Lectio Divina Mateo 9, 35–10, 1. 6-8

📅 06/12/2025

📜 Evangelio del Día

Mateo 9, 35–10, 1. 6-8

✨ Motivación

Jesús recorre nuestros propios caminos con mirada compasiva, descubriendo cansancios y heridas que a veces ocultamos. Si te sientes desgastado, disperso o cargado por responsabilidades, este momento de oración es un espacio donde Jesús te reúne, te restaura y te envía nuevamente con un corazón renovado.

📖 Introducción

Antes de entrar en la Palabra, siéntate con tranquilidad y realiza tres respiraciones profundas, soltando tensiones con cada exhalación. Permite que tu rostro se relaje y que tu interior se serene. Reconoce con humildad que Dios está aquí, mirándote con amor y deseoso de encontrarte. Ven tal como estás, sin máscaras ni exigencias. Deja que esta calma te disponga a escuchar la voz viva de Jesús que hoy quiere consolarte, fortalecerte y enviarte con su paz.

📝 Descripción

Jesús, movido por compasión, mira nuestras fatigas y nos llama a sanar, anunciar y acompañar con su ternura.

💬 Cita Yo Soy

“Yo soy tu Pastor compasivo; conozco tus cansancios y cubro tus heridas con mi misericordia. Déjame reunir tu corazón disperso. Camina conmigo: mi amor te envía, te sostiene y te hace instrumento vivo de sanación para los demás.”

🙏 Oración Inicial

Padre de bondad, vengo ante Ti reconociendo mi necesidad de descanso interior y de claridad en mi camino. Señor Jesús, Pastor lleno de misericordia, mira mis cansancios y mis búsquedas; reúname en tu amor para que pueda escuchar tu voz. Espíritu Santo, inflama mi corazón con tu ternura y tu fuerza, para acoger la misión que hoy me confías. Madre María, acompáñame como acompañaste a los discípulos, para que pueda vivir este encuentro con profunda docilidad.

📖 Lectio

«Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y curando toda enfermedad y toda dolencia. Al ver a la muchedumbre, sintió compasión de ella, porque estaban vejadas y abatidas como ovejas que no tienen pastor. Entonces dice a sus discípulos: “La mies es abundante, pero los obreros pocos. Rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies.” Llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y toda dolencia. Id más bien a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Id proclamando que el Reino de los Cielos está cerca. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, expulsad demonios. Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis.»

🧘 Meditatio

Este pasaje revela el corazón pastoral de Jesús. Su recorrido por ciudades y aldeas muestra una presencia cercana, encarnada y compasiva. La palabra “compasión” expresa un amor visceral, que se conmueve ante el sufrimiento humano. La multitud aparece desorientada, sin guía, lo cual evoca la imagen de Israel sin pastor verdadero. Jesús invita a orar por obreros porque la misión nace de la intercesión, no de la estrategia. Al llamar a los Doce, les comparte su autoridad, no como dominio, sino como servicio sanador. La misión que encomienda expresa la gratuidad del Reino: lo recibido como don debe darse como don. Este Evangelio toca directamente tu vida. Jesús ve tus fatigas, tus preocupaciones diarias, tus luchas silenciosas y también esos deseos profundos de servir pero que a veces se mezclan con dudas o cansancio. Su compasión no es teórica: es la de un Pastor que conoce tu nombre y comprende las cargas que llevas. Quizás hoy te sientes como parte de esa multitud: disperso, abatido o sin claridad. Jesús no te juzga; se acerca con ternura. Hoy te invita a dejarte reunir por Él para que experimentes su consuelo y recuperes dirección interior. La llamada a orar por obreros también te incluye. No se trata solo de pedir vocaciones, sino de disponerte tú mismo a ser enviado donde Jesús te necesite: en tu familia, tu comunidad, tu trabajo, tus relaciones cotidianas. La autoridad que Jesús da es espiritual: capacidad de consolar, sanar con palabras, abrazar al que sufre, sostener al débil y anunciar esperanza. El mandato final —“dadlo gratis”— te recuerda que lo esencial de tu vida no se compra: la fe, la misericordia, el perdón, la escucha, la presencia. Jesús hoy quiere enviarte, pero primero desea sanarte. Deja que su compasión restaure tu interior.

🙌 Oratio

Jesús amado, Pastor bueno, hoy vengo ante Ti con mis cansancios y mis anhelos de paz. Tú ves mis jornadas, mis preocupaciones y lo que a veces me pesa en el corazón. Gracias por tu compasión que no me exige perfección, sino sinceridad. Señor, reúname en tu amor cuando me siento disperso o herido. Toca las áreas donde llevo tiempo cargando solo y dame la valentía de entregártelas. Jesús, quiero escuchar tu llamada y responder con generosidad, pero necesito tu gracia. Infúndeme tu ternura para acompañar a quienes esperan consuelo, tu fuerza para sostener a quienes están abatidos, tu paz para llevar esperanza donde hay confusión. Hazme instrumento de tu Reino, lleno de humildad y alegría profunda. Espíritu Santo, guía mis pasos. Madre María, enséñame a servir con amor silencioso y fiel. Amén.

🕊️ Contemplatio

Imagina a Jesús caminando entre una multitud cansada. De pronto, se acerca a ti. Su mirada es suave, llena de compasión profunda. Coloca su mano sobre tu corazón y sientes un descanso que te envuelve. Te dice en voz serena: “Déjame reunir tus fatigas”. Luego te invita a caminar a su lado por un sendero tranquilo. El viento es suave, la luz cálida. Jesús te habla con ternura y te muestra personas necesitadas de consuelo. Te mira y sonríe: “Conmigo puedes sanar y acompañar”. Quédate ahí, respirando su paz y recibiendo su misión con amor.

🤝 Compromiso

El compromiso para hoy nace de la compasión de Jesús. Elige un gesto de misericordia gratuito hacia alguien que esté cansado o herido: una llamada, una escucha paciente, una ayuda sencilla. En tu familia, procura un ambiente de paz evitando palabras que hieran y sembrando ánimo. En tu comunidad, ofrece tu disponibilidad para colaborar en algo pequeño que aporte vida. Durante el día, repite en tu interior: “Señor, hazme instrumento de tu compasión”. Por la noche, haz un examen sencillo: ¿Cómo dejé que Jesús reuniera mi corazón? ¿A quién ofrecí consuelo? ¿Qué recibí gratuitamente y pude darlo? Entrégale todo con confianza.

📢 Peticiones

Por los cansados y dispersos del mundo, para que encuentren en Cristo descanso y dirección. Por quienes ejercen misión pastoral, para que vivan con compasión y humildad. Por nuevas vocaciones al servicio del Reino. Por los enfermos y heridos del alma, para que experimenten sanación. Por nosotros, llamados a anunciar y dar gratis lo recibido.

🛐 Oración de Consagración

Señor Jesús, gracias por tu mirada llena de compasión que restaura mi vida. Hoy te consagro mi corazón, mis intenciones y mis pasos. Padre bueno, recibe mi deseo sincero de servirte con amor. Espíritu Santo, renueva mis fuerzas y hazme dócil a la misión que Tú inspiras. Madre María, acompáñame y enséñame tu entrega silenciosa. Ofrezco mi jornada, mis gestos y mis palabras para que reflejen la gratuidad del Reino. Rezo con amor el Padrenuestro y el Avemaría, confiando mi vida entera al Corazón de Jesús.

📖 Hermenéutica

Este pasaje nos sitúa en un momento clave del Evangelio según Mateo: la transición entre la misión personal de Jesús y la participación activa de los discípulos. La descripción inicial de Jesús recorriendo ciudades y aldeas resalta su compromiso pastoral. Él no espera que las personas vengan a Él; sale a encontrarlas. Su actividad tripartita —enseñar, proclamar y sanar— revela el núcleo de su misión mesiánica. El término griego splagjnizomai, traducido como “compasión”, expresa un movimiento profundo de las entrañas. Esta no es una compasión distante, sino un amor visceral que se conmueve por el sufrimiento. La multitud aparece como ovejas sin pastor, evocando pasajes proféticos donde Dios mismo promete cuidar a su pueblo (cf. Ez 34). Jesús se presenta así como el Pastor esperado, cumpliendo la promesa divina. La invitación a orar por obreros manifiesta que la misión no es iniciativa humana, sino respuesta a una gracia. Según Dei Verbum y la enseñanza del Catecismo, la palabra y la misión nacen del Espíritu y requieren oración perseverante (CIC 767-768). Cuando Jesús llama a los Doce, les otorga autoridad para sanar y liberar, participando de su misma fuerza salvífica. Esta autoridad no es jerárquica en sentido mundano, sino sacramental: una presencia que transmite gracia. La misión que se les confía coincide con la de Jesús: sanar, liberar, despertar vida. El mandato “Id a las ovejas perdidas de la casa de Israel” no expresa exclusión, sino pedagogía divina. Jesús inicia la misión dentro del pueblo de la alianza para, desde allí, extenderla a todas las naciones (cf. Mt 28,19). El envío de los discípulos implica gratuidad absoluta: “Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis”. Este principio refleja el corazón del Evangelio: la salvación no se compra ni se negocia. La gracia es don, y el discípulo está llamado a reproducir esa lógica en su servicio. En la tradición patrística, san Juan Crisóstomo afirma que la compasión de Jesús es fundamento de toda evangelización. Y san Gregorio Magno enseña que el verdadero pastor “lleva sobre sí el cansancio de los demás”. Para la vida espiritual, este texto ilumina dos dimensiones: primero, dejarse reunir por Jesús en la propia dispersión interior; segundo, participar de su misión con un corazón lleno de misericordia. El discípulo no sana por sí mismo, sino porque Cristo actúa en él. Hoy este Evangelio invita a revisar la calidad de nuestra compasión, nuestra oración por la misión y nuestra disposición a servir sin buscar reconocimiento. Jesús te llama a ser obrero de su mies: alguien que anuncia, acompaña y sana desde la gratuidad.