📅 13/01/2026
Marcos 1, 21b-28
Jesús enseña con autoridad que en medio de tu confusión interior, Él está sanando lo que te oprime. Si sientes miedo o cansancio, este momento de oración es refugio que restaura tu confianza y despierta esperanza donde parecía que todo estaba perdido para siempre hoy.
Antes de iniciar esta oración, adopta una postura cómoda con la espalda recta y respira lento y profundo tres veces, dejando que el aire calme tu cuerpo. Dios está aquí contigo, mirándote con ternura y esperando tu corazón. No necesitas demostrar nada ni ocultar nada. Ven tal como estás, con tus pensamientos, tus emociones y tus deseos, y permite que su presencia amorosa toque tus sentidos, tu mente y tu corazón.
Jesús irrumpe en el corazón humano con su palabra viva, despertando asombro, libertad y una paz que sana.
Yo soy el Santo que entra en tus batallas interiores, mírame sin miedo, porque mi voz trae libertad y descanso para tu alma.
Padre amado, Hijo cercano y Espíritu que vivifica, hoy vengo ante ustedes con un corazón necesitado de luz y paz. Reconozco que muchas veces me dejo dominar por temores, pensamientos oscuros y heridas que no sé cómo sanar. Te pido, Jesús, que tu palabra llena de autoridad toque lo más profundo de mi historia y me regale la gracia de confiar en tu poder liberador. Espíritu Santo, abre mis oídos y mi interior para recibirte. María, Madre que siempre lleva a Jesús, acompáñame y preséntame a tu Hijo para que este encuentro transforme mi vida.
En aquel tiempo, se hallaba Jesús en Cafarnaúm y el sábado fue a la sinagoga y se puso a enseñar. Los oyentes quedaron asombrados de sus palabras, pues enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas. Había en la sinagoga un hombre poseído por un espíritu inmundo, que se puso a gritar: “¿Qué quieres tú con nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de Dios”. Jesús le ordenó: “¡Cállate y sal de él!” El espíritu inmundo, sacudiendo al hombre con violencia y dando un alarido, salió de él. Todos quedaron estupefactos y se preguntaban: “¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es ésta? Este hombre tiene autoridad para mandar hasta a los espíritus inmundos y lo obedecen”. Y muy pronto se extendió su fama por toda Galilea.
Jesús aparece en Cafarnaúm dentro de la sinagoga, lugar de enseñanza y oración, mostrando que su misión nace en el corazón religioso del pueblo. Marcos usa un género narrativo de revelación progresiva: primero la palabra, luego la acción. La autoridad de Jesús no proviene de títulos, sino de su comunión con el Padre. El espíritu inmundo simboliza todo lo que oprime al ser humano. La orden breve “cállate y sal” revela el poder creador de Dios, como en Génesis. Este signo anticipa la victoria pascual de Cristo sobre el mal y conecta con la promesa de liberación anunciada por los profetas. Tú también tienes lugares interiores donde necesitas que Jesús entre con su palabra viva. Hay pensamientos que te acusan, recuerdos que te atan y miedos que te paralizan. Este Evangelio te recuerda que Cristo no solo enseña, sino que actúa en tu historia. Cuando tú te sientes atrapado por hábitos, por culpa o por angustia, Él se presenta como el Santo de Dios que no se asusta de tus sombras. En tu trabajo, en tu familia, en tu soledad, Jesús quiere hablar con autoridad a todo lo que te roba la paz. Si eres padre, madre, joven o consagrado, este pasaje te invita a dejar que su voz tenga más peso que tus propias inseguridades. Él no humilla, libera. No acusa, restaura. Hoy puedes permitirle que nombre tus heridas y las sane con su presencia fiel.
¿QUÉ LE DIGO YO? - Mi respuesta sincera al Amigo Señor, reconozco que muchas veces dejo que mis miedos y pensamientos negativos tengan más voz que la tuya en mi vida. A veces me cuesta confiar cuando siento que todo se desordena por dentro. Te agradezco porque tú no te alejas de mis luchas, sino que entras en ellas con tu luz. Te pido que hoy pronuncies tu palabra sobre mis ataduras y me regales libertad interior. Te ofrezco mis preocupaciones, mis relaciones y mis proyectos, para que tú los purifiques. Quédate conmigo cuando me sienta débil y enséñame a escuchar tu voz por encima de todo.
Imagínate dentro de la sinagoga de Cafarnaúm, rodeado de gente expectante. Ve a Jesús hablar con calma y autoridad. Escucha su voz firme y llena de amor. Siente cómo su mirada se posa sobre ti con ternura. Permite que su presencia toque tus heridas. Deja que su amor entre donde más lo necesitas. En silencio, entrégale tus miedos y recibe su paz que sana.
Hoy haré un gesto personal de silencio diario de cinco minutos para escuchar la voz de Jesús. En mi familia procuraré hablar con respeto y paciencia, evitando palabras que hieran. A nivel comunitario buscaré ayudar a alguien que esté pasando por un momento difícil. En la noche me preguntaré: ¿dejé que Jesús hablara en mis reacciones de hoy o actué desde mis miedos?
Oremos para que reconozcamos la autoridad amorosa de Cristo en nuestra vida diaria. Para que quienes viven oprimidos por el miedo encuentren liberación en Jesús. Para que nuestras comunidades escuchen y obedezcan la voz del Señor. Para que la Palabra de Dios transforme los corazones endurecidos.
Gracias, Señor, por hablar a mi vida con tu amor que sana. Rezo el Padrenuestro confiando en tu cuidado. Me consagro a María, Madre que me conduce a Jesús. Rezo el Avemaría para vivir bajo su amparo y fidelidad.
El pasaje de Marcos 1,21b-28 se sitúa al inicio del ministerio público de Jesús. Históricamente, Cafarnaúm era un centro comercial y religioso de Galilea, lo que lo convierte en un lugar estratégico para revelar su identidad. Literariamente pertenece al género narrativo teológico propio de Marcos, que presenta a Jesús como el Hijo de Dios mediante acciones poderosas más que largos discursos (cf. Dei Verbum 12). El autor escribe para una comunidad cristiana perseguida, invitándola a confiar en el poder de Cristo sobre el mal. En la exégesis lingüística, la palabra griega exousía, traducida como autoridad, indica un poder que proviene de Dios mismo. El espíritu inmundo representa las fuerzas que deshumanizan. La orden de Jesús recuerda la palabra creadora de Dios en Gn 1, mostrando que Jesús actúa con poder divino. Los Padres de la Iglesia como San Juan Crisóstomo afirman que Cristo no discute con el mal, lo vence con su palabra. San Agustín ve en este episodio la imagen del alma liberada por la gracia. El Catecismo enseña que Jesús venció al diablo y liberó al hombre (CIC 394, 550). Litúrgicamente, la Iglesia proclama este texto para fortalecer la fe en Cristo liberador. Pastoralmente, este Evangelio ilumina situaciones actuales de ansiedad, adicciones y crisis espirituales. En la vida familiar, Jesús quiere traer orden y paz. En el sufrimiento, recuerda que su palabra sigue teniendo poder. Como enseña el Papa Francisco, el Evangelio es fuerza de liberación para el ser humano (Evangelii Gaudium 1).