibe su paz como un abrazo que te devuelve al Padre. Quédate ahí, respirando, y confía.
Gesto personal: hoy aparta diez minutos para caminar en silencio o sentarte en quietud, repitiendo: “Jesús, confío en Ti”. Actitud familiar: elige una conversación en casa donde escuches sin interrumpir y respondas con mansedumbre. Intención comunitaria: realiza un acto de servicio escondido, apoyando a alguien enfermo, cansado o sobrecargado, sin buscar reconocimiento. Examen nocturno: al cerrar el día pregúntate: ¿qué decisión tomé hoy desde la luz del Reino y cuál tomé desde el miedo?
Por la Iglesia, para que anuncie a Cristo con claridad y humildad, y crezca en confianza ante lo que no comprende. Roguemos al Señor. Por quienes gobiernan las naciones, para que busquen la paz y protejan la dignidad de los más frágiles. Roguemos al Señor. Por los que sufren enfermedad, ansiedad o duelo, para que encuentren consuelo y sostén en el Señor. Roguemos al Señor. Por quienes se escandalizan o se confunden ante la cruz, para que el Espíritu les abra el corazón al misterio del amor. Roguemos al Señor. Por nuestra comunidad, para que aprenda a escuchar a Jesús, guardar su Palabra y servir con generosidad. Roguemos al Señor.
Gracias, Señor, porque hoy vuelves a llamarme y me haces sentir cerca tu Reino. Te doy gracias por tu paciencia y por la luz que pones en mi camino. Confiado, rezo el Padrenuestro, sabiendo que el Padre me recibe como hijo. Hoy me consagro a María con corazón filial: Madre, llévame de tu mano, enséñame a confiar y a responder a Jesús sin miedo. Me refugio en tu ternura para caminar con fidelidad. Y con amor sencillo, rezo el Avemaría, pidiendo vivir bajo tu mirada y en la gracia de Dios. Amén.
Contexto histórico-literario: Este pasaje abre el ministerio público de Jesús en Mateo, dentro del marco de la Galilea del siglo I, marcada por mezcla cultural, tensión política y pobreza. Mateo escribe para una comunidad judeocristiana que reconoce en Jesús el cumplimiento de las promesas. El género es narrativo-teológico: no solo relata hechos, sino que los presenta como inicio programático del Reino. La mención del encarcelamiento de Juan marca un giro: Jesús asume la misión profética y comienza a reunir al pueblo. La referencia a la profecía de Isaías sitúa la acción en una historia de salvación que culmina en Cristo. Exégesis lingüística y simbólica: “Conviértanse” traduce metanoeite: cambio de mente y de rumbo, apertura interior a Dios. “Reino de los cielos” en Mateo evita pronunciar “Dios” con frecuencia; expresa el señorío real de Dios actuando ya en la historia. La “luz” cumple Is 9: Dios visita a quienes están en tinieblas, símbolo de ignorancia, pecado y opresión. Las curaciones manifiestan la compasión divina y anticipan la victoria pascual. La suma “enseñaba, proclamaba, curaba” muestra unidad entre verdad y misericordia. Interpretación patrística y magisterial: San Juan Crisóstomo subraya que Cristo elige comenzar en Galilea para atraer a los sencillos y mostrar que nadie está lejos de su llamada. San Agustín ve en la “luz” a Cristo que ilumina al corazón para creer y amar. El Magisterio recuerda que la oración y la escucha de la Palabra alimentan la vida cristiana y la contemplación (CIC 2708), y que la Revelación es Dios que sale al encuentro para hablar con sus hijos (DV 21). Litúrgicamente, este texto sostiene la misión evangelizadora: anunciar y sanar, palabra y caridad unidas. Aplicación pastoral contemporánea: Hoy el pasaje ilumina la fatiga espiritual, la ansiedad y la sensación de oscuridad social. A los laicos en trabajo y familia les muestra que el Reino se vive en lo ordinario: decisiones de verdad, paciencia y servicio. A los jóvenes les ofrece un rumbo cuando todo parece incierto. A quienes sufren enfermedad o depresión les recuerda que Jesús no solo enseña, también toca y restaura. En tiempos de polarización, propone una conversión que nace de la confianza filial: volver al Padre y dejarse guiar por Cristo, Luz verdadera.