📅 02/01/2006
Juan 1, 19-28
Jesús responde con verdad humilde que en medio de búsquedas, dudas y cansancios interiores, Él está presente y fiel. Si sientes confusión, desgaste espiritual o deseo sincero de sentido, este momento de oración es un espacio de claridad suave, esperanza renovada y encuentro personal con Aquel que ya camina contigo.
Antes de comenzar esta oración, busca una postura cómoda y estable, con la espalda recta y los pies apoyados. Respira lentamente tres veces, dejando que el aire calme tu mente y tu corazón. Dios está aquí, mirándote con amor. No necesitas demostrar nada ni traer palabras especiales. Ven tal como estás, con tus pensamientos, emociones y silencios, dispuesto a dejarte encontrar por Su presencia viva y cercana.
Juan señala a Otro mientras el corazón aprende a esperar, escuchar y reconocer la presencia humilde de Dios en medio.
Yo soy el que está en medio de ustedes y no me reconocen todavía; no temas, mi presencia te sostiene aun cuando no me ves, y mi amor te guía pacientemente.
Padre bueno, fuente de toda luz, vengo ante Ti con el deseo sencillo de encontrarte. Jesús, Palabra viva, necesito aprender a reconocerte cuando te presentas con humildad. Espíritu Santo, abre mis sentidos interiores para escuchar y comprender. Conoces mis búsquedas, mis dudas y mis cansancios. Regálame la gracia de un encuentro sincero contigo hoy. María, Madre atenta y confiada, acompáñame en esta oración, enséñame a guardar la Palabra y a señalar siempre a tu Hijo con mi vida. Amén.
Esta fue la declaración de Juan cuando los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a preguntarle: «¿Tú quién eres?». Él confesó y no negó; confesó: «Yo no soy el Cristo». Y le preguntaron: «¿Qué, pues? ¿Eres tú Elías?». Él dijo: «No lo soy». «¿Eres tú el Profeta?». Respondió: «No». Entonces le dijeron: «¿Quién eres? Para que demos respuesta a los que nos han enviado. ¿Qué dices de ti mismo?». Dijo: «Yo soy la voz del que clama en el desierto: enderezad el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías». Los enviados eran de los fariseos. Le preguntaron y le dijeron: «¿Por qué, pues, bautizas si no eres tú el Cristo ni Elías ni el Profeta?». Juan les respondió: «Yo bautizo con agua; en medio de ustedes está uno a quien no conocen, el que viene detrás de mí, a quien yo no soy digno de desatar la correa de la sandalia». Esto sucedió en Betania, al otro lado del Jordán, donde Juan bautizaba.
El texto pertenece al prólogo narrativo del Evangelio de Juan y presenta el testimonio del Bautista ante autoridades religiosas. El género es testimonial y revelador. Juan niega títulos mesiánicos para subrayar su misión: preparar. “Voz” indica servicio, no protagonismo. La expresión “en medio de ustedes” revela la presencia escondida del Mesías. El pasaje conecta con Is 40,3 y prepara el reconocimiento de Jesús como revelación del Padre. Este texto te invita a revisar cómo respondes cuando otros te preguntan quién eres y qué buscas. Tal vez, como Juan, estás llamado a dejar de definirte por títulos, logros o expectativas ajenas. En tu vida cotidiana, Dios también actúa de manera discreta, muchas veces sin ruido. En el trabajo, en la familia, en la rutina, Jesús puede estar “en medio” sin ser reconocido. Tú, como joven, adulto, consagrado o padre de familia, eres invitado a señalar con humildad hacia Él. Cuando no sabes qué decir, tu coherencia puede hablar. Cuando sientes que no eres suficiente, recuerda que tu misión no es ser el centro, sino preparar el camino con fidelidad diaria, paciencia y verdad interior.
Señor, hoy me acerco a Ti con preguntas sinceras sobre mi identidad y mi misión. A veces me cuesta aceptar que no soy el centro, que mi valor no está en destacar sino en servir. Te agradezco porque Tú estás presente incluso cuando no te reconozco. Te pido que purifiques mis intenciones y me regales humildad para señalarte con mi vida. Quiero ofrecerte mis palabras, mis silencios y mis gestos cotidianos. Ayúdame a preparar tu camino en mis relaciones, en mis decisiones y en mi manera de amar. Confío en que Tú actúas más allá de lo que veo.
Imagínate junto al Jordán, el aire fresco, el murmullo del agua. Ves a Juan señalando con serenidad. Mira a Jesús de pie, sencillo, cercano. Escucha el silencio lleno de sentido. Siente paz en el corazón. Deja que su mirada te alcance. No hay prisa. Permanece ahí, dejando que su presencia te envuelva suavemente. En silencio, recibe su paz.
Hoy me comprometo a practicar un gesto personal de humildad, escuchando sin interrumpir. En familia, procuraré hablar con verdad y paciencia. A nivel comunitario, ofreceré mi tiempo para servir sin buscar reconocimiento. Al final del día me preguntaré: ¿He sabido señalar a Jesús con mis actitudes y decisiones de hoy?
Para que la Iglesia sea siempre voz humilde que prepare los caminos del Señor. Para que quienes buscan sentido encuentren testigos auténticos del Evangelio. Para que aprendamos a reconocer a Cristo presente en nuestra vida cotidiana. Para que crezcamos en humildad y servicio sincero. Para que el Espíritu nos enseñe a escuchar y acoger la verdad.
racias, Señor, por acompañarme hoy con tu Palabra. Confío mi vida al Padre nuestro, rezando con fe el Padrenuestro. María, Madre cercana, a Ti me consagro con confianza filial. Acompáñame a vivir según el corazón de tu Hijo. Rezo con amor el Avemaría, poniéndome bajo tu cuidado.
El pasaje de Juan 1,19-28 se sitúa al inicio del ministerio público de Jesús y forma parte del prólogo testimonial del cuarto Evangelio. Históricamente, refleja la expectativa mesiánica del judaísmo del siglo I y la presencia de diversos grupos religiosos atentos a posibles figuras salvadoras. El género literario es testimonial-revelatorio, propio de Juan, donde los personajes hablan para revelar la identidad de Jesús progresivamente. El autor, tradicionalmente identificado con el apóstol Juan, escribe para una comunidad que necesita afirmar su fe en Cristo como Hijo de Dios. Lingüísticamente, el término “voz” (phoné) indica mediación, mientras que “en medio de ustedes” subraya la encarnación discreta del Verbo. Simbólicamente, el desierto representa lugar de preparación y escucha. Los Padres de la Iglesia, como San Agustín, destacan la humildad del Bautista que no se apropia de lo que no es. El Catecismo recuerda que Juan es precursor que señala al Cordero (CIC 523). Pastoralmente, el texto ilumina la vida actual marcada por búsquedas de identidad, invitando a reconocer a Cristo presente en lo ordinario, en toda etapa de la vida, tanto en la alegría como en la incertidumbre.