📅 06/10/2026
San Lucas 10,38-42
ay días en que haces muchas cosas y, al final, sientes que ninguna alcanzó. Atiendes mensajes, trabajo, familia, pendientes y compromisos, pero por dentro permanece una inquietud que no sabes explicar. Marta conoce ese cansancio. María, en cambio, se detiene a los pies de Jesús. Hoy el Evangelio no desprecia el servicio, sino que pregunta desde dónde estás viviendo lo que haces. Lee Lucas 10,38-42 lentamente. Deja que Jesús pronuncie también tu nombre. Recuerda esta frase: «Antes de hacer para Jesús, aprende a estar con Jesús». Hoy detente unos minutos y escúchalo.
Busca un lugar donde puedas permanecer unos minutos sin interrupciones. Siéntate con una postura cómoda y estable. Apoya los pies en el suelo y respira despacio. Deja por un momento los pendientes, las conversaciones y las preocupaciones. Reconoce que estás ante Dios y que Él desea encontrarse contigo. Puedes decir interiormente: «Señor, aquí estoy; confío en ti y quiero escucharte». Abre tus sentidos a la escena. Mira la casa de Marta, contempla a María sentada a los pies de Jesús y escucha su palabra. No tengas prisa por comprenderlo todo. Permanece disponible ante la Escritura y permite que Cristo te hable.
ste martes se celebra la Feria del Tiempo Ordinario, con color verde, o la memoria de San Bruno, Presbítero, con color blanco. La liturgia presenta a Marta y María para enseñarnos a integrar servicio y escucha. San Bruno ofrece un testimonio de búsqueda de silencio, penitencia y contemplación. El Evangelio recuerda que toda actividad cristiana necesita nacer de la escucha de Jesús. Antes de llenar nuestras manos de tareas, necesitamos permitir que su Palabra ordene nuestro corazón.
Yo soy quien entra en tu casa y pronuncia tu nombre con ternura. Sé cuánto haces, cuánto cargas y cuántas veces sientes que todo depende de ti. No quiero quitarte tu servicio; quiero devolverte el corazón con el que sirves. Siéntate conmigo, escucha mi palabra y deja que mi presencia calme aquello que te inquieta. Cuando vuelvas a levantarte para servir, quiero que tus manos lleven la paz que primero recibiste de mí.
Padre bueno, gracias por regalarme este momento para detenerme delante de ti. Jesús, tú conoces mi corazón y sabes cuántas cosas me preocupan. Muchas veces quiero servirte, pero termino cansado, inquieto o esperando que otros reconozcan lo que hago. Espíritu Santo, enséñame a escuchar antes de actuar y a descubrir la presencia de Jesús en medio de mis tareas. Dame un corazón disponible para recibir su Palabra. María, Madre de Jesús, acompáñame en esta oración. Enséñame a guardar las palabras de tu Hijo y a permanecer cerca de Él. Intercede por quienes viven agotados, por quienes cargan responsabilidades familiares y por quienes buscan un espacio de silencio. Señor, recibe mis preocupaciones y mis pendientes. Hazme capaz de sentarme hoy a tus pies y de dejar que tu Palabra vuelva a poner mi vida en su lugar.
Evangelio según san Lucas 10, 38-42 En aquel tiempo, entró Jesús en un poblado, y una mujer llamada Marta, lo recibió en su casa. Ella tenía una hermana, llamada María, la cual se sentó a los pies de Jesús y se puso a escuchar su palabra. Marta, entre tanto, se afanaba en diversos quehaceres, hasta que, acercándose a Jesús, le dijo: “Señor, ¿no te has dado cuenta de que mi hermana me ha dejado sola con todo el quehacer? Dile que me ayude”. El Señor le respondió: “Marta, Marta, muchas cosas te preocupan y te inquietan, siendo así que una sola es necesaria. María escogió la mejor parte y nadie se la quitará”. Palabra del Señor.
¿Qué dice el texto? Lucas presenta a Jesús entrando en una casa donde Marta lo recibe y María se sienta a sus pies para escuchar. El contraste no enfrenta simplemente trabajo y oración. Marta está preocupada y dispersa por muchos quehaceres, mientras María permanece atenta a la palabra del Señor. Jesús repite el nombre de Marta, gesto cercano que expresa afecto y atención. La expresión «una sola es necesaria» orienta el relato hacia la prioridad de escuchar al Señor. María ha escogido la mejor parte porque recibe la palabra antes de cualquier actividad. El pasaje pertenece a la enseñanza de Jesús sobre el discipulado y prepara al lector para aprender a escuchar. ¿Qué me dice a mí? Tal vez reconoces a Marta en tu propia vida. Te levantas con pendientes, respondes mensajes, trabajas, atiendes a tu familia, resuelves problemas y llegas a la noche con la sensación de que todavía falta algo. Puedes estar haciendo cosas buenas y, al mismo tiempo, vivir interiormente inquieto. Jesús no te reprocha servir. Te pregunta desde dónde estás sirviendo. Si eres esposo o esposa, quizá estás tan ocupado cuidando la casa que has dejado de escuchar lo que vive tu cónyuge. Si eres padre o madre, puedes atender muchas necesidades de tus hijos y olvidar regalarles una conversación tranquila. Si eres joven, quizá llenas tus horas de estudio, trabajo, amistades y pantallas, pero casi no tienes espacio para escuchar a Cristo. Si eres mayor, puedes cargar responsabilidades familiares y sentir que debes seguir resolviendo todo. Si vives una vida consagrada, también puedes descubrir que las tareas apostólicas ocupan el espacio que necesita la oración. María se sienta a los pies de Jesús. Hoy tú también puedes hacerlo. No necesitas abandonar tus obligaciones. Necesitas recuperar el centro. Pregúntate qué tarea puede esperar y qué encuentro con Jesús estás posponiendo. Quizá cinco minutos de silencio, un Evangelio leído lentamente o una oración antes de comenzar el trabajo cambien la manera en que atraviesas el día. Jesús conoce tu nombre. Escúchalo decirte: «Marta, Marta». Deja que su mirada llegue hasta esa inquietud que escondes detrás de tus ocupaciones. Permite que Él vuelva a enseñarte una cosa necesaria: estar con Él para aprender a servir desde su amor.
Señor Jesús, reconozco que muchas veces me parezco a Marta. Quiero atenderlo todo, resolverlo todo y cumplir con todos, pero termino inquieto y cansado. A veces me cuesta detenerme porque siento que, si dejo una tarea pendiente, algo saldrá mal. Te agradezco porque no me rechazas cuando estoy así. Tú pronuncias mi nombre y me miras con paciencia. Gracias porque conoces mi cansancio y sabes lo que hay detrás de mis preocupaciones. Te pido que me enseñes a distinguir lo urgente de lo verdaderamente necesario. Dame libertad para detenerme, escucharte y recibir tu Palabra. Ayúdame a servir a mi familia sin resentimiento, trabajar sin perder la paz y cumplir mis responsabilidades sin olvidar tu presencia. Te ofrezco mis pendientes, mis prisas y mi necesidad de controlar. Te ofrezco también las personas que amo y las tareas que hoy debo realizar. Señor, enséñame a sentarme contigo antes de salir a servir. Que mi actividad nazca de la oración y que mi oración me conduzca al servicio. Quédate conmigo y ordena mi corazón.
magínate dentro de aquella casa. La tarde es cálida y entra una brisa suave por la puerta. Escuchas los pasos de Marta y el movimiento de los utensilios. Al otro lado, María permanece sentada a los pies de Jesús. Ves a Jesús mirarla y después dirigir sus ojos hacia ti. Su mirada es serena, cercana y llena de comprensión. Sientes cómo disminuye poco a poco la tensión que llevas dentro. Escuchas su voz pronunciar tu nombre. En silencio, deja tus tareas a un lado. No tienes que demostrar nada. Solo recibe su mirada, su Palabra y la paz de estar con Él.
Hoy elige un momento específico para sentarte a los pies de Jesús antes de terminar tus actividades. Pueden ser diez minutos al despertar, durante una pausa laboral o antes de dormir. Lee nuevamente Lucas 10,38-42 y permanece en silencio después de escuchar la frase que más te haya tocado. Después identifica una preocupación que te está quitando paz y entrégasela a Jesús. En casa, procura realizar una tarea sin quejarte ni esperar reconocimiento. En el trabajo, evita llenar cada silencio con pendientes y permite unos minutos de atención serena. Si tienes un momento de oración habitual, protégelo como un encuentro verdadero. Al final di: «Jesús, aquí estoy. Recibe mis tareas y mis preocupaciones. Enséñame a escucharte antes de servir y a servir desde tu amor..
Marta recibió a Jesús en su casa, pero necesitó aprender nuevamente a poner su corazón en su presencia. Pidamos al Señor que también nosotros sepamos detenernos, escuchar y servir desde el amor. Por quienes buscan crecer en la fe, para que encuentren espacios de oración donde puedan escuchar la Palabra y reconocer la presencia de Cristo. Roguemos al Señor. Por las familias, especialmente por quienes cargan muchas responsabilidades, para que aprendan a compartir las tareas y encuentren momentos para escucharse con paciencia. Roguemos al Señor. Por quienes viven cansancio, ansiedad, enfermedad o soledad, para que encuentren descanso, compañía y personas capaces de escuchar sus necesidades. Roguemos al Señor. Por quienes viven sometidos a ritmos de trabajo excesivos, para que nuestra sociedad valore la dignidad de la persona y promueva tiempos de descanso, familia y cuidado. Roguemos al Señor. Por las vocaciones contemplativas y por quienes buscan discernir su camino de vida, para que aprendan, como San Bruno, a buscar a Cristo en el silencio, la oración y la entrega. Roguemos al Señor.
Padre bueno, gracias porque en Jesús nos permites descansar y escuchar tu Palabra. Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén. María, Madre nuestra, ponemos en tus manos nuestras preocupaciones y trabajos. Enséñanos a escuchar a Jesús y a servir con amor. Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte.
Lucas presenta este episodio dentro del camino de Jesús hacia Jerusalén. Después de la parábola del buen samaritano, el lector encuentra ahora una escena doméstica donde dos hermanas reciben a Jesús. El relato pertenece a la enseñanza sobre el discipulado y muestra dos actitudes ante la presencia del Señor. Marta recibe a Jesús y se ocupa de los preparativos; María se sienta a sus pies y escucha. Sentarse a los pies de un maestro expresa una postura de discípulo. En el contexto cultural del relato, la escena tiene además un matiz significativo: Jesús reconoce el derecho de María a ocupar el lugar de quien aprende y recibe la Palabra. Dos expresiones griegas iluminan la escena. periespato, «estaba afanada» o «distraída», expresa una actividad que termina fragmentando la atención. El problema no es el servicio mismo, sino que muchas preocupaciones han ocupado el centro. merimnas, «te preocupas», describe una inquietud que divide interiormente. Jesús repite el nombre de Marta, Marta, Marta, antes de corregirla, mostrando cercanía y afecto. Finalmente afirma que María escogió la «mejor parte». La expresión no convierte el servicio en algo inferior, sino que establece una prioridad: la escucha de Jesús debe sostener toda acción del discípulo. La estructura del relato conduce de la acogida, al afán, de la queja, a la palabra de Jesús y finalmente a la elección de la escucha. San Agustín, al comentar la relación entre Marta y María, distingue en ellas dimensiones de la vida cristiana relacionadas con el servicio y la contemplación, señalando la primacía de aquello que permanece en Dios. La tradición patrística permite leer el relato sin despreciar el servicio, pero reconociendo que la actividad necesita orientarse hacia el Señor. Dei Verbum 25 exhorta a los fieles a acercarse asiduamente a la Sagrada Escritura para escuchar a Cristo que les habla. La memoria de San Bruno armoniza de manera especial con esta lectura: su vida estuvo marcada por la penitencia, la soledad, la contemplación y una forma comunitaria de vida. La liturgia presenta así una invitación a recuperar la escucha en medio de las ocupaciones. El silencio cristiano no significa huir de la responsabilidad, sino disponer el corazón para recibir la Palabra que da sentido al servicio. Este Evangelio habla a quien vive atrapado entre pendientes, responsabilidades familiares y exigencias laborales. Una madre o un padre puede amar profundamente a su familia y necesitar, aun así, aprender a detenerse para escuchar a quienes ama. Una persona consagrada puede entregar muchas horas al apostolado y descubrir que necesita proteger la intimidad con Cristo. El desafío contemporáneo aparece cuando el activismo ocupa todo el espacio interior y la persona termina identificando su valor con lo que produce. Francisco ha insistido en que la vida cristiana necesita encuentro personal con Jesucristo y una relación viva con su Palabra. Lucas invita a revisar el ritmo cotidiano: ¿hay espacio real para escuchar? Marta recibe a Jesús en casa, pero María se deja recibir por su palabra. El discípulo necesita ambas dimensiones, aunque el Evangelio establece la prioridad que las ordena: permanecer con Cristo para que el servicio brote de Él.