📅 13/09/2025
Lucas 6, 43-49
Jesús habla de frutos y cimientos que en decisiones, pérdidas y reconstrucciones, Él está guiando tu corazón a la verdad. Si sientes miedo al futuro o cansancio en las pruebas, este momento de oración es un taller interior para discernir, sanar y edificar sobre roca.
Antes de entrar en la Palabra, apoya bien los pies, alarga tu espalda y respira tres veces con calma… Siente cómo el aire te aquieta y te devuelve a este momento. La presencia de Dios ya está aquí, real y amorosa, sosteniéndote sin reproches. No debes lograr nada; solo disponerte. Ven como estás: con dudas, heridas, culpas y deseos. Abre tus sentidos, tu mente y tu corazón para encontrarte con Jesús que te habla.
El fruto revela el corazón; construir sobre roca vence temores y sostiene la vida en tormentas cotidianas.
Yo soy tu Roca fiel… si te apoyas en mí, tu corazón hallará firmeza… te prometo paz que resiste ríos y vientos.
Padre amado, en el nombre de Jesús y con la fuerza del Espíritu Santo, vengo ante Ti con humildad. Reconozco mis prisas, mis miedos y mis decisiones frágiles. Necesito tu luz para discernir el bien y tu firmeza para construir mi vida sobre la roca de tu Palabra. Dame docilidad para escuchar, valentía para obedecer y paciencia para perseverar cuando soplen vientos y crezcan ríos. Purifica mis intenciones, sana lo que está quebrado y fortalece lo que ya has iniciado en mí. Que María, Madre fiel, me tome de la mano, me enseñe a guardar lo que Tú dices y a ponerlo por obra con amor sencillo. Amén.
Lucas 6, 43-49 43 «No hay árbol bueno que dé fruto malo, ni árbol malo que dé fruto bueno. 44 Cada árbol se conoce por su fruto: porque no se recogen higos de los espinos, ni se vendimian uvas de las zarzas. 45 El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el malo, de su mal saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla su boca. 46 ¿Por qué me llamáis: "Señor, Señor", y no hacéis lo que digo? 47 Todo el que viene a mí, escucha mis palabras y las pone en práctica, os voy a decir a quién se parece: 48 Se parece a un hombre que, al edificar una casa, cavó y ahondó y puso los cimientos sobre roca. Al venir una inundación, el torrente dio contra aquella casa y no pudo derribarla, porque estaba bien construida. 49 Pero el que oye y no pone en práctica se parece a un hombre que edificó su casa sobre tierra, sin cimiento; el torrente dio contra ella, y en seguida se desplomó; y fue grande la ruina de aquella casa.»
Este pasaje concluye el Sermón de la Llanura con dos imágenes decisivas: el árbol que se conoce por su fruto y la casa edificada sobre roca. Jesús define la autenticidad del discípulo: no basta decir “Señor”, sino escuchar y practicar su Palabra. “Roca” remite a solidez y fidelidad; “arena” expresa inconsistencia. El género es sapiencial y parenético, buscando formar el corazón. Conecta con Mateo 7,15-27 y con Salmo 18, que presenta a Dios como roca. También evoca Deuteronomio 30: escoger la vida obedeciendo. El criterio es claro: la vida revela la raíz; la práctica revela la fe, siempre. ¿QUÉ ME DICE A MÍ? – Dios me habla personalmente hoy Esta Palabra te invita a revisar desde dónde estás construyendo tu vida. Tal vez tienes proyectos, relaciones o decisiones apoyadas en emociones pasajeras, opiniones ajenas o urgencias del momento. Jesús te propone un fundamento estable: escuchar su Palabra y ponerla por obra. Pregúntate: ¿En qué área de tu vida necesitas especialmente esta Palabra? Quizá en tu matrimonio, en la gestión del dinero, en la educación de tus hijos, en tu trabajo o en la salud emocional. Si hoy te descubres temiendo el futuro, recuerda que la roca no es tu fuerza, sino Cristo. Él te enseña a discernir el fruto: lo que nace de la confianza genera paz, servicio y perseverancia; lo que nace del ego produce prisa, comparación y cansancio. ¿Qué miedos o esperanzas toca en ti este mensaje? Dios te llama a crecer pasando de escuchar ocasionalmente a obedecer con constancia. Empieza por un paso concreto: orar cada día con el Evangelio, reconciliarte con alguien, ordenar prioridades, o pedir ayuda. Tu casa resistirá el río porque estará cimentada en Él, no en la volatilidad de tus impulsos. Confía: obedecer hoy abre mañana puertas que ahora no imaginas. Todavía.
Señor Jesús, me presento con lo que soy y con lo que me falta. A veces me cuesta escuchar de verdad y me quedo solo en palabras bonitas, sin pasar a los hechos. Te agradezco porque tu Evangelio me muestra un camino sólido cuando todo parece moverse. Gracias por recordarme que el fruto nace de la raíz y que Tú eres la roca que no falla. Te pido un corazón dócil para acoger tu Palabra y manos obedientes para convertirla en decisiones diarias: tiempo de oración, perdón ofrecido, prioridades ordenadas, servicio concreto. Cuando lleguen vientos y ríos, sostén mi casa con tu fidelidad. Te ofrezco mis proyectos, mi familia, mis miedos y mis heridas: pon Tú el cimiento donde yo vacilo. Dame sabiduría para distinguir lo que edifica de lo que se derrumba, y valentía para corregir planes construidos en la arena de mi orgullo. Que tu Espíritu forme en mí una vida simple, firme y fecunda.
Imagínate a la orilla de un río crecido, con nubes oscuras y viento. Ves a Jesús señalando dos casas: una tiembla sobre arena, la otra permanece en roca. Escucha su voz serena: “Ven y apóyate en mí”. Siente bajo tus pies el suelo firme cuando te acercas a Él. Percibe el murmullo del agua y, a la vez, la paz que crece dentro. Mira los ojos de Jesús, hondos y cercanos. Deja que su amor de Maestro y Hermano te abrace. No necesitas palabras: recibe fundamento, claridad, confianza y descanso. Quédate ahí, respirando, mientras su presencia sostiene tu casa. Firme.
Gesto personal: Dedicaré quince minutos a revisar una decisión importante a la luz del Evangelio y escribiré el primer paso obediente, por pequeño que sea, comprometiéndome a ejecutarlo durante la semana. Actitud familiar: Cuidaré mi lenguaje en casa, sembrando palabras que edifiquen, escuchando con atención y retirando las que derriban o confunden; propondré un gesto de reconciliación si hubo tensión reciente. Intención comunitaria: Ofreceré una hora de servicio práctico (escucha, ayuda, voluntariado) para fortalecer a alguien cuya “casa” está frágil por duelo, deuda o soledad, recordándole que no camina solo. Examen nocturno: Me preguntaré: ¿Construí hoy sobre roca o sobre arena? ¿Qué fruto dejaron mis palabras y mis decisiones? ¿Qué corregiré mañana para cimentar mejor con Cristo y perseverar?
Por la Iglesia y sus pastores, para que formen discípulos con vida coherente y cimientos firmes. Por el mundo y sus gobernantes, para que promuevan fundamentos de justicia y paz verdadera. Por quienes viven pruebas duras, para que encuentren en Cristo roca y refugio. Por nuestra comunidad, para que practiquemos lo que escuchamos y demos buen fruto. Por nosotros, para que construyamos cada día sobre la Palabra puesta en práctica.
Gracias, Señor Jesús, por tu Palabra que ilumina y sostiene mi vida. Reconozco que me llamas a edificar sobre la roca y deseo responder con confianza. Quiero rezar contigo el Padrenuestro, entregando mis decisiones y mis tiempos a la voluntad del Padre. Madre María, te consagro hoy mi casa interior y mi familia: cúbrenos con tu ternura, enséñame a escuchar y obedecer como tú. Acompáñame cuando lleguen ríos y vientos, para que permanezca firme en Cristo. Con afecto filial, te saludo con un Avemaría, pidiéndote que intercedas por mi perseverancia y por un corazón sencillo. Que en todo glorifique a Dios con obras nacidas de su Palabra.
1. CONTEXTO HISTÓRICO-LITERARIO El pasaje Lucas 6,43-49 cierra el Sermón de la Llanura, conjunto de enseñanzas éticas destinadas a forjar la identidad del discípulo. Lucas escribe a comunidades mayoritariamente gentiles, situadas en un ambiente urbano helenístico, que necesitan criterios prácticos para vivir la fe en medio de tensiones. El género es sapiencial y parenético: proverbios, comparaciones y llamadas a la decisión. El contexto inmediato incluye el amor a los enemigos, la regla de oro y la mirada sin juicio hipócrita. Aquí se pide coherencia: fruto bueno y cimiento sólido. 2. EXÉGESIS LINGÜÍSTICA Y SIMBÓLICA “Árbol” y “fruto” evocan la tradición bíblica de la sabiduría: la vida recta produce dulzura y alimento. En griego, “kalos” (bueno, bello) sugiere una bondad que también es hermosura visible. La “roca” remite a estabilidad, fidelidad y refugio; la “casa” simboliza la biografía entera. Las aguas torrenciales representan pruebas históricas: persecución, pobreza, conflictos. La estructura tiene paralelismos: discernir el origen (corazón) y verificar el resultado (obras). Conecta con Mateo 7,15-27 y con Salmo 18; resuena Deuteronomio 30 (elegir vida) y Proverbios 10–13. 3. INTERPRETACIÓN PATRÍSTICA Y MAGISTERIAL San Agustín interpreta el árbol como el hombre interior: el amor ordenado da buen fruto. Crisóstomo insiste en la práctica: escuchar sin obedecer edifica en arena. San Gregorio Magno subraya la vigilancia del corazón para no autoengañarse. El Catecismo enseña que las obras manifiestan la fe viva (nn. 1814-1816) y que la casa espiritual se consolida por la gracia sacramental y la caridad operante. El Magisterio reciente, especialmente Deus Caritas Est y Verbum Domini, invita a dejar que la Palabra transforme la existencia concreta. La liturgia proclama este texto en tiempo ordinario para modelar hábitos evangélicos persistentes. 4. APLICACIÓN PASTORAL CONTEMPORÁNEA En un mundo acelerado y emocionalmente volátil, muchos construyen sobre la arena de la inmediatez: impresiones, redes sociales, consumos y comparaciones. Este Evangelio ofrece un método: escuchar, discernir, decidir, perseverar. Para matrimonios, significa cultivar hábitos diarios de diálogo y perdón; para jóvenes, ordenar afectos y pantallas; para trabajadores, ética en decisiones pequeñas; para ancianos, esperanza activa. Ante crisis económicas o de salud, la roca es Cristo vivo, no la autosuficiencia. Desafíos pastorales: pasar de la inspiración a la práctica, acompañar procesos, y medir frutos objetivos (paz, servicio, fidelidad). La comunidad cristiana, como taller de construcción, ayuda a cimentar mediante Palabra, sacramentos y caridad concreta; así, la casa resiste los ríos y se vuelve refugio para muchos.