📅 25/01/2026
Mateo 4, 12-23
Jesús comienza a predicar y llama a sus primeros discípulos, y en medio de tus noches, Él está encendiendo luz. Si sientes miedo al futuro o sequedad en la oración, este momento de oración es invitación a volver, confiar como hijo y caminar con esperanza junto a Él.
Antes de abrir la Palabra, siéntate con calma y afloja la mandíbula y los hombros. Inhala profundo contando cuatro, exhala contando seis, y repítelo cuatro veces. Dios está aquí, presente y atento, sin prisa. No necesitas forzar nada; basta permitirte estar. Ven como vienes hoy: con cansancio, con deseo, con dudas. Pide al Espíritu Santo que despierte tus sentidos, aquiete tu mente y ablande tu corazón para escuchar y confiar.
Jesús enciende luz en Galilea, llama a seguirlo y sana, despertando confianza, propósito y alegría interior.
Yo soy tu Luz en la sombra y tu Paz en el camino; sígueme sin miedo. Si tu corazón tiembla, descansa en mí: yo te sostengo y te conduzco, paso a paso, hacia el Padre.
Padre santo, me acerco a Ti con el corazón abierto y necesitado. Jesús, Hijo amado, Tú me buscas cuando estoy cansado y me invitas a tu luz. Espíritu Santo, ven y conduce mi oración, para que mi interior se ordene y mi fe respire. Reconozco mis resistencias: a veces temo cambiar, me distraigo y me cierro. Concédeme la gracia de escucharte con sencillez, arrepentirme con esperanza y seguirte con confianza filial. María, Madre fiel, llévame de la mano: enséñame a creer, a guardar la Palabra en mi corazón y a responderte hoy con un sí humilde. Qué mi vida sea tuya, en paz, en servicio y en amor. Amén.
Al enterarse Jesús de que Juan había sido arrestado, se retiró a Galilea, y dejando el pueblo de Nazaret, se fue a vivir a Cafarnaúm, junto al lago, en territorio de Zabulón y Neftalí, para que así se cumpliera lo que había anunciado el profeta Isaías: Tierra de Zabulón y Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los paganos. El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz. Sobre los que vivían en tierra de sombras una luz resplandeció. Desde entonces comenzó Jesús a predicar, diciendo: «Conviértanse, porque ya está cerca el Reino de los cielos». [Una vez que Jesús caminaba por la ribera del mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, llamado después Pedro, y Andrés, los cuales estaban echando las redes al mar, porque eran pescadores. Jesús les dijo: «Síganme y los haré pescadores de hombres». Ellos inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Pasando más adelante, vio a otros dos hermanos, Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que estaban con su padre en la barca, remendando las redes, y los llamó también. Ellos, dejando enseguida la barca y a su padre, lo siguieron. Andaba por toda Galilea, enseñando en las sinagogas y proclamando la buena nueva del Reino de Dios y curando a la gente de toda enfermedad y dolencia.
Mateo muestra el inicio del ministerio en Galilea tras el arresto de Juan. Jesús se establece en Cafarnaún, cumpliendo la profecía de Isaías: la luz visita a quienes viven en sombra. El anuncio central es: “Convertíos”, es decir, cambia el corazón porque el Reino está cerca. Luego llama a pescadores; la vocación nace en lo ordinario y pide dejar redes y seguridades. El relato es programático: palabra, llamada y misión. Finalmente, Jesús enseña, proclama y sana: la salvación toca mente, cuerpo y relaciones, y abre esperanza para todos en la comunidad, como signo del amor del Padre que restaura vidas ¿QUÉ ME DICE A MÍ? - Dios me habla personalmente hoy ¿Qué sombra te rodea hoy? Tal vez una preocupación económica, una enfermedad, una culpa antigua o una rutina que apaga tu fe. Jesús no te exige empezar grande; primero enciende luz: se acerca a tu Galilea, esa zona ordinaria donde trabajas, decides y convives. Cuando te dice “Convertíos”, no te humilla; te abre un camino: vuelve a Dios, reordena lo que te dispersa y confía. Después te mira mientras estás en tus “redes”: hábitos, pendientes, pantallas, miedos, resentimientos, excusas. Y te llama por tu nombre para seguirlo. Seguirlo, para ti, puede ser retomar la oración diaria, pedir perdón, buscar un sacramento, hablar con verdad en casa, servir sin ruido, o elegir la paz en vez de la reacción. Si eres padre o madre, Él te llama a guiar con ternura. Si eres joven, a no vivir a medias. Si estás cansado, a dar un paso pequeño. Confía: el Reino está cerca, no lejos. Hoy la luz te toca y te envía a ser luz donde vives. No esperes sentirlo todo; basta responder. Deja una red hoy: una queja, una prisa, una duda. Mira a Jesús caminando contigo. Permítele sanar lo que te duele y ordenar tu corazón con suavidad ahora. Señor Jesús, reconozco que muchas veces camino en sombras y me acostumbro a ellas. A veces me cuesta convertirme porque temo perder seguridades o cambiar hábitos que me sostienen por fuera. Te agradezco porque Tú vienes a mi Galilea, a mi vida real, y enciendes luz sin reproches. Te pido que me concedas confianza filial: que crea que tu Reino está cerca, que tu amor me precede y que tu llamada es para mi bien. Dame valentía para soltar una red hoy: la prisa, la queja, la distracción, el resentimiento o el miedo. Te ofrezco mi trabajo, mi familia y mis decisiones; toma mi corazón y hazlo sencillo. Envíame a anunciar con mi vida que Tú sanas, que Tú restauras, que Tú acompañas. María, Madre, enséñame a seguir a Jesús con paz. Amén. Cuando me falte ánimo, recuérdame tu mirada y tu promesa. Que mi oración no sea solo palabras, sino presencia contigo en silencio cada mañana, Señor.
Señor Jesús, reconozco que muchas veces camino en sombras y me acostumbro a ellas. A veces me cuesta convertirme porque temo perder seguridades o cambiar hábitos que me sostienen por fuera. Te agradezco porque Tú vienes a mi Galilea, a mi vida real, y enciendes luz sin reproches. Te pido que me concedas confianza filial: que crea que tu Reino está cerca, que tu amor me precede y que tu llamada es para mi bien. Dame valentía para soltar una red hoy: la prisa, la queja, la distracción, el resentimiento o el miedo. Te ofrezco mi trabajo, mi familia y mis decisiones; toma mi corazón y hazlo sencillo. Envíame a anunciar con mi vida que Tú sanas, que Tú restauras, que Tú acompañas. María, Madre, enséñame a seguir a Jesús con paz. Amén. Cuando me falte ánimo, recuérdame tu mirada y tu promesa. Que mi oración no sea solo palabras, sino presencia contigo en silencio cada mañana, Señor.
Imagínate caminando junto al lago de Galilea. El aire es fresco y el agua brilla suave. Ve a Jesús acercarse sin prisa; su mirada te busca con ternura. Escucha su voz diciendo: “Sígueme”. Siente cómo esa palabra entra en tu pecho y lo ensancha. Mira tus redes en el suelo: preocupaciones, hábitos, temores. Déjalas caer. Percibe el murmullo de las olas y el latido de tu corazón. Jesús te toma del interior y te conduce hacia la luz. No expliques, no te defiendas. Solo recibe su cercanía. En silencio, confía como hijo y descansa. Él está obrando en ti hoy.
hoy haré diez minutos de oración silenciosa, repitiendo despacio: “Señor Jesús, enciende tu luz en mí”. Actitud familiar: elegiré una conversación en casa para escuchar sin interrumpir y responder con paz, sin ironía ni prisa. Intención comunitaria: realizaré un acto de servicio discreto, ayudando a alguien que atraviesa sombra, y ofreceré por esa persona una decena del rosario. Examen nocturno: ¿qué red solté hoy para seguir a Jesús?, ¿qué sombra dejé que su luz tocara?, ¿a quién llevé esperanza con mis palabras o acciones? Si fallé, no me condenaré: volveré al Señor y reiniciaré desde la confianza filial. Mañana repetiré el paso pequeño, porque el seguimiento se construye en lo diario. Mi meta es permanecer, no impresionar, y dejarme conducir.
1) Por la Iglesia, para que anuncie el Reino con humildad y con obras de misericordia, roguemos al Señor. 2) Por quienes se asombran ante las obras de Dios pero aún no entienden sus caminos, para que reciban luz y paciencia, roguemos al Señor. 3) Por los que viven tribulación, enfermedad o confusión interior, para que Cristo los visite con su sanación y su paz, roguemos al Señor. 4) Por los discípulos de hoy, especialmente los que sirven en catequesis, apostolados y familias, para que sigan a Jesús con fidelidad y vida de oración, roguemos al Señor. 5) Por nuestra comunidad, para que crezca en confianza filial y sea luz para los que caminan en sombra, roguemos al Señor.
Te doy gracias, Señor, porque tu luz me alcanza y tu llamado me sostiene. Hoy me abandono a tu amor y renuevo mi confianza filial. Rezo con fe el Padrenuestro, descansando en la providencia del Padre. María, Madre mía, me consagro a tu corazón humilde y fiel; guárdame en la escucha y llévame siempre a Jesús. Rezo el Avemaría, pidiendo tu intercesión para que mi vida responda al Reino con alegría. Recibe mis pensamientos, mis palabras y mis obras de este día; que todo sea para gloria de la Trinidad y bien de mis hermanos. Amén. Hazme dócil, perseverante y sencillo, como hijo en tus manos.
1. CONTEXTO HISTÓRICO-LITERARIO Mateo 4,12-23 abre el ministerio público de Jesús en Galilea después de la prisión de Juan Bautista. Galilea, bajo dominio romano y con mezcla cultural, aparece como periferia donde la salvación se acerca primero. Mateo compone aquí un relato programático: enlaza profecía, anuncio del Reino y llamado de discípulos, preparando el Sermón del Monte (Mt 5,1-7,29). El texto es narrativo-teológico con cita de cumplimiento, mostrando que la historia de Jesús se entiende a la luz de las Escrituras. Esta sección presenta el estilo de Jesús: proclama, forma discípulos y cura. 2. EXÉGESIS LINGÜÍSTICA Y SIMBÓLICA “Convertíos” traduce metanoeíte: cambio de mente y corazón, no solo remordimiento. “El Reino de los Cielos está cerca” expresa proximidad activa: Dios irrumpe y se ofrece. La cita de Isaías 8,23-9,1 usa el símbolo de la luz: quienes habitaban en tinieblas reciben visita; en clave cristiana, la luz es Cristo (Jn 8,12). El llamado “venid en pos de mí” pide seguimiento estable; “os haré pescadores de hombres” transforma un oficio en misión: reunir para la vida. La triple acción “enseñaba… proclamaba… curaba” integra verdad y misericordia: palabra que ilumina y compasión que restaura. 3. INTERPRETACIÓN PATRÍSTICA Y MAGISTERIAL San Juan Crisóstomo ve en Galilea la pedagogía de Dios: acercarse al corazón sencillo. San Agustín insiste en la primacía de la gracia: la llamada precede y capacita. Santo Tomás de Aquino, en la Catena Aurea, subraya el orden: primero la luz de la predicación, luego la elección de compañeros para la misión. El Magisterio recuerda que la Escritura es encuentro: el Padre sale al encuentro de sus hijos (Dei Verbum 21) y la contemplación nace de esta escucha (CIC 2708). La Pontificia Comisión Bíblica indica que la interpretación se hace en la fe de la Iglesia y en comunión con su liturgia. 4. APLICACIÓN PASTORAL CONTEMPORÁNEA Este pasaje acompaña transiciones: pérdidas, cambios, crisis familiar o sequedad interior. Jesús entra en tu historia real y ahí enciende luz. La conversión diaria es reordenar prioridades y soltar lo que esclaviza. En la familia, es poner a Cristo al centro y aprender a hablar con verdad y ternura. En la juventud, es escuchar la vocación en lo ordinario y no temer decisiones fieles. En el servicio eclesial, es recordar que misión sin oración se vacía: Jesús enseña, anuncia y cura desde comunión con el Padre. Seguir a Cristo es caminar como hijo, para que su luz sane y reúna a otros. Desde la hermenéutica católica, el sentido literal se acoge primero y luego se abre al sentido espiritual en Cristo, sin romper la unidad de la Escritura. Schökel recuerda atender al lenguaje y a la forma del relato; Croatto invita a dejar que el texto interpele al lector hoy. La Pontificia Comisión Bíblica, en La interpretación de la Biblia en la Iglesia, pide evitar lecturas aisladas y leer con el Pueblo de Dios. Así, la llamada y la luz no son idea, sino presencia que reclama respuesta.