📅 10/11/2025
Lucas 17, 1-6
Jesús nos enseña hoy sobre tres pilares del discipulado: no ser piedra de tropiezo, perdonar sin límites y tener fe verdadera. Si sientes que te cuesta perdonar o que tu fe es pequeña, esta Palabra te revela que con Dios todo es posible, incluso arrancar de raíz lo que parece imposible en tu corazón.
Antes de escuchar a Jesús, toma un momento para aquietarte. Inhala profundamente, sintiendo cómo el aire llena tus pulmones. Exhala despacio, soltando todas las tensiones. Coloca tu mano sobre tu corazón. Siente sus latidos. Dios está más cerca de ti que tu propio aliento. Él conoce tus luchas para perdonar, tus heridas, la pequeñez de tu fe. No te preocupes. Ven tal como eres. Jesús no exige perfección para encontrarse contigo, solo sinceridad. Abre tu corazón, tu mente, todos tus sentidos. Prepárate para recibir palabras que transforman y sanan.
Jesús nos desafía a vivir sin causar daño, perdonar setenta veces siete y confiar plenamente en Dios.
"Yo soy el que sana tus heridas y te enseña a perdonar como Yo te he perdonado. Sé cuánto pesa en tu corazón el resentimiento, cuánto te cuesta olvidar ofensas, cuántas veces sientes que tu fe es demasiado pequeña. Pero te digo: Yo no miro el tamaño de tu fe sino la dirección de tu confianza. Si me entregas ese grano de mostaza que crees no tener, Yo haré con él maravillas. No temas ser instrumento de mi misericordia. Donde tú ves imposibilidad de perdonar, Yo veo oportunidad de manifestar mi poder sanador. Dame tu corazón herido. Yo lo reconstruiré en templo de perdón. Dame tu fe pequeña. Yo la multiplicaré hasta mover montañas. Confía en Mí. Yo soy tu fuerza cuando te sientes débil, tu paz cuando te sientes turbado, tu perdón cuando te sientes incapaz de perdonar."
Padre de infinita misericordia, que perdonas todas mis culpas y sanas todas mis heridas, reconozco que vengo ante Ti cargado de luchas. Me cuesta tanto perdonar a quien me ha ofendido. Siento que mi fe es pequeña, insuficiente para los desafíos que enfrento. A veces he sido yo mismo piedra de tropiezo para otros con mis palabras, mis actitudes, mis silencios. Jesús, Maestro del perdón, que desde la cruz perdonaste a tus verdugos, necesito tu gracia. Enséñame a perdonar como Tú perdonas: setenta veces siete, sin llevar cuentas, sin condiciones. Sana mi memoria herida y libera mi corazón del resentimiento que me encadena. Espíritu Santo, fuego de amor, enciende en mí la fe que mueve montañas. Aunque sea pequeña como un grano de mostaza, Tú puedes hacer con ella milagros. Dame valentía para creer en lo imposible, para confiar cuando no veo el camino. María, Madre del perdón y de la fe, tú que dijiste "hágase" sin entender todo, intercede por mí. Ayúdame a decir sí al perdón, sí a la fe, sí al amor que vence todo. Amén.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas (17, 1-6) Dijo a sus discípulos: «Es imposible que no vengan escándalos; pero, ¡ay de aquel por quien vienen! Más le vale que le pongan al cuello una piedra de molino y sea arrojado al mar, que escandalizar a uno de estos pequeños. Cuidaos de vosotros mismos. Si tu hermano peca, repréndele; y si se arrepiente, perdónale. Y si peca contra ti siete veces al día, y siete veces se vuelve a ti, diciendo: "Me arrepiento", le perdonarás.» Dijeron los apóstoles al Señor: «Auméntanos la fe.» El Señor dijo: «Si tuvierais fe como un grano de mostaza, habríais dicho a este sicómoro: "Arráncate y plántate en el mar", y os habría obedecido.» Palabra del Señor.
Este pasaje forma parte del "viaje a Jerusalén" lucano (Lc 9,51-19,27), donde Jesús instruye intensamente a sus discípulos. "Escándalo" (skándalon) significa literalmente "trampa" o "piedra de tropiezo" que hace caer al otro en el pecado. "Los pequeños" (mikroi) designa a los débiles en la fe, los vulnerables, los sencillos. El número "siete" simboliza totalidad, perfección: perdón ilimitado. La "piedra de molino" (mylos onikos) era enorme, movida por asno, indicando castigo severo. El "grano de mostaza" representa lo más pequeño que produce gran árbol. El "sicómoro" (sykómoros) tiene raíces profundísimas, símbolo de lo humanamente imposible que Dios hace posible mediante la fe ¿Escuchas a Jesús preguntándote: "¿Has sido piedra de tropiezo para alguien?" Reflexiona con sinceridad. Tal vez con tu mal testimonio, tu crítica destructiva, tu falta de caridad, has debilitado la fe de otro. Jesús es severo porque las almas son preciosas. Cada palabra, cada gesto tuyo puede edificar o destruir. ¿Construyes o demolés en los demás la imagen de Dios? Ahora escucha la exigencia más difícil: "Si peca contra ti siete veces al día... perdónale." ¿Cuántas veces llevas cuenta de las ofensas recibidas? ¿Cuántas veces dices "esta es la última"? Jesús te pide perdonar sin límites. No cuando el otro "merezca" perdón, sino cuando se arrepiente, incluso siete veces en un día. Esto humanamente parece imposible. ¿Cómo puedo perdonar tanto? La respuesta está en la fe. Cuando los apóstoles escuchan estas exigencias, exclaman: "¡Auméntanos la fe!" Comprenden que necesitan poder sobrenatural. Y Jesús responde: no necesitas más fe, necesitas fe auténtica. Un granito, minúsculo, pero vivo, basta para lo imposible. Tu problema no es el tamaño de tu fe sino dónde la depositas. Si confías en ti, fracasarás. Si confías en Dios, el sicómoro de tu rencor, arraigado profundamente, se arrancará y será plantado en el mar del olvido. ¿Crees esto?
Señor Jesús, me estremecen tus palabras sobre el escándalo. Reconozco que muchas veces he sido piedra de tropiezo. Con mis incoherencias, mis juicios, mis criticas, he debilitado la fe de otros. He hablado mal de personas, he criticado a la Iglesia, he dado mal ejemplo con mi vida. Si alguien se alejó de Ti por mi culpa, te pido perdón de todo corazón. A veces me cuesta tanto perdonar, Señor. Hay personas que me han herido profundamente. Llevo en mi corazón resentimientos viejos, ofensas que no puedo olvidar. Cuando pienso en perdonar "siete veces al día" me parece imposible. ¿Cómo puedo perdonar a quien me sigue lastimando? ¿Cómo puedo olvidar lo que me hicieron? El rencor tiene raíces muy profundas en mi corazón, como ese sicómoro que mencionas. Te agradezco porque no me condenas por mi debilidad, sino que me ofreces tu fuerza. Te doy gracias porque comprendes mi lucha y me prometes que con un poquito de fe verdadera, incluso lo imposible se vuelve posible. Gracias por no abandonarme en mi pequeñez. Te pido la gracia del perdón. Dame tu corazón para poder perdonar como Tú perdonas. Sana mis heridas para que no siga haciendo daño desde mi dolor. Aumenta mi fe, pero sobre todo purifícala. Que no sea fe en mi capacidad sino fe en tu poder infinito. Te ofrezco cada persona que necesito perdonar. Una por una las pongo en tus manos. Ayúdame a ver en ellas tu rostro. Te ofrezco también cada ocasión en que he escandalizado a otros: perdóname y repara mi daño. Amén.
Imagínate junto a los discípulos, caminando con Jesús por el polvoriento camino hacia Jerusalén. El sol calienta, tus pies están cansados. Jesús se detiene y su mirada penetra en lo más hondo de tu ser. No hay condenación en sus ojos, solo amor que desafía. Escucha su voz firme: "No seas piedra de tropiezo." Siente cómo esas palabras tocan tus propias inconsistencias. Ahora escucha: "Perdona siete veces al día." Nota cómo tu corazón se resiste. Es demasiado. "Señor, auméntame la fe", susurras como los apóstoles. Ve cómo Jesús sonríe con ternura. Se agacha, toma un granito de tierra, minúsculo, casi invisible. "¿Ves esto? Esto basta." Toma tu mano. Pone ese granito en tu palma. Siente su peso casi inexistente. "Si tienes fe así de pequeña, pero verdadera, lo imposible se vuelve posible." Mira a lo lejos: hay un árbol de sicómoro, enorme, de raíces profundísimas. "Ese árbol es tu rencor, tu falta de perdón, tu desánimo." Jesús aprieta suavemente tu mano cerrada sobre el granito. "Con esto que tienes, ese árbol se moverá." Descansa en su promesa. Recibe su paz. Solo cree. Confía.
Esta semana identificaré una persona a quien necesito perdonar. Escribiré su nombre en un papel y cada día oraré específicamente por ella, pidiendo a Dios que la bendiga. Al final de la semana, si es posible y prudente, buscaré reconciliación o al menos escribiré una carta (aunque no la envíe) expresando perdón. ACTITUD FAMILIAR: Crearé en casa una "cultura del perdón inmediato". Cuando surjan conflictos familiares, en lugar de dejar que el resentimiento crezca, pediré y ofreceré perdón ese mismo día. Enseñaré a mis hijos con el ejemplo que perdonar no es debilidad sino fortaleza que viene de Dios. Evitaré ser piedra de tropiezo con quejas, críticas o mal humor. INTENCIÓN COMUNITARIA: Examinaré si mi testimonio como cristiano edifica o escandaliza. Si he hablado mal de alguien, me retractaré. Si he criticado destructivamente, pediré perdón. Buscaré ser instrumento de reconciliación en mi comunidad, acercando a quienes están distanciados. Oraré especialmente por quienes se han alejado de la fe por escándalos. EXAMEN NOCTURNO: Antes de dormir me preguntaré: "¿Hoy fui piedra de tropiezo o puente de encuentro con Dios? ¿Perdoné las ofensas recibidas? ¿Confié en Dios o en mis propias fuerzas? ¿Deposité mi pequeña fe en las manos del Señor?" Dormiré en paz, perdonando y perdonado.
Por la Iglesia: Para que todos los bautizados vivamos como testigos creíbles del Evangelio, evitando ser piedra de tropiezo con nuestras incoherencias; y para que los pastores sean modelos de perdón y misericordia que atraen, no escandalizan. Roguemos al Señor. Por los gobernantes y el mundo: Para que quienes tienen responsabilidades públicas promuevan la cultura del perdón y la reconciliación; y para que en nuestra sociedad dividida y polarizada florezca el espíritu de misericordia que supera el odio y la venganza. Roguemos al Señor. Por los que sufren: Por todos aquellos que cargan el peso del rencor y no pueden perdonar; por las víctimas de abusos y violencias que luchan con el perdón; para que el Señor sane sus heridas y les dé la gracia de liberarse del resentimiento que los encadena. Roguemos al Señor. Por nuestra comunidad: Para que en nuestras familias y parroquias crezca la capacidad de perdonarnos mutuamente, setenta veces siete; y para que nuestra fe pequeña, depositada en Dios grande, haga posible lo que humanamente parece imposible. Roguemos al Señor.
Gracias, Señor Jesús, por tu Palabra exigente pero llena de esperanza. Gracias por no conformarte con mediocridad en mi vida cristiana, sino desafiarme a vivir el Evangelio radical del perdón y la fe. Gracias porque aunque mis fuerzas son pocas, tu poder es infinito. Hoy renuevo mi consagración a Ti. Oremos como Tú nos enseñaste: Padre Nuestro... perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden... Madre María, mujer de fe inmensa que creyó en lo imposible, mujer de perdón que no guardaste rencor ni siquiera a quienes mataron a tu Hijo, ayúdame a vivir como tú viviste. Enséñame a perdonar de corazón, a creer contra toda esperanza, a confiar cuando todo parece imposible. A ti me consagro con toda mi capacidad de amar y perdonar. Dios te salve María...
1. CONTEXTO HISTÓRICO-LITERARIO Este pasaje pertenece a la sección central del evangelio de Lucas conocida como "el gran viaje a Jerusalén" o "relato del camino" (Lc 9,51-19,27), composición teológico-literaria propia de Lucas que estructura gran parte de las enseñanzas de Jesús como catequesis intensiva a los discípulos durante el ascenso a Jerusalén, donde se consumará el misterio pascual. Lucas, escribiendo hacia el 80-85 d.C. para comunidades cristianas helenísticas (probablemente en territorio griego o Asia Menor), ordena este material didáctico para formar discípulos auténticos. El contexto inmediato conecta con el capítulo 15 sobre la misericordia de Dios y el capítulo 16 sobre el uso correcto de las riquezas, formando un tríptico sobre vida comunitaria cristiana. El género literario es discurso parenético (exhortativo), colección de logia o "dichos del Señor" agrupados temáticamente aunque originalmente pudieron ser pronunciados en distintos momentos. Lucas agrupa aquí tres enseñanzas relacionadas: (1) advertencia sobre el escándalo (vv. 1-2), (2) instrucción sobre corrección fraterna y perdón (vv. 3-4), (3) enseñanza sobre la fe (vv. 5-6). El trasfondo judío es fundamental. La gravedad del escándalo se fundamenta en textos como Ex 23,13 sobre no hacer tropezar. La obligación de corrección fraterna proviene de Lv 19,17: "No aborrecerás a tu hermano en tu corazón; reprenderás a tu prójimo para que no cargues con pecado por su causa." El perdón setenta veces siete contrasta con la venganza setenta veces siete de Lamec (Gn 4,24), mostrando la nueva economía del Reino. La comunidad cristiana primitiva enfrentaba tensiones internas: conflictos interpersonales, debilidad de fe frente a persecuciones, escándalos por incoherencias de algunos miembros. Lucas ofrece estos dichos de Jesús como medicina pastoral para comunidades reales que luchan por vivir el Evangelio. 2. EXÉGESIS LINGÜÍSTICA Y SIMBÓLICA El término griego skándala (σκάνδαλα), traducido "escándalos", proviene de skándalon, trampa de caza que hace caer a la presa. En sentido moral-espiritual designa cualquier acción, palabra u omisión que induce al pecado o debilita la fe de otro. No se trata de mera ofensa personal sino de responsabilidad comunitaria por la fe del hermano débil (cf. Rom 14,13; 1 Cor 8,9-13). Los "pequeños" (mikroi, μικροί) no son necesariamente niños sino los "pequeños en la fe", vulnerables, sencillos, recién convertidos, débiles espiritualmente. Jesús muestra especial solicitud por ellos, anticipando Mt 25,40: lo hecho al más pequeño se le hace a Él. La "piedra de molino" (líthos myli kós, λίθος μυλικός) es la gran muela superior de molino movida por asno, pesadísima (contrasta con la pequeña muela manual femenina). El castigo descrito—ser arrojado al mar con ella atada—era desconocido en la práctica judicial judía, indicando hipérbole semítica para expresar que es preferible cualquier muerte a causar la ruina espiritual de un inocente. La expresión "repréndele" (epítimēson, ἐπιτίμησον) es término técnico para corrección fraterna autorizada, no mera crítica casual. Requiere autoridad moral, caridad y prudencia. El Antiguo Testamento prescribe este deber (Lv 19,17), y la literatura rabínica desarrolla protocolos detallados para la reprensión eficaz. El número "siete veces" (heptákis, ἑπτάκις) simboliza totalidad, plenitud en cosmovisión semítica. Perdonar "siete veces al día" significa perdón ilimitado, sin llevar cuentas. Jesús radicalizará esto en Mt 18,22 diciendo "setenta veces siete" (490 veces), hipérbole que indica infinitud. Contrasta dramáticamente con el "ojo por ojo" de la ley del talión. El "grano de mostaza" (kókkos sinápeos, κόκκος σινάπεως) proverbialmente representaba lo más pequeño (semilla de 1-2 mm). Jesús usa imagen paradójica: lo mínimo produce máximo resultado cuando es auténtico. No se trata de cantidad sino calidad: fe viva versus religiosidad muerta. El "sicómoro" (sykómoros, συκόμορος) o higuera de sicomoro, árbol mediterráneo de raíces profundísimas y madera dura, simboliza lo humanamente inmovible. Ordenarle "arrancarte y plántate en el mar" (acción doblemente absurda: el mar es salado, inhóspito para árboles) enfatiza la potencia de la fe auténtica que realiza lo imposible, lo contrario a las leyes naturales. 3. INTERPRETACIÓN PATRÍSTICA Y MAGISTERIAL San Agustín de Hipona en sus Sermones (82,7) comenta sobre el escándalo: "Grande es el crimen de escandalizar a los pequeños. Pero no pequeño es también el de los pequeños que se escandalizan fácilmente... El que escandaliza peca gravemente; pero el que se escandaliza sin causa, también peca." Agustín equilibra responsabilidad: evitar causar escándalo y evitar escandalizarse sin razón suficiente. Sobre el perdón, San Juan Crisóstomo en sus Homilías sobre San Mateo (61,3) enseña: "Si perdonas siete veces, no pienses que has completado la medida del perdón, porque debes perdonar setenta veces siete, es decir, infinitamente. Y no solo de palabra sino de corazón, imitando a Dios que olvida nuestros pecados cuando nos arrepentimos." Santo Tomás de Aquino en la Suma Teológica (II-II, q. 33) trata extensamente la corrección fraterna como acto de caridad. Distingue entre corrección pública (autoridad eclesiástica) y privada (cualquier cristiano). Establece condiciones: certeza del pecado, esperanza razonable de enmienda, caridad sincera (no venganza disfrazada). Cita este pasaje lucano como fundamento escriturístico. Sobre la fe, San Gregorio Magno en sus Homilías sobre los Evangelios enseña: "No dice 'si tuvierais mucha fe' sino 'si tuvierais fe', porque cualquier cantidad de fe verdadera basta para realizar lo imposible. El problema no es la cantidad sino la autenticidad. Una chispa de fuego verdadero puede incendiar un bosque entero." El Catecismo de la Iglesia Católica (CIC 2284-2287) desarrolla la doctrina sobre el escándalo: "El escándalo es la actitud o el comportamiento que induce a otro a hacer el mal... El escándalo adquiere particular gravedad según la autoridad de quienes lo causan o la debilidad de quienes lo padecen... Es gravemente culpable quien, por obra u omisión, conduce deliberadamente a otro a faltar gravemente" (CIC 2284-2285). Sobre el perdón, el Catecismo enseña: "No está en nuestro poder no sentir ya la ofensa y olvidarla; pero el corazón que se ofrece al Espíritu Santo cambia la herida en compasión y purifica la memoria transformando la ofensa en intercesión" (CIC 2843). La Iglesia vincula perdón con Eucaristía: "No es posible participar en la Eucaristía sin entrar en el movimiento del perdón" (CIC 1385). Papa San Juan Pablo II en Dives in Misericordia (DM 14) profundiza el perdón como manifestación de la misericordia divina: "La Iglesia debe considerar como uno de sus deberes principales—en cada etapa de la historia y especialmente en la época contemporánea—el de proclamar y introducir en la vida el misterio de la misericordia, revelado en grado sumo en Jesucristo." Papa Francisco ha hecho del perdón eje central de su pontificado. En Misericordiae Vultus (MV 9) enseña: "Perdonar es una fuerza que resucita a vida nueva e infunde el valor para mirar al futuro con esperanza." Durante el Jubileo de la Misericordia (2015-2016) insistió: "La misericordia no es una idea abstracta, es el rostro concreto de Jesús" (homilía 11 de abril de 2016). 4. APLICACIÓN PASTORAL CONTEMPORÁNEA En la cultura contemporánea marcada por cancelación, redes sociales despiadadas y memoria digital implacable, este evangelio desafía radicalmente. Vivimos en sociedad que no perdona, que archiva perpetuamente errores ajenos, que destruye reputaciones con un click. La enseñanza de Jesús sobre perdón setenta veces siete contradice frontalmente esta mentalidad vengativa. Para víctimas de abusos (sexuales, psicológicos, espirituales), este pasaje requiere pastoral delicada. El perdón cristiano NO significa minimizar el daño, proteger al agresor, ni exponerse a nuevo peligro. Significa liberarse del veneno del odio que enferma al que lo guarda. El perdón es proceso, a veces largo, que requiere acompañamiento profesional (terapia) y espiritual (dirección). La Iglesia debe ser santuario de sanación, no re-victimización. El tema del escándalo eclesial es dolorosamente actual. Abusos, corrupciones, hipocresías de ministros ordenados y laicos han sido piedra de tropiezo que alejó multitudes de Cristo. El Papa Francisco ha aplicado este pasaje a reforma de la Iglesia: "La Iglesia debe pedir perdón por no haber protegido a los pequeños" (Carta al Pueblo de Dios, 2018). Restaurar credibilidad exige transparencia, justicia, reparación y conversión institucional profunda. En relaciones familiares, este evangelio ofrece medicina para matrimonios heridos, familias rotas por rencores antiguos. La cultura del divorcio rápido contrasta con la enseñanza de Jesús. Muchos matrimonios podrían salvarse si ambos practicaran perdón diario. No hablamos de permanecer en situaciones de violencia, sino de sanar heridas cotidianas mediante reconciliación continua. Para comunidades parroquiales divididas por conflictos (litúrgicos, pastorales, personales), el pasaje exige priorizar unidad sobre preferencias. La corrección fraterna practicada evangélicamente (Mt 18,15-17 amplía esto) puede prevenir cismas. Lamentablemente, muchas comunidades practican murmuración en vez de corrección caritativa, perpetuando divisiones. La fe pequeña pero auténtica consuela a quienes se sienten inadecuados espiritualmente. No necesitas ser gigante espiritual para que Dios obre en ti. El sicómoro de tus miedos, traumas, adicciones, desesperanzas puede ser arrancado si depositas tu granito de confianza en el Dios todopoderoso. Testimonios de conversiones radicales confirman esto. En pastoral juvenil, este texto interpela sobre responsabilidad del testimonio. Jóvenes cristianos en colegios, universidades, redes sociales: ¿son luz que atrae o piedra que hace tropezar? La coherencia entre fe profesada y vida vivida es evangelización o contra-testimonio. Para personas en duelo por traiciones, divorcios, amistades rotas, el perdón setenta veces siete parece cruel. Pastoral debe acompañar validando el dolor ("tu herida es real y profunda") mientras abre esperanza ("Dios puede sanar lo que parece irreparable"). Grupos de apoyo, retiros de sanación, sacramentos frecuentes: medios concretos para camino de perdón. Finalmente, en contextos de violencia social (guerras, terrorismo, crímenes), el Evangelio propone alternativa radical a venganza interminable. Comisiones de Verdad y Reconciliación (Sudáfrica post-apartheid, Ruanda post-genocidio) demuestran que sociedades pueden sanar mediante perdón institucionalizado sin sacrificar justicia. La Iglesia está llamada a ser profeta de reconciliación en mundo que elige vendetta.