📅 18/11/2025
Lucas 19, 1-10
Jesús se invita a entrar en la casa de un pecador buscador, que en tus enredos de trabajo, familia y dinero está saliendo a tu encuentro. Si sientes culpa, soledad o miedo a cambiar, este momento de oración es refugio, luz y comienzo nuevo para tu corazón.
Antes de adentrarte en este Evangelio, siéntate con la espalda recta, apoya bien los pies y coloca suavemente las manos sobre tus piernas. Inspira profundo por la nariz y suelta el aire despacio, tres veces, dejando ir tensiones. Dios ya está aquí, en lo secreto de tu habitación y de tu historia, mirándote con ternura. No hace falta que seas perfecto: ven como estás, con tu mente, tus sentidos y tu corazón abiertos.
Un hombre buscado en su desorden interior, sorprendido por una visita gratuita que transforma culpa en fiesta.
Yo soy Jesús, quien todo facilita para tu bien; entro hoy en la casa de tu corazón sin asco ni miedo. Yo no me escandalizo de tus desórdenes, los conozco mejor que tú. Si me abres, haré de tus apegos y culpas un lugar de conversión y alegría serena. No tengas temor: yo mismo pongo en ti el deseo y la fuerza para reparar, empezar de nuevo y caminar conmigo en confianza.
Padre, Hijo y Espíritu Santo, Dios vivo y cercano, hoy vengo ante ti como Zaqueo, lleno de buenas intenciones mezcladas con egoísmos, prisas y miedos. Reconozco que muchas veces organizo mi vida sin preguntarte, y que me cuesta dejarte entrar en mis decisiones, afectos y bienes. Te pido la gracia de escuchar hoy tu voz que me llama por mi nombre y desea quedarse en mi casa interior. Que esta oración despierte en mí confianza filial y valentía para convertirme de verdad. María, Madre que guardas todo en el corazón, acompáñame en esta Lectio, enséñame a recibir a Jesús con la misma disponibilidad con que tú lo acogiste en tu vida.
Entró en Jericó e iba cruzando la ciudad. Había allí un hombre llamado Zaqueo, que era jefe de publicanos, y rico. Trataba de ver quién era Jesús, pero, como era bajo de estatura, no podía, pues la gente se lo impedía. Se adelantó corriendo y se subió a un sicómoro para verle, pues iba a pasar por allí. Cuando Jesús llegó a aquel sitio, alzó la vista y le dijo: Zaqueo, baja pronto; conviene que hoy me quede yo en tu casa. Se apresuró a bajar y lo recibió con alegría. Al verlo, todos murmuraban: «Ha ido a hospedarse a casa de un pecador. Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: «Señor, voy a dar la mitad de mis bienes a los pobres; y si en algo defraudé a alguien, le devolveré cuatro veces más*.» Jesús le dijo: Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también éste es hijo de Abrahán*, pues el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido.
Este pasaje se sitúa cuando Jesús va camino a Jerusalén y atraviesa Jericó, ciudad de comercio y riqueza. Allí aparece Zaqueo, jefe de publicanos y rico, símbolo de quien ha hecho del dinero su seguridad y ha dañado a otros. El texto narra un típico relato de encuentro: búsqueda curiosa de Zaqueo, iniciativa sorprendente de Jesús, murmuración de la multitud y respuesta concreta de conversión. Subirse al sicómoro expresa un deseo que se arriesga; alojar a Jesús en casa significa intimidad y amistad; restituir cuatro veces manifiesta una justicia nueva que brota del amor recibido; relato denso de pura gracia. Hoy tú también, como Zaqueo, mezclas en tu vida deseo de ver a Jesús y negociaciones interiores con tus seguridades. Tal vez tu “riqueza” sean el trabajo, la imagen, el control, los afectos, el reconocimiento o un pecado al que te has acostumbrado. Jesús pasa hoy por tu historia concreta y levanta la mirada hacia ti, exactamente donde te escondes, en tu árbol particular de evasiones y justificaciones. Te llama por tu nombre y te dice: «Baja pronto», es decir, desciende de tus autosuficiencias, deja de mirar desde lejos. Quiere alojarse en tu casa interior, entrar en tus decisiones económicas, en tus relaciones familiares, en tu modo de usar el tiempo y la energía. Si te sientes persona de familia, consagrado, joven estudiante, viudo o divorciado, esta Palabra te ofrece un camino de confianza filial: dejar que la misericordia sane, ordenar de nuevo tus bienes, pedir perdón, reparar donde sea posible. Hoy puedes decidir si te quedas en el árbol de la curiosidad o abres tu casa para que la salvación llegue también a tu nombre y a tu historia. Entonces gustarás una alegría nueva, humilde y estable dentro.
Señor Jesús, hoy me reconozco muy parecido a Zaqueo: curioso por ti, pero muchas veces escondido tras mis ocupaciones, mis miedos y mis apegos. A veces me cuesta dejarte entrar en las habitaciones más desordenadas de mi vida, especialmente donde se juegan el dinero, los afectos y mis decisiones profundas. Te agradezco porque no pasas de largo, levantas la vista hacia mí y me llamas por mi nombre, sin reproches, con confianza. Te doy gracias por todas las veces en que ya has venido a mi casa interior y la has llenado de luz y de paz. Te pido que hoy tu palabra «conviene que me quede en tu casa» resuene fuerte en mi corazón y derribe mis resistencias. Entra, Señor, en mis recuerdos heridos, en mis culpas, en mis decisiones económicas, en mi manera de mirar a los pobres, y ordénalo todo según tu Evangelio. Te ofrezco mi hogar, mi trabajo, mi comunidad y mi historia; haz de todo ello un lugar donde muchos puedan encontrarte y alabar al Padre.
Imagínate en Jericó, mezclado entre la multitud, con alguna preocupación concreta pesando en tu pecho. Ve a Jesús entrando en la ciudad, avanzando despacio, mirándolo todo con una ternura que te desconcierta. Siente el esfuerzo de subirte a tu “árbol”, ese lugar interior desde donde observas sin implicarte. Escucha a Jesús detenerse bajo ti y decirte: «Baja pronto, hoy quiero quedarme en tu casa». Nota cómo su mirada atraviesa tus máscaras y alcanza tu herida más honda. Deja que su amor te abrace, te serene y, en silencio, solo recibe su salvación gratuita muy concreta, muy personal, muy para ti.
Hoy escogeré un gesto personal sencillo: revisaré con sinceridad mis ingresos y gastos, y apartaré algo concreto para compartirlo con quien más lo necesite. En mi familia procuraré escuchar con atención, sin prisas ni pantallas, a la persona que suelo pasar por alto, tratándola como Jesús trató a Zaqueo, con mirada digna. A nivel comunitario buscaré una acción de servicio: colaborar en Cáritas, visitar a alguien solo, o apoyar una iniciativa solidaria de mi parroquia o barrio. Por la noche, en mi examen, me preguntaré ante Dios: ¿en qué momento dejé hoy que Jesús entrara más profundamente en la “casa” de mi corazón y de mis decisiones, y dónde lo seguí dejando fuera por miedo o apego que también puedo entregarle?
Por la Iglesia extendida por el mundo, para que, aun cuando no comprende del todo el misterio de la cruz, permanezca fiel al Evangelio y acompañe con cercanía a quienes sufren. Roguemos al Señor. Por los pastores y quienes ejercen alguna autoridad en la comunidad, para que no busquen honores ni éxito, sino que sirvan con humildad, siguiendo al Hijo del hombre que será entregado por nosotros. Roguemos al Señor. Por quienes viven momentos de oscuridad, enfermedad o humillación, y no logran entender el porqué de su dolor, para que descubran en la pasión de Jesús una fuente de esperanza y consuelo. Roguemos al Señor. Por los niños, adolescentes y jóvenes, para que conozcan a Jesús no solo en su gloria, sino también en su entrega en la cruz, y aprendan a ofrecer con amor sus pequeñas dificultades de cada día. Roguemos al Señor.
Gracias, Jesús, por mirarme hoy como miraste a Zaqueo y por querer quedarte en la casa de mi corazón. Te doy gracias por cada llamada a la conversión, por cada vez que has venido a buscarme cuando estaba perdido. Quiero unirme a ti rezando con confianza el Padrenuestro, seguro de que el Padre sabe mejor que yo lo que me conviene. Me consagro, junto con todo lo que soy y tengo, al Corazón Inmaculado de María, Madre que abre siempre la puerta a tu presencia. Al recordar el Avemaría, pongo bajo su manto mi historia, mis miedos y mis decisiones, para que me lleve siempre hacia ti.
CONTEXTO HISTÓRICO-LITERARIO Este relato aparece en la sección del viaje de Jesús hacia Jerusalén, donde Lucas presenta al Maestro caminando hacia su Pascua mientras busca y forma discípulos. Jericó, ciudad rica y de paso, se convierte en lugar de salvación. Zaqueo, jefe de publicanos y rico, representa a quienes han construido su identidad sobre el dinero y la injusticia, pero conservan un deseo interior de ver a Jesús. El género es un relato de encuentro y conversión, que culmina en una proclamación programática: «el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido». El destinatario originario son comunidades cristianas llamadas a acoger a pecadores concretos y a dejarse evangelizar por ellos. EXÉGESIS LINGÜÍSTICA Y SIMBÓLICA El nombre Zaqueo significa “puro, inocente”, creando un contraste irónico con su situación de pecador público. Subirse al sicómoro expresa un deseo que vence el ridículo social, pero también una forma de mirar a Jesús desde cierta distancia. La iniciativa decisiva viene de Cristo: conviene que hoy me quede en tu casa» indica una necesidad salvífica, casi una urgencia del amor de Dios. La “casa” no es solo el edificio, sino la vida entera, los vínculos, la economía, la historia. La decisión de dar la mitad a los pobres y restituir el cuádruplo muestra una conversión integral que une justicia y caridad, fe y reparación concreta. INTERPRETACIÓN PATRÍSTICA Y MAGISTERIAL Padres como san Agustín vieron en Zaqueo a la humanidad pequeña y desordenada que, sin embargo, es mirada primero por Cristo y elevada por su gracia. Otros, como san Beda, leen el árbol como la cruz desde donde Jesús se deja ver por todos. El magisterio actual recuerda que toda lectura bíblica auténtica debe conducir al encuentro personal con Cristo vivo y a la conversión del corazón, no solo a información religiosa; así lo enseña Dei Verbum al presentar la Escritura como diálogo de amistad en el que Dios sale al encuentro del ser humano. Verbum Domini propone la lectio divina precisamente para que esta Palabra se vuelva fuente de vida espiritual y de misión. La Pontificia Comisión Bíblica, en La interpretación de la Biblia en la Iglesia, insiste en unir método histórico y lectura espiritual eclesial, evitando tanto el fundamentalismo como una reducción puramente sociológica. El Papa Francisco, comentando a Zaqueo, subraya que Dios nos busca primero y que su voluntad es «buscar y salvar lo que estaba perdido. APLICACIÓN PASTORAL CONTEMPORÁNEA Hoy muchos viven “subidos al árbol” de las redes, del consumo, de la prisa, intentando ver algo de Jesús sin implicarse demasiado. El texto ilumina la pastoral con alejados, migrantes, personas heridas por usos injustos del dinero o por historias familiares rotas. Para matrimonios, jóvenes, consagrados o ancianos, Zaqueo muestra que nunca es tarde para dejarse mirar y llamar por nombre. En contextos de pobreza y corrupción, la conversión incluye necesariamente gestos de reparación y solidaridad concreta con los pobres, en línea con el llamado de la Iglesia a una caridad social efectiva. Pastoralmente, la comunidad cristiana está llamada a parecerse más a Jesús que entra en casa y se sienta a la mesa, que a la multitud que murmura y excluye. Vivida así, esta página se vuelve escuela de oración confiada, de reconciliación y de misericordia activa para nuestras comunidades.