Lectio Divina Marcos 5, 21-43

📅 03/02/2026

📜 Evangelio del Día

Marcos 5, 21-43

✨ Motivación

Jesús se detiene y devuelve vida; aun en la enfermedad y el miedo, Él está cerca y escucha. Si sientes ansiedad o cansancio, este momento de oración es descanso para el alma y una chispa de esperanza que vuelve a encender la confianza.

📖 Introducción

Antes de comenzar esta Lectio Divina, siéntate con la espalda recta y los pies en el suelo; coloca una mano en el pecho y otra en el abdomen. Inhala lento contando cuatro, sostén un instante y exhala contando seis. Dios está aquí, mirándote con ternura. No necesitas demostrar nada: ven como estás, con tus preguntas y tu historia. Pide al Espíritu Santo que abra tus sentidos, tu mente y tu corazón para escuchar a Jesús vivo.

📝 Descripción

Entre la multitud, Jesús se deja tocar por la fe y devuelve paz, vida y dignidad.

💬 Cita Yo Soy

Yo soy Jesús, oculto en la Eucaristía; ven sin temor. Yo soy tu descanso. No temas: toca mi Corazón con tu fe, y yo te daré paz.

🙏 Oración Inicial

Padre amado, en tu presencia me pongo con confianza de hijo. Jesús, Hijo eterno hecho cercano, te abro mi vida tal como es. Espíritu Santo, soplo de Dios, ven a iluminar mi interior y a encender mi fe. Reconozco mi pobreza: a veces me vence el miedo, me canso y siento que ya no puedo más. Hoy te pido la gracia de encontrarte en tu Palabra y de tocarte con el corazón, como quien busca ser sanado. Sostén mi oración y hazme dócil a tu voz. María, Madre tierna, llévame de tu mano hasta Jesús; enséñame a esperar, a confiar y a permanecer en paz. Amén.

📖 Lectio

En aquel tiempo, cuando Jesús regresó en la barca al otro lado del lago, se quedó en la orilla y ahí se le reunió mucha gente. Entonces se acercó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo. Al ver a Jesús, se echó a sus pies y le suplicaba con insistencia: “Mi hija está agonizando. Ven a imponerle las manos para que se cure y viva”. Jesús se fue con él, y mucha gente lo seguía y lo apretujaba. Entre la gente había una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años. Había sufrido mucho a manos de los médicos y había gastado en eso toda su fortuna, pero en vez de mejorar, había empeorado. Oyó hablar de Jesús, vino y se le acercó por detrás entre la gente y le tocó el manto, pensando que, con sólo tocarle el vestido, se curaría. Inmediatamente se le secó la fuente de su hemorragia y sintió en su cuerpo que estaba curada. Jesús notó al instante que una fuerza curativa había salido de él, se volvió hacia la gente y les preguntó: “¿Quién ha tocado mi manto?” Sus discípulos le contestaron: “Estás viendo cómo te empuja la gente y todavía preguntas: “¿Quién me ha tocado?” Pero él seguía mirando alrededor, para descubrir quién había sido. Entonces se acercó la mujer, asustada y temblorosa, al comprender lo que había pasado; se postró a sus pies y le confesó la verdad. Jesús la tranquilizó, diciendo: “Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y queda sana de tu enfermedad”. Todavía estaba hablando Jesús, cuando unos criados llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle a éste: “Ya se murió tu hija. ¿Para qué sigues molestando al Maestro?” Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: “No temas, basta que tengas fe”. No permitió que lo acompañaran más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Al llegar a la casa del jefe de la sinagoga, vio Jesús el alboroto de la gente y oyó los llantos y los alaridos que daban. Entró y les dijo: “¿Qué significa tanto llanto y alboroto? La niña no está muerta, está dormida”. Y se reían de él. Entonces Jesús echó fuera a la gente, y con los padres de la niña y sus acompañantes, entró a donde estaba la niña. La tomó de la mano y le dijo: “¡Talitá, kum!”, que significa: “¡Óyeme, niña, levántate!” La niña, que tenía doce años, se levantó inmediatamente y se puso a caminar. Todos se quedaron asombrados. Jesús les ordenó severamente que no lo dijeran a nadie y les mandó que le dieran de comer a la niña.

🧘 Meditatio

En Marcos 5,21-43, dentro de una sección de milagros, Jesús responde a dos súplicas entrelazadas. Jairo, jefe de sinagoga, representa la fe que se humilla; la mujer con hemorragias vive exclusión ritual, pues su flujo la hacía impura (Lv 15). El relato muestra que la fe persevera cuando parece tarde. “Tocar el manto” expresa confianza en la cercanía de Dios. Jesús pregunta para sacar a la mujer del anonimato y devolverle dignidad llamándola “Hija”. “No temas; basta con que tengas fe” une ambas escenas. “Talitá kum” revela su autoridad sobre la muerte. La paz confirma para ti. ¿QUÉ ME DICE A MÍ? Dios me habla personalmente hoy: ¿Te sientes como Jairo, presionado por una urgencia que no admite espera? Tu corazón corre y, sin embargo, Jesús camina a su paso. En tu vida también hay “multitudes”: pendientes, mensajes, ruido, expectativas. En medio de todo, Él te mira y te escucha. Tal vez cargas una herida silenciosa como la mujer: algo que te agota, que te avergüenza o que te hace sentir fuera de lugar. Jesús no te humilla; te saca del escondite para devolverte nombre, dignidad y paz. Cuando parece que ya es tarde, Él te repite: “No temas; basta con que tengas fe”. Fe no es sentirte fuerte; es acercarte, tocar su manto con una oración breve, insistente, humilde. Si eres padre o madre, este Evangelio sostiene tu intercesión. Si estás solo, Jesús te llama “hijo” y “hija” y te abre familia. Si hoy estás enfermo, cansado o confundido, pide una cosa: confianza filial. Él puede levantar lo que se durmió en ti: la esperanza, la alegría, la capacidad de amar. Permite que su palabra “levántate” te encuentre. En tu trabajo no estás solo ante decisiones difíciles. En tu familia, su mano sostiene el vínculo.

🙌 Oratio

Señor Jesús, hoy me presento ante ti con mis prisas y mis miedos. A veces me cuesta creer cuando los hechos parecen gritar lo contrario, y mi corazón se agita como si todo dependiera de mí. Te agradezco porque no te molesta mi insistencia: tú escuchas, te detienes y me miras. Gracias porque tu amor sale a mi encuentro incluso cuando sólo alcanzo a rozarte con una oración pequeña. Te pido que sanes lo que me drena por dentro: la ansiedad, el resentimiento, la vergüenza, el cansancio. Regálame esa fe humilde que se abre paso entre la multitud. Te ofrezco mi casa, mi trabajo, mi familia y mi historia; toma mi mano como tomaste la de la niña y pronuncia sobre mí tu palabra de vida. Y cuando llegue la noticia que me asusta, susúrrame al oído: no temas. Enséñame a confiar como hijo y a descansar en ti. Amén.

🕊️ Contemplatio

Imagínate en la orilla del mar, entre gente que empuja y murmura. Ve a Jesús avanzar con calma, sin perder la ternura. Escucha tu respiración y la suya, cercana. Siente la tela de su manto, tibia, al alcance de tu mano. Míralo detenerse y buscarte con los ojos, como si sólo tú existieras. Oye su voz decir: “Hijo, hija, tu fe te ha salvado”. Ahora entra con él a la casa, percibe el silencio, y toma su mano. Deja que te diga: “Levántate”. En silencio, recibe paz. Permanece unos minutos ahí, sin hablar, dejando que su amor te sostenga hoy.

🤝 Compromiso

Gesto personal: hoy, al iniciar tu jornada, toca tu pecho y di tres veces: “Jesús, confío en ti”, sin prisa. Actitud familiar: en casa, escucha a alguien sin interrumpir y bendícelo con una frase de ánimo. Intención comunitaria: elige una persona enferma o mayor y envíale un mensaje, una llamada o una visita breve, ofreciendo oración. Examen nocturno: antes de dormir, pregúntate: ¿en qué momento tuve miedo y qué hice para acercarme a Jesús? Anota una línea: “Hoy me levanté cuando…”, y entrégale a Dios lo que aún duele. Mañana vuelve a empezar, como hijo amado. Si puedes, apaga cinco minutos el teléfono y quédate en silencio; deja que tu corazón se aquiete. Luego agradece una cosa y pide por quien hoy te cuesta amar.

📢 Peticiones

1) Por la Iglesia, para que anuncie a Cristo con humildad y esperanza, aun cuando el misterio de la cruz sea difícil de aceptar. Oremos. 2) Por los gobernantes y responsables de la sociedad, para que busquen el bien común y protejan a los más vulnerables, sin endurecer el corazón. Oremos. 3) Por quienes viven enfermedad, duelo o miedo, para que el Señor les conceda consuelo, fe y fortaleza interior. Oremos. 4) Por las familias, para que aprendan a escuchar, a comprender y a sostenerse en los tiempos de incertidumbre. Oremos. 5) Por nuestra comunidad, para que, aunque no entendamos todo, permanezcamos cerca de Jesús y crezcamos en confianza filial. Oremos.

🛐 Oración de Consagración

Gracias, Señor, porque hoy me miras con misericordia y no te alejas de mi fragilidad. Quiero vivir como hijo y por eso rezo el Padrenuestro con fe, dejándome sostener por tu voluntad. Madre María, me consagro a tu cuidado: toma mis miedos, mi familia y mis decisiones; llévame a Jesús y enséñame a decir “hágase”. Contigo quiero amar a la Iglesia y servir con alegría. Ahora, con tu ternura materna, acompáñame mientras rezo el Avemaría, esperando en la promesa de tu Hijo. Amén. Jesús Eucaristía, guarda mi corazón en tu paz y hazme dócil al Espíritu Santo. Que mi casa sea un pequeño santuario donde tu Nombre sea amado.

📖 Hermenéutica

Contexto histórico-literario: Marcos presenta a Jesús como el Hijo de Dios que vence el mal y sostiene la fe de una comunidad frágil. Mc 5,21-43 se ubica en una secuencia de signos (Mc 4–5) que revelan su autoridad sobre el caos, la impureza y la muerte. El género narrativo-milagroso tiene intención catequética: llevar al lector a confiar, no sólo a admirar. El escenario une la sinagoga (Jairo, autoridad religiosa) y la casa (vida familiar), indicando que el Señor entra en lo ordinario. La técnica del relato entrelazado (la curación de la mujer dentro de la historia de la niña) enseña que la fe madura en la espera. 2. Exégesis lingüística y simbólica: La “hemorragia” de doce años remite a Lv 15: impureza legal y aislamiento social; por eso la mujer se acerca “por detrás”, con temor y vergüenza. “Tocar el manto” no es superstición: es un gesto de fe que se abre paso entre la multitud. Jesús percibe que “la fuerza” sale de él, imagen de la gracia que comunica vida. Al decir “Hija”, la reintegra a una relación filial y a la comunidad. A Jairo le dice: “No temas”, fórmula bíblica de consuelo (Is 41,10), y le pide fe perseverante. “Talitá kum” (arameo) subraya cercanía: Jesús habla al corazón y toma la mano, signo de ternura y autoridad. 3. Interpretación patrística y magisterial: San Juan Crisóstomo ve en la hemorroísa una fe humilde y valiente, y en la pregunta de Jesús una pedagogía para que la fe salga a la luz y sane también el interior. San Agustín interpreta el doble milagro como paso de la muerte a la vida por la gracia: Cristo sana lo oculto y levanta lo que parecía terminado. San Ambrosio contempla la mano del Señor como medicina de misericordia. El Catecismo enseña que los milagros son signos del Reino y despiertan la fe (CIC 547-550), y que Cristo se compadece del sufrimiento humano (CIC 1503). En clave de oración, la Iglesia invita a contemplar a Cristo y dejarse transformar por su amor (CIC 2708). 4. Aplicación pastoral contemporánea: El texto ilumina diagnósticos, duelos, crisis familiares, cansancio laboral y heridas invisibles. Jesús no se deja dominar por la prisa del miedo: se detiene, escucha, nombra y devuelve paz. Para padres y madres, sostiene la intercesión sin desesperación. Para quien vive vergüenza o exclusión, ofrece dignidad y pertenencia. Para comunidades, pide acompañar sin juicio, proteger la fe de los frágiles y no apagar la esperanza con burla. Hoy, en la Eucaristía, Cristo sigue dejando “salir fuerza” para quien se acerca con confianza filial.