📅 16/06/2025
Mateo 5, 38-42
Jesús nos llama a una revolución del amor basada en la no violencia. Hoy meditamos sobre la paciencia y el perdón como caminos para romper la cadena del mal. Que su Palabra transforme nuestro impulso de venganza en gestos de misericordia.
Silencia tu mente y tu corazón. Respira profundamente. Imagina que Jesús se sienta contigo. Deja atrás cualquier rencor o juicio. Disponte a escuchar su voz con docilidad. Hoy, el Maestro te hablará sobre la libertad del perdón y el poder de la no violencia.
Jesús enseña a no devolver mal por mal, sino a responder con amor.
“Yo Soy la fuerza que no se impone, la dulzura que vence. Soy el amor que, sin herir, transforma.” (Yo Soy, Concepción Cabrera de Armida)
Trinidad Santa, Dios Uno y Trino, fuente de amor infinito, hoy venimos a tu presencia para que nos enseñes a amar como Tú amas. Padre, danos un corazón generoso. Hijo, enséñanos a ofrecer la otra mejilla. Espíritu Santo, haznos dóciles a tu gracia. Que esta Lectio nos lleve a vivir como hijos de la Luz. Amén.
Evangelio según san Mateo 5, 38-42 (Biblia de Jerusalén) «Habéis oído que se dijo: Ojo por ojo y diente por diente. Pues yo os digo que no resistáis al mal; antes bien, al que te abofetee en la mejilla derecha, ofrécele también la otra; al que quiera pleitear contigo para quitarte la túnica, déjale también el manto; y al que te obligue a andar una milla, vete con él dos. A quien te pida, da; y no vuelvas la espalda al que desee que le prestes algo»
Parte del “Sermón de la Montaña”, esta sección transforma el espíritu de la ley del talión (Éx 21,24) en una llamada a la misericordia activa. Género sapiencial-parenético. Este pasaje representa una de las cumbres de la enseñanza moral de Jesús. Él no propone una simple pasividad ante el mal, sino una respuesta creativa y redentora: la no resistencia violenta. Jesús nos enseña a cortar la cadena de la venganza con gestos que descolocan al agresor y lo invitan a reflexionar. El Catecismo enseña: “La Ley evangélica ‘cumple’, supera y lleva a su perfección la Ley antigua… incluso el precepto de no hacer violencia al prójimo” (CEC 1968). Este Evangelio se entiende también a la luz de Romanos 12, 21: “No te dejes vencer por el mal; antes bien, vence al mal con el bien”. Dar más de lo exigido, perdonar a quien hiere, responder con generosidad… no es debilidad, sino manifestación de una fuerza interior nacida del amor divino. Preguntas para meditar: ¿En qué situaciones me cuesta ofrecer la otra mejilla? ¿Qué “segunda milla” me está invitando Dios a caminar hoy? ¿Estoy dispuesto a romper el ciclo de la venganza con actos concretos de caridad?
Señor Jesús, cuántas veces he querido devolver golpe por golpe, palabra por palabra. Pero Tú me invitas a un camino más alto: el del perdón, la generosidad y la paz. Te entrego mis reacciones impulsivas, mi orgullo herido, mi deseo de revancha. Enséñame a responder como Tú, con mansedumbre y valentía. Dame ojos para ver al otro no como enemigo, sino como hermano. Que tu Espíritu transforme mi corazón herido en instrumento de tu paz. Amén.
Imagínate a Jesús caminando contigo la segunda milla. No dice nada, solo sonríe y sostiene tu paso. Ves al que te hirió y, en lugar de venganza, le extiendes tu mano. El rostro de Jesús brilla entre los gestos pequeños de misericordia. Quédate en silencio. Deja que su paz descienda como rocío sobre tu alma.
Personal: Me abstendré hoy de responder con dureza a cualquier provocación. Buscaré comprender antes de juzgar. Familiar/comunitario: Propondré una reconciliación o gesto de paz con alguien con quien haya tensión. Examen de conciencia: ¿He devuelto mal por mal? ¿He rechazado ayudar por orgullo o rencor? ¿Estoy dispuesto a “dar más” por amor, incluso si no me lo piden?
Por la Iglesia, para que siempre sea reflejo de la misericordia de Cristo. Por quienes sufren injusticias, para que encuentren consuelo y justicia en Dios. Por nuestras familias, para que vivan en perdón y generosidad. Por los que han sido heridos o traicionados, para que el Espíritu les dé fuerza para perdonar. Por nosotros, para que vivamos con un corazón desprendido y lleno de paz.
Gracias, Señor, por mostrarme el camino del amor verdadero. Hoy me consagro a Ti, deseando vivir tu enseñanza de dar sin medida. Padre nuestro... Santa María, Madre de la Misericordia, enséñanos a amar como Jesús. Bajo tu manto ponemos nuestras decisiones. Dios te salve, María... Amén.