Lectio Divina Juan 1, 29-34

📅 18/01/2026

📜 Evangelio del Día

Juan 1, 29-34

✨ Motivación

Jesús señala al Cordero de Dios y nos recuerda que en medio de nuestras búsquedas, heridas y cansancios, Él está actuando silenciosamente. Si sientes confusión interior, miedo al futuro o necesidad de confiar más, este momento de oración es una oportunidad para descansar en Dios, dejarte mirar por Cristo y renovar la esperanza que sostiene el corazón.

📖 Introducción

Antes de comenzar la lectura, busca un lugar tranquilo y adopta una postura cómoda, con la espalda recta y los pies apoyados. Respira profundamente varias veces, inhalando paz y exhalando tensiones. Reconoce con sencillez que Dios está aquí, presente y cercano. No tienes que demostrar nada ni entenderlo todo. Ven tal como estás, con tu historia, tus preguntas y tu fe frágil. Dispón tus sentidos, tu mente y tu corazón para escuchar a Dios que desea encontrarse contigo en su Palabra viva.

📝 Descripción

Jesús se revela como Cordero de Dios, despertando asombro, confianza y deseo de dejarse salvar en lo profundo.

💬 Cita Yo Soy

Yo soy el Amor que se entrega por ti; no temas tu pequeñez, acércate a Mí y deja que te sostenga con misericordia y paz.

🙏 Oración Inicial

Padre bueno, vengo ante Ti con el corazón abierto, sabiendo que necesito tu luz. Jesús, Cordero entregado por amor, me acerco con mis fragilidades y mi deseo de confiar más. Espíritu Santo, ven y enséñame a escuchar con profundidad. Reconozco que muchas veces dudo, me distraigo y me canso en el camino. Hoy te pido la gracia de un encuentro verdadero contigo, que transforme mi mirada y fortalezca mi fe. Tómame de la mano y guíame hacia la verdad que libera. María, Madre confiada y atenta a Dios, acompáñame en esta oración y enséñame a acoger a tu Hijo con sencillez y abandono filial.

📖 Lectio

En aquel tiempo, vio Juan el Bautista a Jesús, que venía hacia él, y exclamó: «Este es el Cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo he dicho: ‹El que viene después de mí, tiene precedencia sobre mí, porque ya existía antes que yo›. Yo no lo conocía, pero he venido a bautizar con agua, para que él sea dado a conocer a Israel». Entonces Juan dio este testimonio: “Vi al Espíritu descender del cielo en forma de paloma y posarse sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: ‹Aquel sobre quien veas que baja y se posa el Espíritu Santo, ése es el que ha de bautizar con el Espíritu Santo›. Pues bien, yo lo vi y doy testimonio de que éste es el Hijo de Dios».

🧘 Meditatio

Este pasaje pertenece al inicio del Evangelio de Juan y presenta el testimonio de Juan Bautista sobre Jesús. No es un relato del bautismo, sino una confesión de fe. El título “Cordero de Dios” remite al sacrificio pascual y al Siervo sufriente de Isaías. El descenso del Espíritu revela la identidad mesiánica y la unción divina. El género es testimonial y teológico. Juan no se coloca en el centro, sino que señala. La misión consiste en reconocer, revelar y dar paso. Jesús aparece como don, no como conquista humana. Hoy este Evangelio te invita a mirar a Jesús no desde la costumbre, sino desde el asombro. Tú también puedes vivir mucho tiempo cerca de lo sagrado y no reconocer quién viene a tu encuentro. Juan enseña que la fe comienza cuando aceptas no controlarlo todo. En tu vida hay esperas, heridas y pecados que pesan; Jesús no los ignora, los carga. Cuando escuchas “Cordero de Dios”, Dios te dice que no estás solo con tu historia. El Espíritu sigue descendiendo sobre quienes se abren con humildad. Tal vez hoy no ves con claridad, pero estás llamado a señalar a Cristo con tu vida sencilla. En tu familia, en tu trabajo, en tus silencios, puedes preparar el camino. No se trata de hacer grandes cosas, sino de permitir que Él sea manifestado. Cuando sueltas la necesidad de protagonismo, Dios actúa. Jesús viene hacia ti como vino hacia Juan, sin imponerse, esperando ser reconocido. La fe madura cuando confías más en su acción que en tus fuerzas. Hoy, tu vida puede ser un espacio donde otros descubran que Dios está presente, sanando, perdonando y dando vida nueva desde dentro.

🙌 Oratio

Señor Jesús, reconozco que muchas veces te tengo cerca y no te veo. A veces me cuesta confiar cuando cargo culpas, miedos y cansancio interior. Te agradezco porque no te alejas de mi fragilidad, sino que la tomas sobre Ti con amor. Te pido que me regales un corazón atento para reconocerte en lo cotidiano. Ayúdame a no buscar protagonismo, sino a señalarte con mi manera de vivir. Te entrego mis luchas, mis relaciones, mis decisiones y mis silencios. Quiero que tu Espíritu repose sobre mi vida y la transforme poco a poco. Dame la gracia de confiar cuando no entiendo, de esperar cuando todo parece lento, de amar cuando me siento vacío. Hoy me ofrezco a Ti tal como soy, con lo que tengo y lo que me falta. Haz de mí un testigo humilde de tu presencia viva en el mundo.

🕊️ Contemplatio

Imagínate a la orilla del Jordán, el aire fresco, el murmullo del agua, la gente en silencio. Ve a Jesús acercarse con paso sereno. Escucha la voz de Juan señalándolo. Mira el rostro de Jesús lleno de mansedumbre. Siente cómo su mirada se posa en ti sin juicio. Percibe la paz que brota de su presencia. Deja que el Espíritu descienda también sobre tu interior. No hagas nada. No digas nada. Permanece ahí. Deja que su amor te envuelva, te sane y te sostenga. En silencio, recibe su confianza y su paz.

🤝 Compromiso

Hoy elige un gesto sencillo y real: dedica unos minutos a mirar tu día en silencio y nombra dónde percibes la presencia de Dios. En tu familia, practica una actitud de escucha paciente, sin interrumpir ni corregir, ofreciendo atención sincera. En lo comunitario, realiza un acto de servicio oculto, sin buscar reconocimiento, especialmente hacia alguien que suele pasar desapercibido. Al terminar la jornada, pregúntate en la noche: ¿en qué momento dejé que Cristo actuara y en cuál volví a querer ocupar su lugar? Que este examen no sea juicio, sino aprendizaje confiado ante Dios que acompaña.

📢 Peticiones

Por la Iglesia, para que señale siempre a Cristo y no a sí misma, y sea fiel testigo del Hijo amado del Padre. Por quienes ejercen autoridad y responsabilidad pública, para que busquen el bien común con humildad y espíritu de servicio. Por quienes cargan culpas, heridas o cansancio interior, para que descubran en Cristo al Cordero que sostiene y libera. Por nuestras comunidades, para que aprendamos a vivir en confianza filial, abiertos a la acción silenciosa del Espíritu.

🛐 Oración de Consagración

Gracias, Señor, por acercarte a mi vida con paciencia y ternura, cargando mis sombras y renovando mi esperanza. Con confianza filial me uno al Padrenuestro, poniendo en tus manos mi historia y mis deseos. Hoy me consagro a María, Madre que supo reconocer al Cordero y confiar plenamente en Dios; enséñame a vivir abandonado como hijo. Bajo tu amparo me coloco, ofreciéndote lo que soy y lo que seré. Rezo el Avemaría como gesto de entrega sencilla, confiando en que, guiado por ti, caminaré hacia Cristo con un corazón dócil y disponible.

📖 Hermenéutica

Este texto se sitúa al inicio del Evangelio de Juan, dentro del llamado “prólogo narrativo”, donde la identidad de Jesús se revela progresivamente. La comunidad joánica vive un contexto de discernimiento y consolidación de la fe, probablemente a finales del siglo I, en diálogo y tensión con el judaísmo. El género es testimonial y confesional: no describe hechos con detalle narrativo, sino que proclama su sentido salvífico. Juan Bautista aparece como testigo, no como protagonista, subrayando una teología del descenso y del don. El título “Cordero de Dios” evoca el sacrificio pascual (Ex 12) y la figura del Siervo sufriente (Is 53), integrando liberación y expiación. El verbo “quitar” indica una acción permanente y eficaz sobre el pecado del mundo. El descenso del Espíritu, expresado con lenguaje simbólico, señala la unción mesiánica y la permanencia de Dios en Jesús. La estructura del texto gira en torno al ver, reconocer y testimoniar, claves de la fe joánica. San Agustín interpreta al Cordero como mansedumbre que vence al mal sin violencia. San Juan Crisóstomo subraya la humildad del Bautista al desaparecer para que Cristo crezca. La Catena Aurea recoge esta lectura como modelo eclesial. El Catecismo afirma que Cristo es el único mediador que quita el pecado del mundo (CIC 608). Dei Verbum recuerda que Dios habla para entablar diálogo con sus hijos (DV 21). Hoy este texto ilumina una Iglesia llamada a señalar, no a sustituir a Cristo. Interpela a creyentes de toda condición: laicos, consagrados, familias y pastores. En contextos de cansancio, rutina o sufrimiento, recuerda que la salvación no nace del esfuerzo humano, sino de la acción gratuita de Dios que se ofrece y permanece.