📅 28/11/2025
Lucas 21, 29-33
Jesús enseña a leer los brotes de la higuera para reconocer los tiempos; en tus cambios y estaciones interiores, Él está acercando su Reino. Si sientes incertidumbre ante el futuro o sequedad en la oración, este momento de oración es descanso esperanzado para tu corazón.
Antes de entrar en este Evangelio, adopta una postura cómoda, con la espalda recta y los pies bien apoyados, y respira lentamente varias veces, dejando ir tensiones y distracciones. Dios está aquí, muy cerca, habitando tu respiración y tu historia presente. Déjate mirar por Él sin miedo; no necesitas aparentar nada. Ven como eres, con tus preguntas, cansancios y deseos más profundos, ofreciendo sentidos, mente y corazón para escucharle en silencio.
Jesús usa la higuera que brota para enseñarte a reconocer, en tus cambios, la cercanía fiel de Dios.
Yo soy la eterna Verdad que no pasa, aunque todo a tu alrededor cambie y se derrumbe. Abre tu corazón a mi Palabra y déjame escribir en ti mis promesas; hallarás luz serena para tus pasos y una fidelidad que jamás te abandonará.
Padre, Hijo y Espíritu Santo, Dios vivo y cercano, me presento ante ti en este día que me regalas. Reconozco mi fragilidad para discernir los tiempos, mi impaciencia, mis miedos ante el futuro y mi poca atención a tus signos. Cuántas veces veo solo problemas y no percibo los brotes de tu Reino en mi vida. Te suplico la gracia de un corazón atento, humilde y confiado, capaz de leer tu presencia en lo pequeño de cada jornada. María, Mujer dócil al Espíritu, enséñame a guardar tus palabras y a esperar, como tú, el cumplimiento de las promesas de Dios.
Y les dijo una parábola: “Mirad la higuera y todos los árboles: cuando ya echan brotes, al verlos, sabéis por vosotros mismos que el verano está ya cerca. Así también vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el Reino de Dios. En verdad os digo que no pasará esta generación hasta que todo esto suceda. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”
Este pasaje continúa el discurso escatológico de Jesús en Jerusalén. Después de hablar de signos dolorosos, utiliza una imagen sencilla y cercana: la higuera y los demás árboles. Cuando brotan sus hojas, todos entienden que el verano está cerca; así, los discípulos podrán reconocer en los acontecimientos la cercanía del Reino prometido. El género apocalíptico se hace aquí casi doméstico: no busca asustar, sino educar una mirada de fe que sepa leer la historia con serenidad y confianza profunda. La frase final afirma algo decisivo y firme: todo pasa, solo la Palabra de Jesús permanece para siempre, luminosa, segura, fiel. Este Evangelio te enseña a mirar tu vida con los ojos del corazón. Así como reconoces las estaciones del año por los árboles, también en tu historia hay signos que anuncian la cercanía del Reino. A veces te quedas solo con los inviernos: fracasos, pérdidas, enfermedades, pecados que se repiten, cansancio espiritual. Sin embargo, Jesús te invita a descubrir los brotes: un deseo de rezar, un perdón que comienza, una reconciliación, un servicio silencioso, una luz nueva en medio de la lucha. Tal vez eres joven y no alcanzas a ver hacia dónde va tu camino, o adulto agobiado por responsabilidades, o anciano que contempla muchas cosas que se han desmoronado. A cada uno Jesús le dice: no te aferres a lo que pasa; apóyate en mi Palabra viva. Cuando meditas el Evangelio, cuando lo rumias y lo llevas a tu jornada, permites que tu corazón eche hojas y frutos a su tiempo. Hoy el Señor te llama a tomar en serio sus promesas, a dejar de vivir solo pendiente de noticias cambiantes, y a aprender a descansar en lo único que no pasa: su amor fiel, eterno, cercano.
Señor Jesús, hoy me detengo ante tu Palabra que me invita a mirar la higuera y todos los árboles. Reconozco que a menudo solo veo inviernos y me cuesta reconocer los brotes de tu presencia en mi vida. A veces me cuesta esperar tus tiempos, quiero resultados inmediatos y me impaciento cuando no entiendo lo que permites. Te agradezco por todas las primaveras que ya has regalado a mi historia: reconciliaciones, oportunidades nuevas, personas que me acercan a ti, luces discretas en medio de mis noches. Te pido un corazón atento y confiado, capaz de leer tus signos en lo pequeño y de apoyarse más en tu Palabra que en mis cálculos. Te ofrezco mi presente, con lo que florece y lo que aún parece seco, para que tú hagas crecer en mí una fe serena y perseverante que consuele a otros.
Imagínate sentado con los discípulos mientras Jesús te señala una higuera cercana. Ve sus ramas desnudas que comienzan a llenarse de brotes tiernos, siente el aire suave anunciando el verano luminoso. Mira a Jesús que te contempla con cariño y te dice: así se acerca también el Reino en tu vida. Escucha esa frase que atraviesa todo: el cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán jamás. Deja que esta certeza abrace tus miedos y tus dudas, y en silencio recibe su paz fiel, profunda, sencilla, duradera, tranquila, segura, agradecida, confiada.
Como gesto personal, hoy puedes tomar unos minutos para contemplar un árbol, una planta o simplemente el cielo, y decir con calma: «Jesús, enséñame a reconocer los brotes de tu Reino en mi vida diaria». En tu familia, procura no alimentar conversaciones fatalistas; más bien, comparte algún signo de esperanza o de bondad que hayas percibido, por pequeño que parezca, y agradezcan juntos. A nivel comunitario, piensa en alguien que viva un invierno interior —soledad, enfermedad, duelo— y acércate con una visita, un mensaje o una ayuda sencilla que le recuerde que no está solo. Al terminar la jornada, pregúntate ante Dios: ¿Qué signo de tu presencia he reconocido hoy y qué resistencias he tenido para fiarme de tu Palabra que no pasa?
Por la Iglesia, para que, anunciando a Cristo glorioso y crucificado, ayude a los fieles a acoger con fe el misterio de la pasión como camino de vida. Roguemos al Señor. Por quienes, como los discípulos, tienen miedo de preguntar y callan sus dudas, para que encuentren comunidades y pastores que escuchen, acompañen y enseñen con paciencia. Roguemos al Señor. Por los que sufren en silencio enfermedades, humillaciones o fracasos, y no entienden el porqué, para que descubran en la cruz de Jesús una presencia que sostiene y una esperanza que no defrauda. Roguemos al Señor. Por nosotros, para que no nos avergoncemos de la cruz ni busquemos un cristianismo sin entrega, y aprendamos cada día a unir nuestros sufrimientos a los de Cristo por la salvación del mundo. Roguemos al Señor.
Jesús, doy gracias por esta Palabra que me recuerda que todo pasa menos tu amor fiel y tu presencia discreta. Gracias por las veces en que tus promesas han sostenido mi vida cuando todo parecía inestable y oscuro. Quiero responder rezando con confianza el Padrenuestro, uniéndome a toda la Iglesia que camina en esperanza hacia tu Reino. Contigo me consagro a María, Madre de la esperanza, y le confío mis tiempos, mis miedos y mis deseos de santidad filial. Termino esta oración rezando un Avemaría, seguro de que su mirada materna me sostiene, me protege y me conduce siempre hacia tu Corazón.
CONTEXTO HISTÓRICO-LITERARIO Estas palabras pertenecen al discurso escatológico de Jesús en Jerusalén, poco antes de su pasión. Lucas escribe para comunidades que ya han visto persecuciones y sacudidas históricas y necesitan comprender que la historia no se le escapa a Dios. El género es apocalíptico, pero aquí se expresa en forma de breve parábola agrícola: la higuera y todos los árboles anuncian el verano cuando echan brotes. USCCB Según la Pontificia Comisión Bíblica, toda interpretación católica ha de respetar el género literario y el contexto canónico, buscando primero el sentido literal y su relación con la unidad de la Escritura. Catholic Resources +1 Dei Verbum 12 recuerda que es necesario atender a las circunstancias históricas, a las formas de hablar de la época y a la lectura en la Tradición viva de la Iglesia. Vatican +1 EXÉGESIS LINGÜÍSTICA Y SIMBÓLICA La imagen de la higuera remite a Israel y, al mismo tiempo, a la creación que participa en los ritmos de Dios. Los brotes anuncian el verano, tiempo de frutos y plenitud; así, los «estos acontecimientos» remiten al proceso por el cual el Reino se acerca de modo misterioso. La expresión «esta generación» ha sido discutida, pero muchos autores la entienden como el conjunto de los que se cierran a Jesús, en contraste con los discípulos vigilantes; su palabra, en cambio, permanece. El contraste es fuerte: cielo y tierra pasarán, es decir, toda realidad creada es transitoria; la Palabra del Hijo es firme, roca y fundamento de esperanza. Bible Hub +1 INTERPRETACIÓN PATRÍSTICA Y MAGISTERIAL Padres como san Agustín leen en la higuera la historia humana llamada a dar frutos de caridad tras un largo invierno de pecado; cuando el corazón se abre a la gracia, brotan hojas y frutos nuevos. San Jerónimo subraya que las palabras de Cristo tienen una solidez mayor que el cosmos visible, porque en ellas se expresa el mismo Verbo eterno del Padre. El Catecismo, al hablar de la meditación, indica que la lectio divina moviliza pensamiento, imaginación, emoción y deseo para fortalecer la decisión de seguir a Cristo (CIC 2708). Vatican +1 Verbum Domini de Benedicto XVI insiste en que la Palabra de Dios es viva y eficaz, centro de la vida eclesial y fuente de toda auténtica renovación pastoral. Vatican +1 La Pontificia Comisión Bíblica recalca que la interpretación católica debe unir exégesis histórica y lectura espiritual, en fidelidad al mismo Espíritu que inspiró las Escrituras. Catholic Resources +1 APLICACIÓN PASTORAL CONTEMPORÁNEA Hoy este texto ilumina un mundo que vive cambios rápidos, crisis ecológicas, guerras y transformaciones culturales. Muchos creyentes experimentan miedo ante el futuro y la tentación de refugiarse en seguridades frágiles. Jesús invita a leer los «brotes» del Espíritu en medio de las estaciones oscuras: comunidades que sirven con discreción, familias que rezan, jóvenes que buscan sentido, ancianos que ofrecen su sufrimiento por otros. Para los distintos estados de vida —laicos, consagrados, ministros ordenados— el pasaje es llamada a apoyar la misión en la Palabra que no pasa, y no en estrategias pasajeras. En situaciones de sufrimiento, rutina o alegría, la parábola de la higuera educa una vigilancia confiada: no se trata de adivinar fechas, sino de reconocer la cercanía del Reino y responder con oración, conversión y caridad perseverante, sabiendo que Cristo permanece cuando todo lo demás cambia y que su Palabra guía la historia hacia la plenitud del Reino de Dios.