📅 14/12/2025
Mateo 11, 2-11
Jesús abre caminos aun cuando nuestras fuerzas parecen agotarse, y en medio de dudas o cansancio interior, Él está actuando silenciosamente. Si sientes confusión o buscas claridad en decisiones importantes, este momento de oración es un espacio donde tu corazón podrá descansar y reencontrar esperanza profunda.
Antes de disponerte a orar, toma una respiración lenta y profunda, dejando que tus hombros bajen suavemente. Siente cómo el aire entra y sale, regalando calma a tu interior. Reconoce que Dios ya te envuelve con su presencia amorosa. Permite que tu mente, tus sentidos y tu corazón se reúnan en quietud confiada. Ven tal como estás, sin máscaras ni exigencias.
Jesús responde a la duda de Juan revelando signos que despiertan consuelo, esperanza y firmeza interior.
Yo soy la Luz que se inclina hacia tus sombras, y vengo a confirmarte que mi amor nunca engaña. Cuando no comprendes mis caminos, permanece cerca de mí y te mostraré mi paso.
Padre, Hijo y Espíritu Santo, vengo con sencillez a tu presencia porque necesito tu luz y tu paz. Reconozco mis dudas, mis miedos y todo lo que me pesa. Dame la gracia de escuchar tu voz en esta Palabra y de abrirme a tu consuelo. Jesús, Maestro y Amigo, acompáñame en este encuentro. María, Madre fiel, cúbreme con tu ternura y llévame hacia tu Hijo con corazón dócil y esperanzado.
“En aquel tiempo, Juan se encontraba en la cárcel, y habiendo oído hablar de las obras de Cristo, le mandó preguntar por medio de dos discípulos: ‘¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?’ Jesús les respondió: ‘Vayan a contar a Juan lo que están viendo y oyendo: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios de la lepra, los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia el Evangelio. Dichoso aquel que no se sienta defraudado por mí’. Cuando se fueron los discípulos, Jesús se puso a hablar a la gente acerca de Juan: ‘¿Qué fueron ustedes a ver en el desierto? ¿Una caña sacudida por el viento? No. Pues entonces, ¿qué fueron a ver? ¿A un hombre lujosamente vestido? No, ya que los que visten con lujo habitan en los palacios. ¿A qué fueron, pues? ¿A ver a un profeta? Sí, yo se lo aseguro; y a uno que es todavía más que profeta. Porque de él está escrito: He aquí que yo envío a mi mensajero para que vaya delante de ti y te prepare el camino. Yo les aseguro que no ha surgido entre los hijos de una mujer ninguno más grande que Juan el Bautista. Sin embargo, el más pequeño en el Reino de los cielos, es todavía más grande que él’.”
Jesús responde a la incertidumbre de Juan mostrando signos que revelan el cumplimiento de las promesas mesiánicas: curaciones, vida nueva y anuncio a los pobres. Mateo subraya que el Reino irrumpe con obras visibles. Juan, firme pero humano, busca confirmar la identidad de Jesús. Cristo lo honra como profeta y precursor, indicando que su grandeza radica en preparar el camino. Sin embargo, afirma que la nueva realidad del Reino supera toda expectativa, incluso la figura de Juan. Parte B: En este pasaje, Jesús se acerca a nuestras dudas con paciencia infinita. Juan, aun siendo un gigante espiritual, experimenta confusión en la cárcel, y Jesús no lo reprocha: le ofrece signos que renuevan el corazón. También nosotros, en momentos en que la vida parece reducirse a espacios cerrados, sentimos el deseo de preguntar: “Señor, ¿estás aquí realmente?”. Jesús responde invitándonos a mirar lo que está vivo, lo que renace, lo que sana en nuestra historia. Él confirma su presencia en lo pequeño, en lo que crece en silencio. Su mensaje final, “dichoso quien no se sienta defraudado por mí”, nos llama a confiar incluso cuando su modo de actuar no coincide con nuestras expectativas.
Jesús amado, aquí estoy ante Ti con mis preguntas, mis miedos y mis búsquedas más sinceras. A veces mi corazón se parece a la cárcel de Juan, atrapado entre incertidumbres y esperas largas. Te pido que me muestres tus signos: aquello que en mí vuelve a ver, a caminar, a vivir. Dame la gracia de reconocer tu paso aun cuando es discreto. Jesús, que nada me aparte de Ti ni me haga desconfiar de tu amor. Enséñame a creer más allá de mis emociones, y a sostener mi mirada en tu presencia fiel. Quédate conmigo y renueva mi esperanza.
Me imagino junto a Juan en su silencio interior. Miro cómo Jesús recibe la pregunta y responde con obras que brotan de ternura y poder. Dejo que esos signos se desplieguen ante mí, como luz suave que toca mis rincones cansados. Escucho a Jesús pronunciar mi nombre y decirme que no tema. Respiro su paz, abrazo su presencia y permanezco en ese espacio donde todo se aquieta y el alma descansa en Él.
Hoy me comprometo a cultivar una mirada más abierta a los signos de vida que Jesús ya está realizando en mí. Quiero ofrecer un gesto amable a alguien que atraviese dudas, recordándole que no está solo. En casa viviré con más paciencia, escuchando sin prisa. En la comunidad pediré la gracia de confiar juntos en la obra de Dios. Antes de dormir revisaré mi día y agradeceré cada pequeño acto donde descubrí luz, aunque haya pasado desapercibido.
Por la Iglesia, para que anuncie con alegría los signos del Reino. Por quienes dudan o sufren, para que encuentren consuelo en Cristo. Por los encarcelados y los que viven situaciones límites. Por las familias que buscan esperanza. Por nosotros, para reconocer la voz de Jesús en lo cotidiano.
Jesús, gracias por tu Palabra que ilumina mi vida. Padre nuestro… Te consagro este día y mis pasos futuros, confiando en tu ternura que me sostiene. María, Madre del silencio y de la espera, te entrego mi corazón para que lo formes según el tuyo. Acompáñame en mi camino hacia tu Hijo y cúbreme con tu amor materno.
Mateo presenta este pasaje como revelación progresiva del Mesías. Juan, llevado por su misión profética y su encarcelamiento, representa al Israel que espera cumplimiento. Sus dudas no son rechazo, sino deseo sincero de certeza. Jesús responde con obras mesiánicas anunciadas en Isaías: vista a los ciegos, caminar a los cojos, liberación y anuncio a los pobres. Estas obras confirman que el Reino ya actúa con poder transformador. El elogio de Jesús a Juan reconoce su papel único en la historia de la salvación; sin embargo, al decir que “el más pequeño en el Reino es más grande”, Jesús introduce la novedad absoluta de la filiación ofrecida por Él. En Cristo, la grandeza no proviene del rol histórico, sino de la participación en la vida nueva que Él inaugura. El Reino supera las categorías antiguas: la grandeza se mide por comunión, no por función. El mensaje central invita a confiar incluso cuando Dios actúa de modos inesperados. Jesús no se ajusta a las expectativas políticas o triunfalistas del Mesías; su fuerza se expresa en misericordia, sanación y cercanía a los marginados. Mateo resalta además que la verdadera fe se sostiene en signos concretos de vida nueva, no en idealizaciones. El pasaje revela la pedagogía amorosa de Jesús, que confirma, acompaña y renueva el corazón humano. La Iglesia, siguiendo este texto, reconoce que la misión profética continúa al anunciar que el Reino llega allí donde la vida se restaura y la esperanza renace.