📅 12/11/2025
Lucas 17, 11-19
Jesús acoge a los que claman desde lejos y los envía a caminar en fe; que en la enfermedad, el miedo a fallar y las crisis familiares, Él está cercano y activo. Si sientes ansiedad o desánimo, este momento de oración es medicina suave y dirección concreta para tu corazón.
Antes de adentrarte en la Palabra, coloca ambos pies en el suelo, endereza la espalda y respira hondo tres veces, lentas y profundas... Dios está aquí, real y amoroso, más cercano que tu propio aliento... deja que el cuerpo se serene, que la mente deje de pelear y que el corazón se abra... ven como estás: con dudas, cansancio o gratitud; todo puede ser materia de encuentro y diálogo filial.
Diez gritos de necesidad, un camino obediente, un retorno agradecido: la fe se vuelve alabanza y salvación.
Yo soy la Misericordia que no se cansa; me inclino hacia tu herida. Si vienes pobre y confiado, yo renuevo tu camino y cuento tu gratitud como perfume que alegra mi Corazón.
Padre bueno, en el nombre de Jesús y en el soplo del Espíritu Santo vengo como soy: necesitado, pobre y amado. Reconozco mis lepras visibles y escondidas: orgullo, miedo, cansancio y heridas que todavía duelen. Concédeme hoy la gracia de escucharte con sencillez, obedecer con prontitud y volver a Ti con gratitud agradecida. Jesús, Maestro, ten compasión de mí; fortalece mi fe para caminar aun cuando no vea resultados. María, Madre, enséñame a guardar esta Palabra en el corazón y a decir con tu vida: “gracias” y “sí”. Que este encuentro restaure mi confianza filial y me haga testigo tuyo, humilde y alegre.
Yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaría y Galilea. Al entrar en una aldea, le salieron al encuentro diez leprosos, que se pararon a distancia; y, levantando la voz, dijeron: Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros. Al verlos, les dijo: Id y presentaos a los sacerdotes. Y sucedió que, mientras iban, quedaron limpios. Uno de ellos, viéndose curado, se volvió glorificando a Dios en voz alta; y cayendo a los pies de Jesús, rostro en tierra, dándole gracias; éste era un samaritano. Tomó la palabra Jesús y dijo: ¿No quedaron limpios los diez? Los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha habido quien volviese a dar gloria a Dios sino este extranjero? Y le dijo: Levántate y vete; tu fe te ha salvado.
Lucas narra la curación de diez leprosos cuando Jesús viaja hacia Jerusalén, lugar de su pascua. La lepra simboliza exclusión social y religiosa. Los leprosos suplican “a distancia”, Jesús ordena presentarse a los sacerdotes: obediencia que se convierte en camino de sanación. Uno, samaritano, regresa glorificando a Dios y agradeciendo; Jesús declara que su fe lo ha salvado. El género es relato de milagro con giro cristológico: el acento cae en la fe y la gratitud, no sólo en la curación. Conecta con 2 Re 5 (Naaman) y con la insistencia lucana en la misericordia para los marginados hoy. Siempre. Hoy Dios te habla en tu propio “camino”, justo donde vas obedeciendo aunque no veas cambios inmediatos. Tu distancia, tu vergüenza o tu miedo no impiden que Jesús te escuche; su mandato amable te pone en marcha. Él te invita a dar pasos concretos: retomar ese sacramento pendiente, pedir perdón, pedir ayuda profesional, ordenar tus finanzas, o reconciliarte con ese familiar. Mientras caminas, su gracia actúa. Pero no olvides volver: la gratitud transforma curaciones en salvación. Vuelve a sus pies con una acción de gracias concreta: una hora de adoración, un servicio silencioso, una ofrenda generosa, un testimonio humilde. Si te sientes extranjero, fuera de lugar o con poca “formación”, escucha: eres bienvenido. Para los consagrados y ministros: suelta el activismo, vuelve al asombro. Para matrimonios y familias: agradezcan en voz alta, cada día. Para quien sufre ansiedad o enfermedad: presenta tu fragilidad y camina de la mano del Maestro. Hoy tu fe se expresa en obedecer, agradecer y glorificar a Dios con tu vida. Si experimentas sequedad espiritual, decide volver. Si has recibido una gracia, nómbrala y escribe motivos de gratitud. Si te pesa una culpa, busca la confesión; si te abruma la incertidumbre, repite: “Jesús, confío en ti”.
Señor, me acerco como estoy: a veces lejos, temeroso y cansado. A veces me cuesta obedecer sin ver, agradecer a tiempo y volver a ti con prisa de amor. Gracias porque me escuchas desde mi distancia, porque tu palabra me pone en camino y tu misericordia sana lo que no alcanzo. Te pido una fe que camine, una obediencia pronta y un corazón agradecido. Muéstrame hoy el paso concreto que esperas: reconciliarme, pedir perdón, confesarme, servir en silencio, ordenar mis cuentas, llamar a quien evitaba. Te ofrezco mi jornada como alabanza: mis pensamientos, mis decisiones y mis afectos. Si me siento extranjero, recíbeme; si me distraigo, tócame; si me caigo, levántame. Que al final del día pueda postrarme ante Ti y decir: gloria a Dios por tus maravillas. Haz de mi gratitud un testimonio que anime a otros a volver a tus pies. Jesús, Maestro, ten compasión de mí y de los míos; Espíritu Santo, enséñame a glorificar al Padre con sencillez y constancia.
Imagínate en el camino polvoriento entre Galilea y Samaría; el aire tibio, el rumor de pasos, tu ropa áspera. Levantas la voz: “Jesús, Maestro, ten compasión de mí”. Escucha su respuesta serena que te envía a caminar. Siente tu piel sanándose mientras avanzas. Vuelve sobre tus pasos y mira a Jesús: su mirada limpia, sus manos abiertas, su corazón atento. Postrado, susurra “gracias” muchas veces. Deja que su amor te sostenga, te respire, te envuelva. En silencio, recibe este don: una fe que camina y una gratitud que te salva. Quédate un momento más, dejando que su paz te habite.
Gesto personal: hoy escribiré en mi cuaderno tres agradecimientos concretos y realizaré un acto oculto de servicio a alguien cercano. 2) Actitud familiar: antes de dormir, cada miembro de la casa dirá en voz alta algo por lo que agradece a Dios, y rezaremos juntos un Padre Nuestro. 3) Intención comunitaria: buscaré a una persona que se sienta “lejos” de la Iglesia y la acompañaré con escucha práctica, invitándola a la Eucaristía del domingo. 4) Examen nocturno: ¿obedecí la indicación interior que el Señor me mostró? ¿Volví para agradecer con un gesto concreto? ¿Glorifiqué a Dios con mis palabras y decisiones de hoy? Si fallé, me levantaré confiando en su misericordia y propondré un paso sencillo para mañana: confesión, reconciliación pendiente o un tiempo de adoración eucarística.
Por la Iglesia, para que, guiada por el Espíritu, anuncie a todos la compasión de Cristo y acompañe a los excluidos con obras y verdad. Roguemos al Señor. Por quienes ejercen autoridad civil y sanitaria, para que promuevan caminos de inclusión y cuidado de los enfermos y vulnerables. Roguemos al Señor. Por las familias que viven ansiedad, deudas o conflictos, para que encuentren en Jesús la fuerza de obedecer y la alegría de agradecer. Roguemos al Señor. Por los que se sienten “lejos” de Dios o de la Iglesia, para que experimenten una acogida concreta y el gozo del regreso. Roguemos al Señor. Por nosotros, para que aprendamos a volver a los pies de Jesús con una gratitud que transforme nuestra vida. Roguemos al Señor.
Gracias, Señor, por tu compasión que me pone en camino y por la fe que salva cuando vuelvo agradecido. Quiero responder rezando el Padrenuestro con confianza filial, unido a tus hijos en toda la Iglesia. Madre María, te consagro este día: recibe mi gratitud y condúceme siempre hacia Jesús. Toma mis miedos y mis decisiones, y enséñame a guardar la Palabra en el corazón como tú. Rezo un Avemaría ofreciendo a mi familia, mi trabajo y mis heridas. Bajo tu manto, quiero vivir en obediencia sencilla, en alegría humilde y en servicio generoso para gloria del Padre. Sé mi guía siempre, Señora, y recuérdame volver a dar gloria a Dios en todo.
Contexto histórico-literario. El episodio acontece en el “camino” de Jesús hacia Jerusalén (Lc 9,51–19,27), sección programática donde Lucas muestra la identidad del Maestro y la formación del discípulo. El cruce de fronteras (“entre Samaría y Galilea”) evoca tensiones étnico-religiosas: un samaritano será el único que vuelve, acentuando la universalidad de la salvación. El género es relato de milagro con rasgos de epifanía salvífica: la orden de presentarse a los sacerdotes implica reinserción cultual y social (Lv 14). En Lucas, la fe es camino que escucha, obedece y vuelve agradecida. Exégesis lingüística y simbólica. “A distancia” subraya exclusión y reverencia; “ten compasión” (eleēson) es clamor litánico que la Iglesia conserva en el Kyrie. El imperativo “Id” configura una sanación en proceso: mientras iban, quedaron limpios; la obediencia abre el signo. “Glorificando a Dios” y “dando gracias” (eucharistōn) enlazan alabanza y acción de gracias con la salvación; Lucas distingue curación (katharizō) de salvación (sōzō). La figura del “extranjero” anticipa Hechos: la gracia desborda fronteras. Estructuralmente hay dinámica triple: súplica – camino obediente – retorno agradecido. Interpretación patrística y magisterial. Padres como San Agustín leen en el samaritano que vuelve el modelo del verdadero adorador, y subrayan que la gratitud es fruto de la fe operante por la caridad (cf. Gal 5,6). La Pontificia Comisión Bíblica recuerda que la exégesis católica emplea métodos científicos situándose en la Tradición viva; evita reducirse al análisis técnico y orienta todo a la fe (DV; sentido pleno). Así, distinguimos el sentido literal (curación real) y el espiritual que emerge en la economía de la salvación: la Eucaristía como “acción de gracias” que nos reintegra al Pueblo y nos envía (cf. CIC 1328; 2637). Schökel clarifica la diferencia entre exégesis y hermenéutica e insiste en un método riguroso al servicio de la comprensión creyente. Croatto señala que toda lectura es relectura desde la vida; la fe de la Iglesia legitima una actualización pascual del texto. Aplicación pastoral contemporánea. El relato ilumina contextos de enfermedad, estigmas sociales, migración y polarización cultural: Jesús escucha “a distancia” y envía a un camino que sana mientras se camina. Para familias: cultivar rituales diarios de gratitud fortalece vínculos y abre a la esperanza. Para ministros: evitar el activismo y volver al asombro eucarístico que convierte beneficios en salvación. Para quienes se sienten “extranjeros” en la Iglesia: el Señor los llama por su nombre y acoge su alabanza. En la pastoral, integrar procesos: escucha, pasos concretos, retorno agradecido y misión. La interpretación católica, afirma la PCB, debe mantener su identidad teológica, evitando una “corriente de agua” que se pierda en análisis hipercrítico; su fin es la profundización de la fe y la vida de la Iglesia.