📅 09/09/2025
Lucas 6, 12-19
Jesús sube al monte a orar, y en nuestra confusión cotidiana, Él está escuchando con amor fiel. Si sientes cansancio por decisiones importantes o soledad interior, este momento de oración es un refugio donde puedes encontrar dirección, consuelo y fuerza para seguir adelante con esperanza.
Antes de abrir el corazón a esta Palabra, adopta una postura cómoda, respira profundamente tres veces y deja ir tensiones... Dios ya está aquí, más cerca que tu respiración, esperando encontrarse contigo. No necesitas estar en paz o perfecto, solo presente. Ven como estás: cansado, inquieto, agradecido o herido… Este momento es solo para ti y para Él.
Jesús elige a sus discípulos después de una noche de oración: decisión, escucha, sanación y presencia amorosa.
“Yo soy el que ora por ti en la noche… el que te elige en tu fragilidad… el que desciende para sanarte. No estás solo. Yo estoy contigo y mi poder te levanta.”
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo… Padre amado, me acerco a Ti con el corazón lleno de preguntas y con deseos sinceros de escuchar tu voz. Jesús, Hijo del Dios vivo, Tú que pasaste la noche en oración antes de elegir a tus apóstoles, enséñame a discernir con sabiduría y a caminar con fe. Espíritu Santo, ilumina mi mente, enciende mi corazón y renueva en mí la gracia del encuentro. No quiero hacer esta oración solo desde el pensamiento, sino desde el alma entera. María, Madre que acompañaste silenciosamente cada paso de tu Hijo, intercede por mí. Enséñame a guardar la Palabra y a vivirla. Que esta Lectio me transforme. Amén.
Por aquellos días, Jesús se retiró a la montaña a orar, y pasó la noche orando a Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos y eligió de entre ellos a doce, a los que llamó también apóstoles: Simón, al que dio el nombre de Pedro, Andrés su hermano, Santiago, Juan, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago de Alfeo, Simón llamado el Zelota, Judas de Santiago y Judas Iscariote, que fue el traidor. Bajó con ellos y se detuvo en un lugar llano. Había allí una gran multitud de discípulos suyos y una gran muchedumbre del pueblo, de toda Judea, de Jerusalén y de la región costera de Tiro y Sidón, que habían venido para oírle y ser curados de sus enfermedades. También los atormentados por espíritus inmundos quedaban curados, y toda la gente procuraba tocarle, porque salía de él una fuerza que sanaba a todos.
Este texto muestra a Jesús profundamente unido al Padre: pasa la noche entera orando antes de tomar decisiones claves, como elegir a los doce apóstoles. Este acto resalta su humanidad y su divinidad. El evangelio pertenece al género narrativo-teológico. Su estructura muestra tres movimientos: la oración en la montaña, la elección de los Doce y el descenso para sanar. El número doce recuerda a las doce tribus de Israel, un símbolo de un nuevo pueblo de Dios. La fuerza sanadora que emana de Jesús anticipa su compasión encarnada. No actúa solo: ora, elige, desciende y sana. Es un Cristo que desciende para levantar. Jesús ora toda la noche antes de tomar decisiones. ¿Y tú? ¿Buscas la voluntad del Padre en tus momentos cruciales o decides solo desde la prisa? En un mundo que corre sin pausa, Él nos recuerda que las elecciones más importantes nacen del silencio y de la intimidad con Dios. Quizás hoy estés ante decisiones familiares, laborales o vocacionales. Este Evangelio te invita a orar antes de actuar. Y después de elegir, Jesús baja y sana. No se queda en la altura del discernimiento; se mezcla con la muchedumbre sufriente. Tal vez te sientas como parte de esa muchedumbre: enfermo, confundido, con heridas antiguas. Jesús baja contigo, no te observa desde lejos. Él te toca, te sana, te elige. ¿En qué área de tu vida necesitas especialmente esta Palabra? ¿Qué decisiones estás por tomar? ¿A quién estás llamado a sanar o consolar hoy? Esta Palabra es para ti, que te sientes sin fuerzas: hay una fuerza que emana de Cristo y está disponible para ti. Tal vez nunca te sentiste digno de ser elegido, pero hoy Jesús te recuerda: no te elijo porque seas fuerte, sino porque en tu debilidad quiero mostrar mi gloria.
Señor, aquí estoy, como uno más de esa muchedumbre que busca tu mirada. A veces me cuesta orar antes de decidir, y me dejo llevar por el ruido del mundo o el miedo a equivocarme. Pero hoy, al verte pasar la noche entera en comunión con el Padre, me provocas sed de intimidad contigo. Gracias por enseñarme que tus elecciones nacen del amor y no del mérito. Gracias porque no miras mi currículum, sino mi disponibilidad. Hoy quiero pedirte, Jesús, la gracia de discernir con tu sabiduría. Dame claridad en los pasos que debo dar, serenidad para esperar tu tiempo y valentía para decir sí. Te ofrezco mis decisiones, mis cansancios y mis heridas. Que tu fuerza me sane, me transforme y me impulse a servir. Señor, no me elijas por ser el mejor, pero si quieres, úsame como instrumento tuyo. Aquí está mi vida. Haz tu voluntad en mí.
Imagínate en aquella multitud… el sol empieza a calentar la tierra mientras Jesús baja de la montaña. Lo ves caminar hacia ti. Su mirada es suave, penetrante, llena de amor. Escuchas el murmullo de la gente, pero en tu interior, solo importa ese instante: cuando Él te ve. Sientes su mano sobre tu hombro, cálida, firme, viva… Una paz profunda te envuelve. Su fuerza entra en tu alma. No necesitas hablar. Solo deja que su presencia te abrace. Estás a salvo. Has sido elegido. Estás siendo sanado. Solo permanece ahí… y déjate amar.
Gesto personal: Dedicaré 15 minutos a orar en silencio antes de tomar una decisión importante esta semana. Actitud familiar: Escucharé más y hablaré menos en casa, como ejercicio de discernimiento y empatía. Intención comunitaria: Oraré y, si puedo, ayudaré a alguien cercano que se sienta confundido o enfermo, así como Jesús descendió a sanar. Examen nocturno: ¿Busqué la voluntad de Dios en alguna decisión hoy? ¿Me dejé tocar por su fuerza sanadora?
Por la Iglesia, para que siempre tome decisiones desde la oración y el discernimiento. Por los gobernantes, para que busquen el bien común iluminados por la verdad. Por quienes sufren enfermedades o cargas espirituales, que encuentren alivio en Cristo. Por nuestra comunidad, para que sea espacio de sanación y encuentro con Dios. Por los que están en proceso de elección vocacional o profesional, que escuchen la voz del Padre.
Gracias, Señor, por haberme hablado hoy con tanta ternura. Me uno a todos los que hoy te han encontrado en esta oración. Padre nuestro, que estás en el cielo… María, Madre mía, me consagro a ti. Llévame siempre hacia Jesús. Enséñame a guardar su Palabra, a amar en silencio, a estar presente como tú estuviste. Te entrego mi día, mis decisiones, mis dolores y mis esperanzas. Ruega por mí ahora y en la hora de mi muerte. Dios te salve, María…
Contexto histórico-literario Este pasaje se encuentra en el capítulo 6 del Evangelio de Lucas, justo antes del Sermón del Llano. Jesús inicia su ministerio público, y este momento marca una nueva etapa: la elección de los Doce. El género es narrativo con un fuerte carácter teológico, y está dirigido a una comunidad que necesita entender el origen apostólico de la Iglesia. 2. Exégesis lingüística y simbólica La expresión “pasó la noche orando” en griego es en tē proseuchē tou Theou (ἐν τῇ προσευχῇ τοῦ Θεοῦ), que puede traducirse también como “sumergido en la oración de Dios”, una comunión profunda y constante. El monte es símbolo bíblico del lugar del encuentro con Dios (cf. Moisés en Sinaí). El descenso de Jesús recuerda la Encarnación: el Hijo que baja a tocar la miseria humana. La “fuerza que sanaba a todos” (dynamis) es el mismo poder del Espíritu Santo. 3. Interpretación patrística y magisterial San Ambrosio resalta que Jesús no necesitaba orar, pero ora para enseñarnos a orar antes de actuar. San Agustín observa que el número doce indica una restauración espiritual del pueblo de Dios. El Catecismo (n. 2602) nos recuerda: “El Evangelio según san Lucas pone de relieve la acción del Espíritu Santo y el sentido de la oración en el ministerio de Cristo.” Verbum Domini n. 87 nos exhorta a volver al Evangelio como escuela de discernimiento, donde la Palabra ilumina nuestras decisiones y caminos. 4. Aplicación pastoral contemporánea Vivimos sobreestimulados, tomando decisiones rápidas y desconectados del centro. Este texto nos enseña que la oración no es opcional, sino esencial antes de actuar. Para jóvenes en discernimiento, matrimonios en crisis, líderes comunitarios, este pasaje ofrece un modelo de sabiduría: retirarse, escuchar, bajar y servir. En tiempos de ansiedad, este Jesús que ora y sana es el mejor compañero. También interpela a quienes sirven en la Iglesia: solo desde la oración pueden nacer verdaderas vocaciones y sanaciones. Finalmente, este texto consuela a quienes se sienten no elegidos, mostrando que Jesús llama a personas, con historia, fragilidad… y las transforma en testigos.