📅 28/10/2026
San Lucas 6,12-19
Hay decisiones que te cambian la vida: aceptar una responsabilidad, acompañar a alguien que sufre o comenzar de nuevo después de una caída. A veces quieres tener todas las respuestas antes de dar el primer paso. Jesús nos muestra otro camino: pasa la noche en oración y después llama a sus apóstoles. En Lucas 6, 12-19 descubrirás que la misión nace del encuentro con el Padre y se expresa acercándose a quienes necesitan esperanza. Antes de salir a servir, aprende a permanecer con Jesús. Hoy, regálale unos minutos de oración y escucha qué te invita a vivir.
Busca un lugar tranquilo y adopta una postura que te permita permanecer atento. Apoya los pies en el suelo, descansa las manos y respira con serenidad. Deja por unos minutos las tareas pendientes, los mensajes y las preocupaciones que ocupan tu pensamiento. No tienes que resolverlo todo ahora. Recuerda que estás ante Dios, que conoce tu historia y te llama por amor. Dile con sencillez: «Señor, aquí estoy; enséñame a escucharte». Abre el corazón a la Palabra. Lee despacio el Evangelio y vuelve sobre aquello que despierte en ti una pregunta, una inquietud o un deseo de seguir a Jesús.
La Iglesia celebra la fiesta de los santos Simón y Judas, apóstoles, testigos de la llamada y el envío de Jesús. El color rojo recuerda su testimonio y su entrega al Evangelio. Lucas presenta a Jesús en oración antes de elegir a los Doce, y después lo muestra acogiendo a una multitud necesitada de enseñanza y sanación. La celebración invita a renovar nuestra vocación bautismal: permanecer cerca del Señor, vivir en comunidad y llevar su amor a quienes esperan consuelo.
Yo soy quien te llama por tu nombre y conoce tu corazón. No necesitas parecerte a otra persona para seguirme. Conozco tus capacidades, tus dudas y las heridas que todavía te cuesta mostrar. Ven conmigo y aprende a escuchar al Padre antes de decidir tus caminos. Habrá días en que te sientas preparado y otros en que apenas puedas dar un paso; en ambos quiero permanecer a tu lado. Mira a mis apóstoles: eran distintos, tenían límites y necesitaban aprender. También tú puedes crecer en el amor y en el servicio. Cuando te sientas débil, acércate a mí. Mi gracia te sostendrá y mi presencia te recordará que nunca caminas solo. Déjate llamar, permanece cerca y permite que tu vida sea una respuesta de amor.
Padre amado, me acerco a ti en el nombre de Jesús y bajo la guía del Espíritu Santo. Tú conoces las decisiones que me preocupan, las responsabilidades que llevo y las preguntas que todavía no sé responder. A veces actúo con prisa, confío demasiado en mis propias fuerzas o busco la aprobación de los demás antes de escucharte. Enséñame a detenerme contigo, como hizo Jesús antes de llamar a sus apóstoles. Concédeme un corazón dispuesto para reconocer tu voluntad y la generosidad necesaria para responder. Que esta oración no se quede en palabras, sino que ilumine mi trato con mi familia, mis compañeros y las personas que necesitan ayuda. María, Madre de Jesús, acompáñame a escuchar la voz de tu Hijo. Ayúdame a guardar su Palabra y a servir con humildad.
Evangelio según san Lucas 6, 12-19 Por aquellos días, Jesús se retiró al monte a orar y se pasó la noche en oración con Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus dis cípulos, eligió a doce de entre ellos y les dio el nombre de apóstoles. Eran Simón, a quien llamó Pedro, y su hermano Andrés; Santiago y Juan; Felipe y Bartolomé; Mateo y Tomás; Santiago, el hijo de Alfeo, y Simón, llamado el Fanático; Judas, el hijo de Santiago, y Judas Is cariote, que fue el traidor. Al bajar del monte con sus discípulos y sus apóstoles, se detuvo en un llano. Allí se encontraron mucha gente, que había venido tanto de Judea y Jerusalén, como de la costa de Tiro y de Sidón. Habían venido a oírlo y a que los curara de sus enfermedades; y los que eran atormentados por espíritus inmundos quedaban cura dos. Toda la gente procuraba tocarlo, porque salía de Él una fuerza que sanaba a todos. Palabra del Señor.
¿Qué dice el texto? Lucas sitúa la elección de los Doce después de mostrar a Jesús en oración. Antes de tomar esta decisión, el Señor pasa la noche ante el Padre. Al amanecer llama a sus discípulos y escoge a doce, a quienes da el nombre de apóstoles, es decir, enviados. La lista reúne personas diferentes, entre ellas Simón el Fanático y Judas Iscariote. Después, Jesús baja con ellos y encuentra a una multitud que busca escucharle y recibir curación. El relato enlaza oración, elección, comunidad y misión. La autoridad apostólica nace junto a Jesús y se orienta al servicio de los necesitados. ¿Qué me dice a mí? Jesús te enseña que las decisiones importantes necesitan oración. Quizá estás por aceptar una responsabilidad, resolver un conflicto familiar o decidir cómo acompañar a alguien enfermo. Puedes sentir presión por responder pronto, pero el Evangelio te invita a detenerte y buscar al Padre. Orar no significa huir de los problemas; significa llevarlos ante Dios para actuar con mayor libertad y sabiduría. Observa también a los apóstoles. No eran idénticos ni tenían la misma historia. Jesús los reunió y les confió una misión compartida. En tu familia, en la parroquia o en el trabajo, también encuentras personas con temperamentos, opiniones y capacidades diferentes. No necesitas que todos piensen como tú para aprender a caminar juntos. Puedes comenzar escuchando antes de juzgar y ofreciendo tus dones sin buscar reconocimiento. Después de la oración, Jesús baja del monte y se acerca a quienes sufren. Tu encuentro con Dios también está llamado a expresarse en la vida diaria. Tal vez alguien necesita que lo escuches, que acompañes a un enfermo o que cumplas una promesa pendiente. Si estás cansado, recuerda que tú también puedes acercarte a Cristo para recibir consuelo. Pregúntate: ¿qué decisión debo presentar hoy al Señor y a quién me invita a servir? No esperes tener todo resuelto. Da el paso que puedas, con fe, y deja que Jesús enseñe a tu corazón a amar con libertad.
Señor Jesús, reconozco que muchas veces quiero decidir con rapidez y después te pido que bendigas lo que ya elegí. Me cuesta guardar silencio, escuchar con paciencia y aceptar que necesito consejo. También me cuesta trabajar con personas que piensan distinto, especialmente cuando creo tener la razón. Te agradezco porque no llamaste a personas perfectas, sino a discípulos que podían aprender junto a ti. Gracias por la comunidad que me sostiene, por quienes me han ayudado a descubrir mis dones y por las oportunidades de servir que aparecen en mi camino. Te pido que me enseñes a orar antes de actuar, a discernir con humildad y a aceptar mis límites sin desanimarme. Dame un corazón atento a las personas enfermas, solas o cansadas. Que no me quede contemplando mis propias preocupaciones cuando alguien necesite una palabra de aliento o una ayuda posible. Te ofrezco mis decisiones, mi familia, mi trabajo y mi participación en la comunidad cristiana. Haz que mis palabras y mis obras reflejen tu misericordia. Que, después de encontrarte en la oración, sepa acercarme a mis hermanos con respeto y generosidad.
Imagínate en el monte, cerca de Jesús. La noche es fresca y el silencio apenas se interrumpe por el viento. Lo ves orar con recogimiento, sin prisa, ante el Padre. Al amanecer, su rostro transmite serenidad. Después llama a sus discípulos y pronuncia sus nombres. Sientes que también tu nombre puede estar presente en su corazón. Su mirada no te exige perfección; te invita a caminar con Él. Cuando baja hacia la multitud, observas cómo se acerca a quienes sufren. Permanece en silencio, abandona tus temores y recibe la gracia de ser llamado y acompañado.
Hoy reservaré diez minutos para presentar al Señor una decisión o preocupación que llevo conmigo. Apagaré las distracciones, leeré lentamente Lucas 6, 12-19 y pediré luz para actuar con prudencia. Después elegiré una respuesta posible. En mi familia, escucharé a alguien sin interrumpirlo. En el trabajo, colaboraré con una persona con quien suelo tener diferencias. En la parroquia, ofreceré mi ayuda según mis capacidades, sin asumir tareas que no puedo cumplir. También prestaré atención a alguien que esté enfermo, solo o preocupado. Tal vez pueda llamar, visitar, acompañar o simplemente escuchar. Al terminar el día, recordaré si mi oración me ayudó a amar mejor. Si descubro una actitud que debo corregir, la presentaré a Jesús y buscaré una manera de mejorarla. Señor, recibe mi disponibilidad y enséñame a responder con fidelidad a tu llamada.
Jesús pasó la noche en oración antes de elegir a sus apóstoles y después se acercó a quienes necesitaban su palabra y su sanación. Confiemos al Padre nuestras necesidades y las de toda la humanidad, para que aprendamos a escuchar y servir con generosidad. 1. Por el papa, los obispos, los sacerdotes, los diáconos y todos los agentes pastorales, para que oren con fidelidad, disciernan la voluntad de Dios y acompañen a sus comunidades con caridad. Roguemos al Señor. 2. Por nuestras familias, para que crezcan en el diálogo, sepan afrontar sus diferencias y descubran cómo poner sus dones al servicio de los demás. Roguemos al Señor. 3. Por los enfermos, quienes viven un duelo y las personas que se sienten solas, para que encuentren compañía, atención y esperanza en medio de sus dificultades. Roguemos al Señor. 4. Por los pueblos afectados por la violencia, la guerra y la injusticia, para que quienes tienen responsabilidades públicas trabajen por la paz, la reconciliación y la dignidad de todos. Roguemos al Señor. 5. Por quienes buscan su vocación y por todos nosotros, para que aprendamos a escuchar a Jesús en la oración y respondamos con generosidad a su llamada. Roguemos al Señor. Padre de bondad, recibe estas súplicas por Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
Padre bueno, gracias por llamarnos a seguir a Jesús y por reunirnos en una comunidad donde podemos crecer y servir. Te entrego mis decisiones, mis capacidades y mis limitaciones. Enséñame a escuchar tu voluntad y a responder con amor. Unido a la oración de la Iglesia, te digo: Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén. María, Madre de Jesús y madre nuestra, te confío mi vocación, mi familia y mis decisiones. Acompáñame para que aprenda a escuchar a tu Hijo y a servir con humildad. Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Lucas 6, 12-19 presenta la elección de los Doce dentro del ministerio de Jesús en Galilea. El episodio comienza con una escena de oración en el monte y continúa con la llamada de los discípulos, la formación del grupo apostólico y el encuentro con una multitud. La narración vincula la relación de Jesús con el Padre y el servicio que ofrece a las personas. En la tradición bíblica, el monte es un lugar asociado al encuentro con Dios y a momentos decisivos de la historia de la salvación. Lucas subraya que Jesús pasa la noche orando antes de elegir a sus apóstoles. La decisión no aparece como una estrategia humana aislada, sino dentro de su comunión con el Padre. El grupo de doce recuerda a las doce tribus de Israel y expresa la formación de un pueblo reunido en torno a Jesús. La palabra griega proseuchē, relacionada con la oración, aparece en el relato como parte esencial de la preparación de Jesús para una decisión importante. La expresión apostolous, “apóstoles” o enviados, indica que los Doce reciben una responsabilidad que los vincula con la misión de Jesús. No son elegidos para ocupar un lugar de prestigio, sino para acompañarlo y participar en su servicio. Lucas menciona personas de procedencias y temperamentos diferentes, y también incluye a Judas Iscariote, cuya historia terminará marcada por la traición. Esta lista recuerda que la comunidad apostólica no se construye a partir de la uniformidad humana. Su unidad nace de la llamada de Jesús, aunque cada discípulo deba responder personalmente a ella. Al bajar del monte, Jesús se encuentra con una multitud que busca escuchar y sanar. La oración desemboca en una misión dirigida a personas reales y necesitadas. San Ambrosio, en su comentario al Evangelio de Lucas, destaca la importancia de la oración de Cristo y el valor de su ejemplo para la vida de los creyentes. La constitución dogmática Dei Verbum, número 25, exhorta a leer con frecuencia la Escritura acompañando esa lectura con la oración, para que se establezca el diálogo entre Dios y la persona. Esta relación entre escucha y respuesta ilumina la fiesta de los santos Simón y Judas, apóstoles. Su memoria litúrgica invita a agradecer el testimonio de quienes fueron llamados por Jesús y enviados a anunciar el Evangelio. El color rojo expresa la entrega apostólica y, en la tradición de la Iglesia, recuerda el testimonio de los mártires. La escena sigue hablando a quienes deben tomar decisiones familiares, laborales o pastorales. Una madre o un padre puede necesitar oración para acompañar a un hijo en una etapa difícil; un responsable de equipo puede discernir cómo corregir un problema sin humillar a nadie. Quien vive una enfermedad puede encontrar en Jesús compañía y esperanza, mientras que quien se siente aislado puede descubrir la importancia de acercarse a una comunidad. El activismo sin oración corre el riesgo de convertir el servicio en una carga y de olvidar a las personas a quienes pretende ayudar. En Evangelii Gaudium, el papa Francisco invita a una Iglesia misionera que sale al encuentro de los demás. El pasaje propone un itinerario sencillo: escuchar al Padre, aceptar la llamada de Jesús y bajar al encuentro de quienes necesitan ayuda. La oración auténtica dispone el corazón para servir con mayor libertad.