📅 07/06/2026
Mateo 9, 9-13
Hay momentos en los que cargas historias que preferirías olvidar. Errores, decisiones equivocadas o etapas que todavía te causan vergüenza cuando las recuerdas. A veces piensas que Dios estará más cerca de otros que parecen mejores o más fieles. Pero hoy Dios tiene algo que decirte sobre eso. El Evangelio de Mateo 9, 9-13 narra el encuentro entre Jesús y un hombre que muchos consideraban indigno. Si te detienes a escucharlo, descubrirás que la mirada de Cristo llega precisamente a los lugares donde más necesitas misericordia. Jesús llama personas, no currículums.
Siéntate con serenidad. Apoya los pies sobre el suelo y descansa las manos sobre tus piernas. Respira lentamente. Toma aire con calma y suéltalo despacio. Permite que tu cuerpo entre también en actitud de oración. Ahora abre tus manos por un instante. Coloca ahí tus preocupaciones, tus pendientes, tus alegrías y tus heridas. Entrégaselas al Padre. Dios ya está contigo. Te conoce mejor que nadie y te espera con amor. Su presencia te acompaña desde antes de que comenzaras esta Lectio. Dile sencillamente: “Señor, aquí estoy. Habla a mi corazón.”
Jesús mira más allá de las apariencias y llama a quienes muchos consideran indignos. Su misericordia abre caminos nuevos para quien se deja encontrar por Él.
"Yo soy la Misericordia que te busca donde estás. No espero que sanes primero para acercarme a ti. Te llamo porque te amo. Ven a Mí con tu pobreza, con tus heridas y con tu historia. En mi mirada encontrarás descanso y en mi amor descubrirás quién eres para el Padre."
Padre amado, gracias por regalarme este momento para estar contigo. Tú conoces mi vida entera, mis alegrías, mis luchas, mis miedos y mis esperanzas. Nada de lo que soy te resulta extraño. Señor Jesús, hoy quiero escuchar tu voz. Muchas veces me distraigo con mis preocupaciones o me quedo atrapado en mis propias limitaciones. Dame la gracia de reconocer tu llamada y de responder con confianza. Espíritu Santo, abre mi mente y mi corazón para que esta Palabra encuentre tierra buena en mí. Que pueda escucharla, acogerla y vivirla. María, Madre buena, acompáñame en esta oración. Enséñame a seguir a Jesús con la sencillez y la confianza de un hijo amado.
En aquel tiempo, Jesús vio a un hombre llamado Mateo, sentado a su mesa de recaudador de impuestos, y le dijo: “Sígueme”. Él se levantó y lo siguió. Después, cuando estaba a la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y pecadores se sentaron también a comer con Jesús y sus discípulos. Viendo esto, los fariseos preguntaron a los discípulos: “¿Por qué su Maestro come con publicanos y pecadores?” Jesús los oyó y les dijo: “No son los sanos los que necesitan de médico, sino los enfermos. Vayan, pues, y aprendan lo que significa: Yo quiero misericordia y no sacrificios. Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores”.
¿QUÉ DICE EL TEXTO? Jesús acaba de realizar varios signos de misericordia cuando se encuentra con Mateo, un cobrador de impuestos. Para muchos judíos, los publicanos eran considerados pecadores públicos porque colaboraban con la autoridad romana y frecuentemente eran asociados con abusos económicos. El relato es una narración vocacional. Todo comienza con una mirada y una palabra: “Sígueme”. Mateo responde levantándose inmediatamente. Más adelante, la mesa compartida con publicanos y pecadores revela el sentido de la misión de Jesús. La cita del profeta Oseas, “Misericordia quiero, que no sacrificio”, muestra que Dios busca un corazón abierto antes que prácticas religiosas vacías. ¿QUÉ ME DICE A MÍ? Dios me habla personalmente hoy Tal vez llevas tiempo pensando que algunas partes de tu historia te alejan de Dios. Quizá hay errores que todavía te pesan, decisiones que hubieras querido tomar de otra manera o heridas que siguen abiertas. Hoy Jesús pasa frente a tu mesa, como pasó frente a la de Mateo. No se detiene primero en tus fallas. No comienza señalando tus errores. Lo primero que hace es mirarte. Y cuando te mira, descubre algo valioso que quizá tú mismo has olvidado. Si eres padre o madre, Jesús te recuerda que tu historia sigue siendo lugar de encuentro con Él. Si eres joven y buscas tu camino, te invita a confiar en que tiene una misión para tu vida. Si atraviesas una etapa difícil, quiere que sepas que su misericordia es mayor que cualquier fracaso. Mateo no entendió todo en aquel instante. Solamente se levantó y siguió a Jesús. Hay momentos en que la fe comienza así. Un paso. Una decisión. Un sí pronunciado con sencillez. Hoy Cristo vuelve a decirte: “Sígueme”. La pregunta es si estás dispuesto a levantarte y caminar con Él.
¿QUÉ LE DIGO YO? Mi respuesta sincera al Amigo Señor Jesús, hoy me dejo mirar por Ti. Tú conoces mi historia completa. Conoces los momentos de alegría y también aquellos que me cuesta recordar. Sabes dónde me siento fuerte y dónde me siento frágil. A veces me cuesta creer que puedas llamarme tal como soy. Pienso que primero debería cambiar muchas cosas antes de acercarme a Ti. Sin embargo, hoy descubro que tu llamada llega precisamente en medio de mi realidad. Gracias porque no me defines por mis errores. Gracias porque sigues viendo posibilidades donde yo veo límites. Gracias porque nunca te cansas de buscarme. Señor, dame un corazón disponible para escucharte. Ayúdame a reconocer tu voz entre tantas voces que intentan dirigir mi vida. Te entrego mis preocupaciones, mis proyectos, mi familia, mis heridas y mis sueños. Todo lo pongo en tus manos. Hazme experimentar la alegría de saberme amado por Ti. Que nunca dude de tu misericordia y que aprenda a tratar a los demás con la misma compasión con que Tú me miras.
Imagínate sentado en el despacho de Mateo. El día es cálido. Escuchas el movimiento de la gente que pasa por la calle, algunas conversaciones lejanas y el sonido de las monedas sobre la mesa. De pronto aparece Jesús. Observa cómo se acerca. Mira sus ojos. Hay una profundidad serena en su mirada. No hay juicio. No hay dureza. Solo verdad y misericordia. Ahora siente que esa mirada se dirige hacia ti. Escucha una sola palabra: “Sígueme.” Permanece en silencio.
Señor, hoy quiero responder a tu llamada con sencillez. Te pido la gracia de reconocer tu presencia en las personas y acontecimientos de este día. Ayúdame a escuchar tu voz cuando me invites a cambiar algo, a reconciliarme con alguien o a confiar más en Ti. Buscaré dedicar unos minutos para agradecer los dones que has puesto en mi vida. También procuraré acercarme con amabilidad a alguna persona que normalmente paso por alto. Si aparece un momento de dificultad o desánimo, recordaré que Tú llamaste a Mateo cuando muchos lo consideraban indigno. Recordaré que tu misericordia sigue actuando hoy. Señor, que mis decisiones reflejen la confianza de quien sabe que ha sido llamado por amor.
Por la Iglesia, para que anuncie con alegría la misericordia de Cristo y acerque a muchos al encuentro con el Señor. Por el Papa, los obispos y sacerdotes, para que sean testigos de la compasión de Dios entre su pueblo. Por quienes se sienten alejados de la fe o cargan heridas del pasado, para que descubran la mirada amorosa de Jesús. Por nuestras familias y comunidades, para que aprendamos a recibir y acompañar a cada persona con respeto, paciencia y misericordia.
Señor Jesús, gracias por haber pasado hoy junto a mi vida y por haberme recordado que tu amor es más grande que mis limitaciones. Gracias por tu paciencia, por tu cercanía y por la esperanza que despiertas en mi corazón. Con confianza de hijo recemos la oración que nos enseñaste: Padre Nuestro... María, Madre buena, pongo mi vida bajo tu cuidado. Acompáñame para que pueda seguir a tu Hijo con fidelidad, especialmente en los momentos de duda y debilidad. Enséñame a escuchar su voz y a responder con generosidad. Con amor filial recemos también: Dios te salve María...
Mateo 9,9-13 forma parte de una sección del Evangelio donde Jesús manifiesta la llegada del Reino mediante palabras y gestos de misericordia. El relato aparece después de la curación del paralítico y antes de varias controversias sobre el ayuno. La comunidad de Mateo, formada en gran parte por cristianos provenientes del judaísmo, necesitaba comprender que la salvación ofrecida por Cristo estaba abierta a todos. Cafarnaúm, ciudad situada junto al lago de Galilea y centro de actividad comercial, contaba con puestos de recaudación de impuestos donde trabajaban publicanos como Mateo. El género literario es un relato de vocación acompañado por una controversia, mediante la cual el evangelista revela la identidad y misión de Jesús. Sobresalen varios términos significativos. El verbo griego akolouthei (sígueme) expresa mucho más que caminar detrás de alguien; implica adhesión personal, confianza y cambio de vida. La palabra telónion (puesto de impuestos) identifica el lugar donde Mateo desarrollaba una actividad mal vista por muchos de sus contemporáneos. También aparece éleos (misericordia), tomado de la cita de Oseas 6,6. Esta misericordia describe la fidelidad amorosa de Dios hacia su pueblo. La mesa compartida con publicanos y pecadores constituye un signo del banquete mesiánico anunciado por los profetas. Existe un contraste narrativo entre quienes se consideran justos y quienes reconocen su necesidad de salvación. La escena anticipa la misión universal de la Iglesia y refleja el modo en que Jesús acoge a quienes otros excluyen. San Jerónimo, comentando este pasaje, destaca que Mateo abandona inmediatamente aquello que le proporcionaba seguridad económica para responder a la llamada de Cristo. San Juan Crisóstomo, en sus homilías sobre Mateo, señala que Jesús escoge deliberadamente a un publicano para mostrar que ninguna situación humana queda fuera del alcance de la gracia. El Catecismo enseña que la iniciativa de la conversión procede siempre del amor misericordioso de Dios (CIC 1427-1428). Benedicto XVI, en Verbum Domini 23, recuerda que la Palabra divina posee la capacidad de renovar la existencia de quien la escucha con fe. La liturgia propone frecuentemente este Evangelio para destacar que la santidad comienza con una llamada recibida y acogida, más que con méritos acumulados. Muchos creyentes viven hoy con la sensación de no ser dignos de acercarse a Dios. Personas heridas por fracasos familiares, jóvenes que buscan sentido para su vida, matrimonios que atraviesan dificultades o quienes cargan errores del pasado pueden reconocerse en Mateo. También existe la tentación opuesta: pensar que la práctica religiosa basta por sí misma y olvidar la misericordia. El Papa Francisco recuerda en Evangelii Gaudium 3 que la alegría del Evangelio nace del encuentro personal con Jesucristo. Si hoy escuchas la voz del Señor, este relato te recuerda que Cristo sigue pasando junto a tu mesa cotidiana. Su mirada continúa buscando personas dispuestas a levantarse y caminar con Él.