📅 07/07/2026
Mateo 9, 32-38
Hay días en los que el cansancio pesa más que el entusiasmo. Ves personas heridas, familias que sufren, jóvenes sin rumbo y corazones que buscan esperanza. A veces también tú te sientes agotado y piensas que tus esfuerzos son insuficientes. El Evangelio de hoy, Mateo 9, 32-38, revela el corazón compasivo de Jesús, que mira a las multitudes como ovejas sin pastor y llama a sus discípulos a colaborar en su misión. Él sigue buscando corazones disponibles. Hoy deja que su mirada despierte en ti la alegría de servir y la confianza para responder a su llamada.
Busca un lugar donde puedas permanecer unos minutos en silencio. Respira lentamente y deja que el ruido de la jornada vaya disminuyendo. Presenta al Señor las personas que forman parte de tu vida, especialmente aquellas que necesitan consuelo, orientación o esperanza. Reconoce que también tú necesitas ser fortalecido por su amor. Repite con sencillez: "Señor Jesús, abre mi corazón". Lee este Evangelio con calma, permitiendo que la mirada compasiva de Cristo ilumine tus pensamientos y disponga tu voluntad para escuchar lo que hoy quiere decirte.
La Iglesia celebra hoy la feria de la XIV Semana del Tiempo Ordinario con el color verde, signo del crecimiento continuo en la vida cristiana. El Evangelio presenta a Jesús sanando a un hombre oprimido y recorriendo pueblos y ciudades anunciando el Reino. Al contemplar a las multitudes, manifiesta una profunda compasión y llama a orar para que el Padre envíe trabajadores a su mies. La liturgia nos invita a participar activamente en la misión evangelizadora de la Iglesia.
Yo soy el Buen Pastor que nunca permanece indiferente ante el sufrimiento de mis hijos. Conozco a quienes caminan cansados, a quienes han perdido la esperanza y a quienes buscan una palabra que devuelva sentido a su vida. También te miro a ti con infinita compasión. Permite que mi amor sane tus heridas y después camina conmigo. Quiero hacer de tu vida un instrumento para llevar consuelo, esperanza y la alegría de mi Reino a quienes esperan una señal de mi presencia.
Padre de bondad, gracias porque nunca dejas de mirar con amor a tus hijos. Hoy me presento ante Ti con mi pobreza, mis preocupaciones y el deseo sincero de seguir a tu Hijo con mayor fidelidad. Señor Jesús, permite que contemple el mundo con tus mismos ojos y que aprenda a compadecerme de quienes sufren. Espíritu Santo, fortalece mi corazón para que no permanezca indiferente ante las necesidades de mis hermanos y dame la valentía para responder generosamente a tu llamada. María, Madre de la Iglesia, acompáñame en esta Lectio Divina y enséñame a servir siempre con humildad, alegría y confianza. Amén.
Evangelio según san Mateo 9, 32-38 En aquel tiempo, llevaron ante Jesús a un hombre mudo, que estaba poseído por el demonio. Jesús expulsó al demonio y el mudo habló. La multitud, maravillada, decía: «Nunca se había visto nada semejante en Israel». Pero los fariseos decían: «Expulsa a los demonios por autoridad del príncipe de los demonios». Jesús recorría todas las ciudades y los pueblos, enseñando en las sinagogas, predicando el Evangelio del Reino y curando toda enfermedad y dolencia. Al ver a las multitudes, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y desamparadas, como ovejas sin pastor. Entonces dijo a sus discípulos: «La cosecha es mucha y los trabajadores, pocos. Rueguen, por tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos». Palabra del Señor.
¿Qué dice el texto? El Evangelio presenta a Jesús liberando a un hombre oprimido por el demonio, devolviéndole la palabra y la dignidad. Mientras la multitud reconoce la grandeza de Dios, algunos fariseos endurecen su corazón y rechazan la obra del Señor. Después, Mateo resume la misión de Jesús: recorrer pueblos y ciudades anunciando el Reino, enseñando y curando toda enfermedad. Al contemplar a las multitudes cansadas y desorientadas, Jesús siente una profunda compasión y las compara con ovejas sin pastor. Finalmente invita a sus discípulos a orar para que Dios envíe trabajadores que continúen su misión salvadora. ¿Qué me dice a mí? Este Evangelio te invita a mirar el mundo con los ojos de Jesús. Es fácil acostumbrarse al sufrimiento ajeno o pensar que los problemas de los demás no tienen relación contigo. Sin embargo, Cristo contempla a las personas con una compasión que lo mueve a actuar. También hoy existen muchas personas que viven desorientadas, heridas por la soledad, el miedo, la violencia, las adicciones o la falta de sentido. Quizá algunas están muy cerca de ti: en tu familia, en tu trabajo o entre tus amigos. Jesús no pasa de largo. Se acerca, escucha, sana y devuelve la esperanza. Después dirige una petición a sus discípulos. Antes de enviar trabajadores, les pide que oren. La misión comienza siempre en el corazón que escucha a Dios. Pregúntate hoy si el Señor también está llamándote a servir de una manera más generosa. Tal vez puedas acompañar a alguien, enseñar la fe a un niño, visitar a un enfermo o simplemente ofrecer una palabra de aliento. La mies sigue siendo abundante y Cristo continúa buscando discípulos que, con humildad y amor, hagan visible su compasión en medio del mundo.
Señor Jesús, gracias porque nunca permaneces indiferente ante el sufrimiento de tus hijos. Tú conoces a quienes viven cansados, confundidos o heridos, y sales continuamente a su encuentro con paciencia y misericordia. Hoy quiero pedirte que también transformes mi corazón. Líbrame de la indiferencia, del egoísmo y de la comodidad que tantas veces me impiden descubrir las necesidades de quienes caminan a mi lado. Concédeme tus mismos sentimientos para mirar a cada persona con respeto, compasión y esperanza. Hazme disponible para servir allí donde Tú me necesites, aun en las tareas sencillas y ocultas. Te ofrezco mi vida, mi familia, mi trabajo, mi tiempo y mis talentos. Si deseas servirme de ellos para acercar a alguien a Ti, aquí estoy. Dame la valentía para responder con generosidad y la perseverancia para permanecer siempre unido a Ti. Amén.
Imagínate caminando detrás de Jesús mientras entra en un pequeño poblado. Escuchas las voces de la gente y observas los rostros cansados de quienes esperan su llegada. El Señor se detiene, contempla a cada persona con una ternura infinita y su mirada finalmente se encuentra con la tuya. En ella descubres una compasión que abraza toda fragilidad. Sientes cómo desaparece lentamente la indiferencia de tu corazón. Jesús te invita a caminar junto a Él entre las personas que sufren. Permaneces en silencio, dejando que su amor despierte en ti el deseo de servir.
Hoy dedica un momento para mirar con mayor atención a las personas que Dios pone en tu camino. Acércate a alguien que necesite ser escuchado, ofrece una palabra de esperanza, realiza una llamada a quien vive solo o dedica unos minutos a orar por las vocaciones sacerdotales, religiosas y laicales. Antes de terminar el día, pregunta al Señor dónde quiere que seas instrumento de su compasión y disponte a responder con generosidad. Oración: Señor Jesús, haz de mí un trabajador humilde de tu mies y permite que quienes me encuentren descubran en mi vida un reflejo de tu amor misericordioso. Amén.
Hermanos, Jesús contempla con infinita compasión a quienes caminan cansados y desorientados. Unidos a su corazón de Buen Pastor, presentemos nuestras súplicas al Padre con la confianza de que siempre escucha la oración de sus hijos. Por la Iglesia, el Santo Padre, los obispos, sacerdotes, diáconos, religiosos, misioneros y todos los fieles, para que anuncien el Evangelio con alegría y sean reflejo de la misericordia de Cristo en medio del mundo. Roguemos al Señor. Por las familias, los matrimonios, los jóvenes y los niños, para que descubran en Jesús al verdadero Pastor que guía sus vidas y fortalece la unidad de sus hogares. Roguemos al Señor. Por quienes viven enfermos, desanimados, solos, atrapados por alguna adicción o atravesando momentos de oscuridad espiritual, para que experimenten la cercanía del Señor y recuperen la esperanza. Roguemos al Señor. Por quienes sirven a la sociedad en la educación, la salud, la justicia, la seguridad y el gobierno, para que ejerzan su misión con honestidad, sensibilidad y auténtico espíritu de servicio. Roguemos al Señor. Por las vocaciones sacerdotales, religiosas, misioneras y laicales comprometidas, para que el Dueño de la mies siga llamando trabajadores generosos que anuncien el Reino de Dios con fidelidad y amor. Roguemos al Señor.
Padre misericordioso, gracias porque nunca dejas de buscar a tus hijos cuando se sienten cansados o desorientados. Hoy pongo en tus manos mi vida, mis talentos, mis preocupaciones y mis esperanzas. Haz que cada día aprenda a colaborar con alegría en la misión que has preparado para mí. Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu Reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén. María, Madre de la Iglesia y Reina de los Apóstoles, acompáñame para que nunca tenga miedo de responder al llamado de tu Hijo y de servir con un corazón generoso. Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Mateo concluye esta sección del Evangelio con un resumen de la actividad pública de Jesús antes del envío de los Doce. El evangelista presenta al Señor recorriendo ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas, proclamando el Reino y sanando toda clase de enfermedades. La curación del hombre mudo manifiesta que el Reino de Dios vence las fuerzas del mal y devuelve al ser humano la capacidad de alabar a Dios. Sin embargo, el centro del pasaje es la mirada de Jesús sobre las multitudes. Él no observa únicamente una necesidad material; contempla personas cansadas, desorientadas y necesitadas de un pastor. Esa compasión revela el corazón mismo de Dios y prepara el llamado misionero que desarrollará el capítulo siguiente. La misión nace siempre de la misericordia antes que de la organización. Desde el texto griego destacan varios términos de gran riqueza espiritual. El verbo ἐσπλαγχνίσθη (esplagchnísthē), "se compadeció", expresa una misericordia que brota de lo más profundo del corazón y mueve a actuar. La palabra θερισμός (therismós), "mies", simboliza la humanidad preparada para recibir el Evangelio. Finalmente, ἐργάται (ergátai), "trabajadores", designa a quienes colaboran con Dios en la misión del Reino. Mateo enseña que la evangelización no nace del esfuerzo humano, sino del corazón compasivo de Cristo, que sigue llamando discípulos disponibles para anunciar su salvación al mundo. Los Padres de la Iglesia contemplan este pasaje como una síntesis del corazón pastoral de Jesucristo. San Gregorio Magno explica que el Señor no mira a las multitudes como una masa anónima, sino como hijos necesitados de guía, alimento espiritual y esperanza. Su compasión nace del amor del Buen Pastor que busca a la oveja perdida y desea reunir nuevamente al rebaño. San Juan Crisóstomo, en sus homilías sobre el Evangelio de Mateo, señala que Jesús no se limita a enseñar con palabras, sino que confirma su mensaje mediante obras de misericordia que revelan la cercanía del Reino de Dios. El Concilio Vaticano II enseña en Dei Verbum 5 que la respuesta del creyente consiste en acoger la revelación con la obediencia de la fe. Asimismo, la Pontificia Comisión Bíblica, en La interpretación de la Biblia en la Iglesia (1993), recuerda que la lectura de la Sagrada Escritura conduce al compromiso misionero de toda la comunidad cristiana. La liturgia propone este Evangelio antes del envío de los Doce porque primero invita a contemplar el corazón compasivo de Cristo y después llama a colaborar en su obra de salvación mediante la oración y el servicio generoso. Este mensaje conserva toda su actualidad. También hoy existen personas que viven desorientadas, heridas por la violencia, la soledad, la indiferencia religiosa o la falta de esperanza. Muchas buscan una palabra que las anime, alguien que las escuche o un testimonio que les muestre el rostro misericordioso de Dios. Un matrimonio participa en esta misión cuando educa a sus hijos en la fe; un joven responde al llamado del Señor al poner sus talentos al servicio de la comunidad; un profesionista evangeliza viviendo con honestidad y caridad en su trabajo cotidiano. El papa Francisco recuerda en Evangelii Gaudium que cada bautizado es un discípulo misionero llamado a anunciar el Evangelio. La oración por las vocaciones no sustituye el compromiso personal, sino que dispone el corazón para responder con generosidad cuando Cristo llama. Quien contempla la compasión del Señor termina descubriendo que también él está invitado a convertirse en trabajador de la mies, llevando esperanza, consuelo y la alegría del Reino a quienes encuentra en su camino.