📅 19/06/2025
Mateo 6, 1-6. 16-18
Hoy el Evangelio nos invita a la intimidad espiritual. En un mundo lleno de apariencias, Jesús nos recuerda que lo esencial se vive en lo secreto del corazón. Que esta jornada nos lleve a una renovación interior, confiando en que el Padre ve lo oculto y lo transforma con amor.
Haz una pausa en tu rutina. Cierra los ojos, respira hondo y deja que el silencio te envuelva. Abandona los ruidos internos, y dile a Dios: “Aquí estoy”. Disponte a escuchar una Palabra viva que no juzga, sino que transforma. Que tu alma sea tierra fértil donde el Espíritu Santo pueda sembrar.
Jesús enseña a vivir la limosna, la oración y el ayuno con autenticidad y humildad.
“Lo que agrada al Padre no es lo que brilla ante los hombres, sino lo que nace del amor puro… ¡Oh alma, permanece oculta en Mí y desde allí, actúa!” — Concepción Cabrera de Armida, “Yo Soy”
Trinidad Santísima, fuente de todo amor: Padre eterno, que todo lo ves en lo secreto, Hijo amado, que nos enseñas a vivir en la verdad, Espíritu Santo, que habitas en lo íntimo del alma. Hoy queremos escucharte, adorarte y rendirnos a tu voluntad. Purifica nuestras intenciones y ayúdanos a vivir cada acto con humildad. Haznos discípulos que buscan agradarte solo a Ti. Amén.
“Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para que os vean; en tal caso no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos. Así que, cuando hagas limosna, no lo vayas trompeteando por delante como hacen los hipócritas… Tú, en cambio… que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha… Cuando oréis, no seáis como los hipócritas… entra en tu aposento y… ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto… Cuando ayunéis, no pongáis cara triste… Tú, en cambio, perfuma tu cabeza… para que tu ayuno sea visto… por tu Padre que está en lo secreto…”
Nos hallamos en el Sermón del Monte. Mateo, fiel al estilo sapiencial judío, recoge la enseñanza ética de Jesús centrada en la interiorización de la ley y la pureza de intención. Estas prácticas – limosna, oración y ayuno – eran pilares de la piedad judía. Jesús no las rechaza, sino que redefine su sentido: no como espectáculo, sino como expresión de amor sincero al Padre. Jesús dirige su mirada al corazón. Nos advierte del peligro de vivir para ser vistos y no para amar. La espiritualidad auténtica es silenciosa, discreta, fecunda. La limosna debe ser generosa y sin ostentación (cf. Mt 6,3). La oración, íntima y confiada (cf. CEC 2558). El ayuno, alegre y oculto, como una ofrenda secreta al Padre (cf. Mt 6,17-18). San Agustín decía: “Dios es más íntimo a mí que yo mismo”. Esta es la esencia del mensaje: vivir ante su mirada amorosa, no ante la mirada del mundo. El Catecismo enseña que la oración es una relación viva y personal con Dios (CEC 2565). Y eso se cultiva no con exhibición, sino con autenticidad. Preguntas para meditar: ¿Para quién estoy viviendo mi fe: para Dios o para los demás? ¿Estoy buscando aplausos o buscando a Dios en lo secreto? ¿Mis actos religiosos nacen del amor o de la costumbre?
Padre bueno, enséñame a esconderme en tu presencia, a hacer el bien sin esperar reconocimientos, a orar sin palabras, con el corazón sincero. Hazme humilde para dar sin ruido, fiel para orar en lo oculto, firme para ayunar en alegría. Quiero agradarte solo a Ti. Purifica mis intenciones y llévame por el camino del amor verdadero. Todo lo hago por Ti y para Ti, que ves lo que nadie más ve.
Qué hermoso es saber que hay un Padre que ve en lo secreto… Qué paz habitar en su mirada, silenciosa y amorosa. Qué libertad no tener que aparentar nada, y ser simplemente hijo. Qué dulzura orar sin palabras, y ayunar con el alma alegre. Descansa… Dios está aquí.
Personal: Hoy ofreceré una limosna, oración o sacrificio sin que nadie lo sepa. Será mi secreto con Dios. Familiar o comunitario: Fomentaré una práctica en casa o en comunidad que no busque ser vista, sino vivida con amor (por ejemplo, orar juntos al terminar el día sin necesidad de anunciarlo). Examen de conciencia: ¿He actuado solo por ser visto o reconocido? ¿He despreciado los pequeños actos ocultos que solo Dios ve? ¿Mi vida es coherente en lo privado y en lo público?
Por la Iglesia, para que sea testimonio silencioso y fiel del amor de Dios. Por quienes viven su fe en medio de la persecución o el anonimato, que el Padre los fortalezca. Por los cristianos que caen en la tentación de la apariencia, que descubran la alegría de lo escondido. Por nuestras familias, para que aprendamos a orar juntos desde el corazón. Por nosotros, para que crezcamos en humildad y autenticidad espiritual.
Gracias, Señor, porque me llamas a una relación íntima contigo. Hoy consagro esta jornada a tu voluntad, y me abandono a tu providencia. Padre nuestro… Dios te salve, María… Virgen Santísima, Madre de la vida oculta, enséñame a amar el silencio y a vivir en lo secreto, como tú lo hiciste en Nazaret.